Desde
1970, Mónica Baltodano se destacó como dirigente
del Movimiento Estudiantil Cristiano de la ciudad de León,
integrándose en 1972 al Frente Sandinista de Liberación
Nacional.
A
partir de 1974, pasa a la clandestinidad y es nombrada responsable
de la organización de redes de apoyo en Las Segovias,
especialmente en Ocotal, Condega, Somoto, Estelí y Matagalpa,
hasta que es capturada en 1977, permaneciendo detenida durante
un año.
En
1978 es responsable de la Capital e integra el Estado Mayor de
Managua, el cual dirige la insurrección en la ciudad y las
acciones de liberación de Jinotepe y Granada.
Con
el triunfo de la insurrección popular, en 1979, la Dirección
Nacional del FSLN la distingue con el título de Comandante
Guerrillera.