Praxis del Cambio Social

Un espacio de encuentro para quienes se interesan en la reflexión y la acción políticas

para el cambio social en Nicaragua

 

 

Nicaragua: Experiencias prácticas de formación de cuadros

Mónica Baltodano

Exposición para el Seminario La Política de Formación de Cuadros: elaboración tórica, experiencias y actualidad, organizado por el Movimiento de los Sin Tierra (MST), Sao Paulo, Brasil, 20-23 de enero de 2005.

 

 

     Mi agradecimiento profundo a los compañeros del Movimiento de los Sin Tierra (MST) por la oportunidad de aprender con sus dirigentes y educadores. Mi agradecimiento por el privilegio de exponer junto con los experimentados y excelentes conferencistas que participan en este seminario. Mi agradecimiento por las experiencias de lucha del MST que iluminan en el momento actual el camino de las batallas que aún quedan por librarse por la libertad, la justicia y la equidad.

I. Contexto Histórico

     Aunque muchas cosas se conocen de la Revolución Sandinista, menos se conoce de la historia de nuestro país; por ello –aunque muy brevemente– mencionaré algunos hechos que permiten una referencia del contexto histórico del desenvolvimiento de la lucha sandinista.

1. Nicaragua, un pequeño país de Centroamérica, ha sido uno de los más empobrecidos y expoliados de nuestra América. Desde su independencia de España en 1821 Nicaragua fue varias veces intervenida militarmente por las tropas norteamericanas.

2. Contrariamente a muchos países de América Latina, Nicaragua no conoció una etapa de desarrollo democrático y de fortalecimiento de sus instituciones, y su secular atraso económico propició también el atraso de su clase política.

3. Después de un intento fallido de una revolución liberal, a finales del siglo XIX, Nicaragua pasó a ser prácticamente un protectorado yanqui, administrado alternativamente por los dirigentes de los partidos tradicionales llamados liberales y conservadores.

4. En los años 20 surge una generación de patriotas que se enfrenta a la oligarquía y a los yanquis. Encabeza esta resistencia Augusto C. Sandino, General de Hombres Libres, (1927-1934) quien logra la movilización de miles de campesinos descalzos en el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Sandino lleva adelante una lucha de carácter patriótico, nacionalista y antiimperialista, que propone también importantes cambios sociales y cuestiona el régimen oligárquico prevaleciente.

5. Sandino expulsa a los invasores, pero los marines ya habían organizado un ejército títere, y formado a sus principales cuadros. El principal de ellos, Anastasio Somoza, convertido en jefe del ejército, asesina a Sandino. A partir de ello se abre un período de represión y muerte contra los dirigentes y campesinos sandinistas, junto con la implementación de un modelo de gobierno inicialmente de corte paternalista, que se transforma en una de las más feroces dictaduras de América. Este fue un largo período de represión y descenso de las luchas populares.

6. El atraso económico, la inexistencia de una clase obrera, junto con la represión, impidieron el desarrollo temprano de luchas por la democracia, y no digamos de luchas por transformaciones más radicales. Durante muchos años el rol de oposición a la dictadura fue ocupado por un viejo partido oligárquico, el Partido Conservador. El pueblo permanecía sometido a los dos partidos tradicionales. Las élites de ambos partidos pactaron numerosas veces el reparto de cuotas de poder entre ellos ignorando los intereses del pueblo.

7. Con un analfabetismo superior al 60%, y con una férrea dictadura, las ideas revolucionarias comienzan a hacerse presentes a través de literatura clandestina, de reducida circulación. Aunque se había fundado un Partido llamado Socialista en el año 1944, el economicismo, legalismo y eventualmente la cooptación por la dictadura de algunos de sus líderes, no le permiten jugar un rol de mayor relevancia.

8. Carlos Fonseca, el Fundador del Frente Sandinista ilustra esta realidad con la siguiente reflexión: “Después del asesinato de Augusto C. Sandino o lo que es lo mismo, desde la implantación del régimen somocista, durante más de veinte años, la lucha popular de Nicaragua estuvo bajo la exclusiva dirección de políticos que representan una posición capitalista. Estos políticos, por lo general titulándose conservadores, a veces titulándose liberales, llevaron al fracaso la lucha popular, paralizaron las acciones de las masas obreras y campesinas, paralizaron a todas las personas dignas y volvieron impotente al pueblo. Los métodos de acción política de estos elementos, sus tendencias a las pláticas por arriba, despreciando el combate popular por reivindicaciones sociales y revolucionarias, penetraron -incluso- al movimiento estudiantil”(1).

9. En 1956 se forma de manera independiente la primera célula marxista, en la cual se integra Carlos Fonseca como miembro del ala radical del PSN. Ese mismo año, el Patriota Rigoberto López Pérez ajusticia al Tirano. Se inicia así el proceso de ascenso de la lucha revolucionaria. El contexto internacional que se abre posteriormente en el que destaca la revolución cubana, favorece este ascenso, que se expresará en múltiples intentos organizativos y guerrilleros que conducen al nacimiento del FSLN en 1963.

II. Experiencias de Formación de Cuadros del FSLN en la lucha contra la dictadura somocista

  • Carlos Fonseca, el gran Educador y Formador del FSLN

     De origen humilde, estudioso y tenaz, redescubre a Sandino y rescata su legado. Hasta finales de la década de los años 50 y la primera mitad de los 60, la figura de Sandino había sido tergiversada por la tiranía y la oligarquía. Sandino había sido convertido por ellos en un bandolero. Carlos investiga y lee todo cuando puede sobre Sandino, rescata su memoria y lo convierte en guía para la acción revolucionaria.

  • La importancia del esfuerzo individual

La formación inicial de los cuadros –para ese entonces– fue sobretodo fruto del esfuerzo individual. Carlos, el padre fundador del FSLN es el principal ejemplo de ello. La acuciosidad, y el espíritu crítico y autodidacta de Carlos, lo hace devorar cualquier obra de corte progresista que cayera en sus manos: desde el Canto General de Pablo Neruda, a Las Viñas de Ira de John Steimbeck; desde la Enfermedad infantil del Izquierdismo en el comunismo, de Lenin, pasando por La Madre, de Gorki, la Historia de los Estados Unidos y El Manifiesto Comunista. No resulta extraño que cuando se Bachillera (1955) su tesis versa sobre “El Capital y el Trabajo”.

  • La formación de los cuadros iniciadores del FSLN esta basada en:

a) Una actitud moral. Una alta sensibilidad y actitud de repudio frente a la realidad de opresión que vive el pueblo;

b) El estudio de las ciencias sociales, de las experiencia de luchas de otros pueblos, y de las ideas marxistas;

c) El estudio acucioso de la historia nacional que conduce a una visión antiimperialista. Así forja Carlos Fonseca su propio pensamiento y emprende la formación de una concepción revolucionaria para la lucha que necesitaba Nicaragua;

d) El estudio de la historia y prácticas revolucionarias para el diseño de la estrategia.

     Usando como herramienta de análisis el marxismo conocido, Carlos Fonseca puso especial atención en recoger las enseñanzas de la práctica revolucionaria en Nicaragua, comenzando por Sandino, pero analizando también las experiencias de los años posteriores, y las de otros pueblos. Pero su objetivo no es el conocimiento en sí, sino la necesidad de formular una estrategia y una táctica. Una práctica y un programa. Estos instrumentos deben ser puestos en acción, para irlos perfeccionando a partir de la cotidiana experiencia de la lucha revolucionaria. A partir de ello, fue capaz de atraer en un lento proceso a jóvenes patriotas inquietos, que se forjaron en el combate y el estudio, hasta llegar a conformar un destacamento del Vanguardia, el Frente Sandinista, nombre que dio Carlos Fonseca al puñado de hombres y mujeres que se propusieron el derrocamiento de la dictadura por la vía armada, y la construcción de una sociedad democrática y justa.

     Ricardo Morales Avilés, profesor y psicólogo y uno de los dirigentes más estudiosos (cayó en combate en Septiembre de 1973), resumía esta filosofía diciendo: “Hay que estudiar nuestra historia y nuestras realidades como marxistas, y el marxismo como nicaragüenses”(2).

  • El destacamento de Vanguardia es un destacamento de cuadros

     En los años 60 la incorporación al FSLN era muy restringida. Cada combatiente era a la vez un cuadro, cuya misión principal era el trabajo directo con el pueblo. Cada militante debía llenar las cualidades de dirigente. Cada cuadro tiene que ser un organizador y organizador de organizadores. Pero además, debía estar atento para saber escoger de entre la multitud a los mejores, decía Carlos.

     Hay que decir que Fonseca, el principal cuadro, no se autoproclama comunista, pero expresamente su pensamiento incorpora la ciencia marxista como herramienta de análisis. Carlos rechaza el dogmatismo y la aplicación mecánica de las experiencias del socialismo soviético, a las propias realidades nicaragüenses. Propone el uso de estas herramientas para el análisis de la propia historia, de donde se debían desprender los rasgos particulares del programa, de la estrategia y las tácticas de lucha.

  • La formación es un proceso único de combate, organización, trabajo en el pueblo y reflexión

     Concebido inicialmente como un destacamento de vanguardia el Frente Sandinista dio primordial importancia a la formación de sus militantes, como un proceso único en el que se combinan el coraje y la sabiduría. Carlos resume así la formación de los cuadros. ”Alcanzaremos la Victoria si somos capaces de prepararnos para dirigir con sabiduría la lucha. Esa sabiduría podremos adquirirla si sabemos aprender. Es preciso que tomemos en serio la responsabilidad que la historia ha depositado en nuestras manos. Hemos demostrado combatividad, pero nos hace falta sabiduría. Al acostarnos debemos soñar con la Nueva Nicaragua, Tenemos que ser humildes y superar la tontería de la vanidad. Debemos ser conscientes de nuestros defectos, practicar la autocrítica. El pueblo es franco y más el pueblo de Nicaragua, y si pretendemos compartir sus anhelos debemos ser francos como él. Todos los días debemos estudiar nuestra experiencia y también la experiencia de otros pueblos hermanos. Todos los días debemos estar en contacto con nuestra realidad y con los problemas del pueblo” (3).

  • Selección de cuadros y formación para desarrollar cualidades para crecer dentro del pueblo en base al ejemplo

     Frente a ese desafío, el conjunto de cuadros que conformaban el Frente Sandinista eran cuidadosamente seleccionados de entre los mejores luchadores del pueblo. En particular se priorizaba la combatividad, la disposición a la lucha, pero se cuidaba el proceso de formación de cualidades que garantizarían el crecimiento entre el pueblo, y su incorporación a la lucha. Si el objetivo era sumar más y más nicaragüenses del pueblo a la lucha, esta suma sólo se conseguiría siendo ejemplo. “El soldado revolucionario se ganará la confianza del campesinado dándole pruebas de sinceridad y honradez porque esto es más convincente que la más ardorosa proclama” (4). El pueblo sólo nos creerá por la fuerza de nuestro ejemplo, sostenía Fonseca.

     Entre 1965-69, la insuficiencia de cuadros fue un factor que determinó importantes reveses. En esos años se realizó un importante trabajo político dentro del campesinado, y se abrieron espacios para el desarrollo de la lucha de masas contra los terratenientes, pero no existían –escribió Carlos en su obra “Nicaragua Hora Cero” (5) – cuadros “dotados de suficiente desarrollo, capacidad y decisión para organizar las luchas populares”.

  • Desarrollar capacidad para identificar lo que hay que hacer en cada momento. Saber usar el cerebro.

     Había convicción de que la lucha era larga, y que la victoria no dependería de las armas, porque “lo fundamental es la elevada moral del soldado del pueblo”(5). Era importante la valentía, pero “participar en el combate no es el último fin del soldado. Hace falta lo fundamental que es alcanzar la victoria. Ya en ésto entra en juego algo más que la valentía y es el empleo del cerebro, el empleo de los cinco sentidos que posee el hombre, que iluminan el campo de batalla y nos enseñan en qué puntos es más débil el enemigo…” “nadie en el mundo debe tomar más en cuenta la realidad, como el soldado revolucionario”(6).

  • Estar en contacto con el pueblo: cualidad fundamental

     Pero la cualidad fundamental era la del contacto permanente con el pueblo. El contacto con los problemas de la gente, la identificación con sus dolores y padecimientos, es la escuela mas apreciada de los revolucionarios. Y porque sólo el pueblo es el protagonista de su propia emancipación, la labor del cuadro militante revolucionario es la de acompañar al pueblo en la interpretación de las causas de esos problemas, en conocer el origen, los datos históricos que permitan desentrañar la raíz de la explotación, para llevar al compromiso de la acción para transformar la realidad.

  • El programa instrumento de la formación revolucionaria

     La construcción y puesta en marcha de un programa revolucionario era esencial. Carlos Fonseca demandaba “un programa que proclame sin rodeos los ideales de los grandes revolucionarios de la historia: Carlos Marx y Augusto C. Sandino. Camilo Torres y Ernesto Ché Guevara”. Denunciaba la influencia de la oposición comprometida con la clase capitalista, que ha llegado a “titubear para asimilar un pensamiento revolucionario inequívocamente radical”; y decía: “la experiencia nacional demuestra que el movimiento revolucionario debe de disponer de su propia organización, de su propia táctica, de su propio programa”(8).

     La necesidad del estudio estaba vinculada a la necesidad de darle a la insurrección armada un carácter revolucionario. “Estamos en la obligación de imprimirle a la insurrección nicaragüense un hondo contenido revolucionario, de radical cambio social. (…) en la historia contemporánea se han dado casos en que la victoria insurreccional no ha significado la victoria de la revolución proletaria”, decía Carlos.

  • La lectura y estudio como disciplina de la organización

     Pese a las dificultades que imponía la clandestinidad, se dedicaba tiempo al estudio. En células clandestinas urbanas o en las unidades de combate de la montaña, el Frente Sandinista establecía la obligación de estudiar algunos materiales dentro de los cuales se encontraban, los Estatutos, el Programa del Frente y también algunos manuales de formación marxista. En particular usamos el Materialismo Histórico de Martha Harnecker y a Luis Althuser. Pero principalmente estudiamos las experiencias de otros pueblos. La Revolución cubana, la lucha del pueblo Vietnamita, las luchas de liberación nacional de África y Asia, la revolución china. Pero en general, el acceso al estudio de la teoría marxista era una actividad individual a través de las lecturas de los militantes. Algunos cuadros provenían de las filas del Partido Socialista, en donde habían tenido acceso a la Teoría clásica marxista, También algunos que estuvieron exiliados, tuvieron oportunidad de hacer estudios mas rigurosos, en Moscú, en la Habana o en México.

     En los años 70, numerosos compañeros liberados de las cárceles mediante golpes militares audaces, viajaron a Cuba y algunos de ellos aprovecharos su estancia en ese hermano país, para estudiar a profundidad el pensamiento marxista y la experiencia de la revolución cubana.

     Frente a la subestimación del estudio, por algunos compañeros, Ricardo Morales los persuadía: “Algunos compañeros no comprenden que la preocupación por la teoría de la revolución en nuestro país, se halla ineluctablemente ligada al desarrollo de la organización revolucionaria y al incremento consecuente de su capacidad combativa.

  • La apertura y el pluralismo ideológico si bien fue favorable para conseguir la victoria en 1979, marcaron de alguna manera el rumbo del FSLN.

     En la década de los 70 se produce un doble fenómeno. Una mayor incorporación de los sectores estudiantiles, universitarios y de jóvenes de los nacientes movimientos cristianos. Ello dinamizó el trabajo amplio entre el pueblo, y alimentó la discusión y el debate sobre asuntos teóricos y sobre la táctica y la estrategia que debía seguir el FSLN. Las nuevas potencialidades y problemas internos, conducirían luego a la división del FSLN en 1975, en tres tendencias, una de las cuales incluso reclamó el carácter proletario de la vanguardia, y la importancia de la construcción del partido con perfiles leninistas. Pero otra de las tendencias, que al final predominó en la correlación de fuerzas, reivindicó la apertura del FSLN a las alianzas, y al pluralismo ideológico. La apertura y el pluralismo ideológico, si bien fue favorable para conseguir la victoria en 1979, marcaron de alguna manera el rumbo del FSLN en los años 80 y han determinado la actividad política del FSLN después de la derrota electoral de 1990. Los principales representantes de dicha tendencia, Daniel Ortega y su hermano Humberto, desestimaron la importancia de la formación político-ideológica, dándole preeminencia a la táctica, la coyuntura y los enfoques pragmáticos.

III. Los jóvenes y las Mujeres

  • Desde sus orígenes, el FSLN se nutrió especialmente de los Jóvenes. Uno de lo los muchos méritos de Carlos Fonseca es sin duda que anticipó el rol decisivo de los jóvenes en particular de los estudiantes, a estos asuntos dedicó varios de sus escritos. “Nuestros hermanos estudiantes –decía– han de tener en cuenta que el país que habitan se llama Nicaragua. En este país la inmensa mayoría de la población vive en las tinieblas del analfabetismo. Las personas que arriban a la enseñanza media y universitaria tienen que considerarse como privilegiadas. Este sector minoritario de la población que tiene acceso a la enseñanza media y superior, no puede dar la espalda a las oprimidas mayorías populares. Los jóvenes con instrucción cuentan con mayor facilidad para conocer la causa de los problemas que padece la nación (…) cuentan con mas posibilidad de estar con contacto con las ideas que explican certeramente la raíz de los problemas sociales”(9).
  • La historia demostró cuán importante era el trabajo entre los jóvenes y en particular entre los estudiantes de todos los niveles. La lucha insurreccional y la victoria sandinista del 79 no se podrían explicar sin comprender el estratégico papel que descansó en los jóvenes, y los estudiantes. Ellos fueron una cantera fructífera de militantes revolucionarios. El espíritu combativo, la generosidad con que ofrendaron sus vidas los jóvenes de la generación de los 70 queda grabada para siempre en la historia. De igual manera, son los jóvenes los protagonistas de las mas importantes tareas de la revolución en los años 80 con la campañas de alfabetización, las jornadas productivas y especialmente en la Defensa armada de la Revolución y el combate contra la agresión imperialista. Decía Carlos Fonseca: “debido a su joven edad, los estudiantes son personas cuyos espíritus no han penetrado muy hondo las mentiras y los vicios engendrados por la corrompida sociedad capitalista. Los estudiantes representan hoy el sector popular que con más dificultades se enajena al régimen capitalista dominante”(10).
  • La incorporación de mujeres en los años 60 fue esencialmente simbólica. Sin embargo en el Programa Histórico del FSLN Carlos Fonseca incorpora el compromiso de que la Revolución “abolirá la odiosa discriminación que sufren las mujeres con respecto de los hombres”. En los años 70 la incorporación de mujeres como cuadros se amplió considerablemente y en la insurrección se destacan en todas las tareas incluidas las de conducción político-militar. El FSLN propició la organización de las mujeres alrededor de sus propias demandas, pero el desarrollo de la conciencia feminista en el seno del FSLN ha sido bastante desigual. Las luchas de las mujeres al interior del FSLN por conseguir su propia proclama se desarrollaron durante la revolución, y se ampliaron después de la salida del FSLN del poder. Pero en la conducción sandinista ha predominado una lógica machista y utilitaria de la mujer que ha generado tensiones y ruptura con el movimiento amplio de mujeres.

IV. Las experiencias de formación de cuadros durante la Revolución

     La conducción de la revolución tuvo un interés desigual en la formación de los cuadros. Esto tiene que ver con su funcionamiento un tanto fragmentado, en donde cada Comandante de la Revolución atendió un área del trabajo, en el que se mezclaban las tareas del Estado Revolucionario con las labores de organización propia del partido.

  • Dado el elevado índice de analfabetismo en el país, extraordinarios combatientes y líderes populares apenas sabían leer y escribir, incluso habían analfabetos. Se establecieron escuelas especiales de superación cultural, intensivas para líderes, para cursar la primaria acelerada, y luego la secundaria acelerada. En dichas escuelas se combinaba el estudio regular con el estudio político.
  • Muchos jóvenes habíamos abandonado las universidades para marchar a la clandestinidad. Se abrieron 4 carreras universitarias para estudiar por encuentros sabatinos, destinadas principalmente a los cuadros. Fueron Ciencias Sociales, Economía, Derecho y Agricultura.
  • Se abrió una Escuela Nacional de cuadros, en las que se impartían cursos principalmente de reflexión sobre la práctica. Se priorizaba la creación de la capacidad de estudiar la propia realidad, y de ser capaces de construir diagnósticos y elaborar planes para el cambio. Esto era muy importante para el trabajo territorial y sectorial (organizaciones populares). Se trataba de que los cuadros dominaran las herramientas teóricas y prácticas para la construcción del espíritu crítico.
  • El estudio de los clásicos del marxismo no era el énfasis principal, y en ésto se dieron algunas discusiones. En particular con el debate del uso de los manuales que nos llegaban de los países socialistas.
  • El nivel cultural hacía temer que el uso de tales manuales generara un enfoque mecánico y sectario. El énfasis era instrumental.
  • Se produjeron masivamente libros de historia de nicaragua, textos sobre Sandino, del pensamiento de Carlos Fonseca, Ricardo Morales Avilés, y hasta se llegaron a editar textos como Teoría y Practica Revolucionarias en Nicaragua: curso breve de marxismo producido por un “equipo interdisciplinario latinoamericano de expertos en marxismo, coordinado por el filósofo y sociólogo Otto Maduro”.
  • También se hizo énfasis en la organización de debates. Se contó con la presencia de Martha Harnecker y Amadeo Vasconi, entre otros muchos. Se elaboraron materiales para el estudio, que partían del análisis de la propia historia.
  • Muchos cuadros del más alto nivel también pudieron recibir cursos más completos de marxismo en países socialistas, en especial Alemania Democrática, Cuba, URSS y Bulgaria. También innumerables jóvenes pudieron viajar a estudios formales y carreras universitarias estos países.
  • Se creó una brigada especial de formación que llamamos Omar Torrijos, en la que dirigentes de todos los niveles y sectores sociales realizaban un proceso de educación y contacto directo con el campesinado en zonas de confrontación militar, a fin de forjar cualidades en el riesgo y la adversidad.
  • Las organizaciones populares también crearon sus centros de formación especializados como sindicalismo, organización comunitaria, etc.
  • En las células de base sandinistas se priorizaba el análisis de la coyuntura y el estudio de los discursos de los dirigentes. Era indispensable la práctica de la crítica y la autocrítica como mecanismo de superación de las fallas y errores, el ejemplo revolucionario, la abnegación y el sacrificio para la lucha y las tareas.

V. La Derrota electoral y el FSLN frente a la restauración y el neoliberalismo

     La derrota electoral del año 1990, coincide como es sabido con un proceso mundial de reflujo de las ideas y procesos revolucionarios, que tuvo como elemento emblemático la caída del muro de Berlín. La derrota electoral fue asumida por los cuadros y militantes sandinistas con distintos niveles de comprensión. A riesgo de simplificar las posiciones, diríamos que para unos la derrota significó el aniquilamiento de las posibilidades de construir una sociedad mas justa, el fin de la Utopía, y por tanto a partir de ella se inició un recorrido de “ajustes a la realidad”, que para algunos ha llegado a convertirse en claudicación. Para otros la derrota fue un revés en el camino de la lucha, pero si bien fue estratégico no significó el cierre de las esperanzas o el fin de la utopía ni el fin de las luchas por la construcción del otro mundo posible, que algunos seguimos llamando socialista.

     Consecuente con estas dos concepciones, que de ninguna manera se presentan en estado puro, a lo largo de estos quince años se abrió un proceso plagado de contradicciones que apretadamente presentan lo siguientes grandes rasgos:

  • Después de la derrota, durante algunos años la mayor parte del sandinismo se propuso resistir el proceso de restauración del régimen oligárquico y burgués. Sin embargo, esta propuesta no fue expresada en un programa, en una estrategia y tácticas a seguir. El enfrentamiento de las complejas coyunturas impuso la lógica de priorizar las tareas inmediatas y con ello se sustituyó la urgente necesidad de crear una nueva visión estratégica. Al pasar de los años, en la práctica, los objetivos inicialmente proclamados fueron diluyéndose. Como recién ha escrito Humberto Ortega, del “radicalismo” pasamos al “realismo político”.
  • Aún así en los primeros años del 90 se realizaron importantes luchas populares de resistencia frente al desmontaje de los logros sociales y las transformaciones alcanzadas por la revolución.
  • En esas circunstancias, la conducción del sandinismo, que nunca previó la posibilidad de la derrota electoral, dio particular importancia a la preservación de las instituciones armadas nacidas de la revolución.
  • La defensa de la propiedad, tierras y fábricas entregadas apresuradamente a campesinos, trabajadores y cooperativistas, adquirió relevancia, pero lamentablemente con ello también se encubrió la apropiación indebida y privada de medios y bienes que hicieron algunos dirigentes sandinistas. La denominada “piñata” debilitó la hasta entonces indiscutida fuerza moral y ética del sandinismo en su conjunto.
  • No pocos dirigentes del más alto nivel, abandonaron la lucha, la dirección histórica desapareció, algunos incluso se marcharon definitivamente del FSLN. Daniel Ortega que se mantuvo a la cabeza del partido fue convirtiéndose en el principal y casi único representante del FSLN y el negociador de todas estas luchas. Debilitada la conducción política colectiva, el movimiento social que no estaba en capacidad de representarse a sí mismo, carente de autonomía y personalidad política propia, terminó siendo mediatizado por los intereses políticos del partido, ahora penetrados por los intereses económicos del emergente ”grupo económico sandinista”. Con ello se fue debilitando la beligerancia de la lucha popular.
  • Durante todos estos últimos años, los comités de base, los procesos de formación y educación política llegaron a ser totalmente descuidados hasta el abandono. En los últimos años se ha carecido de formación política y las bases no cuentan ni siquiera con información alternativa propia sobre los problemas del país y del mundo. No obstante, hay que reconocer los méritos de unos pocos cuadros de las estructuras del FSLN que han realizado por su cuenta esfuerzos meritorios.
  • Frente al empuje del proceso de restauración conservadora y capitalista, las organizaciones populares llevaron a cabo luchas en función de las necesidades de carácter eminentemente político. Las luchas reivindicativas pasaron a ser directamente dictadas por esos intereses y no como resultado de la propia dinámica de los sectores sociales. Eso incluyó la tendencia a pasar rápidamente a la confrontación y la resistencia con métodos violentos, quemando las posibilidades de masificar las luchas, que se convertían rápidamente en confrontaciones de grupos políticamente disciplinados pero minoritarios.
  • En el año 1997 la lucha popular aparece en su máximo nivel de agotamiento. Desaparecida la dirección colectiva y convertido Daniel Ortega en el jefe único del FSLN, este decidió modificar la táctica de resistencia por la política de pactos y componendas con el entonces presidente Arnoldo Alemán, quien ya había mostrado su condición de político corrupto en la Alcaldía de la capital.
  • Las bases del FSLN desprovistas de información adecuada, de ausencia de educación y debate político, desprovista del instrumental ideológico para enfrentar las nuevas condiciones, la desaparición de la vida colectiva del partido y frente a la deserción de una parte de los dirigentes y cuadros históricos, termina asumiendo como único liderazgo el del secretario general. De ahí quizás las causas mas inmediatas del llamado caudillismo.
  • A partir de entonces, las decisiones políticas descansan fundamentalmente en los criterios del secretario general y la influencia preponderante del empresariado sandinista. La restauración de la democracia liberal, trajo también consigo la designación de aquellos que ocuparían los centenares de cargos institucionales bien remunerados acompañados de sus respectivos privilegios, que rápidamente fueron puestos a la orden de los principales cuadros diligénciales de los movimientos sociales, debilitándose con ello aun mas la capacidad de resistencia y de lucha del movimiento popular.
  • Las nuevas decisiones políticas orientaron la acción del FSLN a la lucha electoral, a la defensa y preservación de los espacios de poder que se derivan de la lucha y resultados electorales. Ha sido un cambio dramático de orientación para el que no estaba ni preparado ni diseñado el FSLN. De Sandino todos cantábamos que el nunca quiso ser presidente, ahora aprendimos a cantar que nuestro máximo dirigente debería ser presidente. De Sandino enseñábamos al pueblo “que aquel que de su patria no reclama ni un pedazo de tierra para su sepultura merecía ser creído“, ahora comenzamos a enseñar que era legítimo y necesario compartir la dirección estratégica del FSLN con los nuevos empresarios sandinistas.
  • La desmovilización del movimiento popular, la inexistencia de una real estrategia de resistencia frente al neoliberalismo, en la práctica condujeron a la implantación sin resistencia alguna del modelo neoliberal, las privatizaciones desmantelaron los acumulados del estado durante la revolución y las nuevas leyes del mercado, respaldadas ahora desde el parlamente, terminaron por esa vía de confiscar los bienes de obreros y campesinos.
  • La lógica privilegiada de la dirigencia actual del FSLN es el control de espacios de poder; lo difícil es entender cómo ello se articula con las necesidades de la gente. Resulta difícil no ocultar la gran diferencia existente entre un discurso de izquierda, –incluso antiimperialista– y la ausencia de resistencia al avance neoliberal. Ahora, según parece, todo depende y dependerá no de la lucha popular sino exclusivamente de los próximos resultados electorales.
  • Sería faltar a la verdad e injusto no enfatizar que miles de sandinistas, alejados de las estructuras, militan en la causa del pueblo a través de organizaciones populares, o en la acción social. Que miles de sandinistas que forman parte de la estructura orgánica, que ocupan cargos en los municipios y departamentos del país. Que muchos otros que ocupan cargos públicos, como Alcaldes, concejales, incluso como diputados siguen siendo leales a los ideales de Carlos y aspirando con un mundo distinto. Sus sinceros esfuerzos sin embargo se opacan por la cuestionable política oficial del partido. Esta fuerza sandinista, sigue siendo la cantera estratégica de las nuevas luchas.

Conclusión

     Los dirigentes fundadores y forjadores del Frente Sandinista en la etapa de la lucha contra la dictadura somocista, nos enseñaron con su ejemplo, que no bastaba el coraje y la lucha de las armas, porque los militantes revolucionarios también debíamos llenar las siguientes exigencias:

1. Amor por el pueblo, es decir, desarrollar la capacidad de sentir y compartir los sufrimientos del pueblo.

2. Ser capaces de forjar una nueva ética. La conducta personal del militante debe ser ejemplar. Su mejor argumento para persuadir al pueblo tiene que ser la fuerza de su ejemplaridad, su franqueza, su humildad, la ausencia de vanidad y la capacidad de reconocer sus errores.

3. La valentía y la audacia no son suficientes. Necesita apropiarse la sabiduría. El militante tiene que dedicar parte de su tiempo al estudio. No puede enseñar ni aprender del pueblo si no se capacita. Tiene que estar dotado de una visión critica del mundo y ser un conocedor de la historia de su propio pueblo. Estar atento además a aprender de las luchas de los otros pueblos del mundo.

4. El militante debe ser un organizador y saber distinguir de entre la multitud a los mejores.

5. La disciplina y lealtad con la causa deben acompañarle siempre y su capacidad de sacrificio sin límites.

     Con orgullo podemos decir que el Frente Sandinista de Carlos Fonseca, de nuestros héroes y mártires, con dedicación y con su propio ejemplo, forjaron estas virtudes y capacidades en la militancia sandinista histórica. Esa fue la vanguardia que convenció a todo el pueblo a marchar a la insurrección para poner fin a la dictadura somocista.

     Sin duda hoy estamos en deuda con nosotros mismos, con nuestro pueblo y con quienes nos brindaron toda su solidaridad. Con franqueza y humildad tenemos que reconocer que en nuestra organización la hegemonía de estos valores y conductas se ha debilitado. No logramos construir en estos últimos años la fuerza subjetiva suficiente para neutralizar y contener el tsunami de los valores del mercado y la fuerza de la ideología neoliberal.

     Quiero expresamente señalar que seguramente la ausencia de trabajo educativo entre la juventud sea una de nuestras fallas sustantivas. Quizás ello explique en parte el hecho que en la actualidad, la inmensa mayoría de jóvenes no solo no sabe casi nada de Sandino o de la dictadura, sino que ni siquiera conocen aspectos básicos de la historia nacional.

     Hoy nos hace falta reconstruir ese paradigma debilitado. Reconstruir entre los seres humanos de nuestra sociedad, los valores de honradez, dignidad, sentido de la responsabilidad, solidaridad, amor al trabajo, iniciados por la revolución. Pero estamos llenos de optimismo y tenemos confianza que la semilla sembrada por los mejores hijos de nuestra patria y de nuestro Frente Sandinista está viva, que aprenderemos de nuestros errores y que un nuevo resurgimiento está en curso, en esta inevitable marcha hacia la victoria sobre el capital y su injusta sociedad.