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Los
Movimientos Sociales y la Globalización
Mónica
Baltodano
[Exposición
ante el Tercer Seminario: «Los Desafíos de los Movimientos Sociales
y ONG en el Contexto de la Globalización», organizado por la
Federación de Organismos No Gubernamentales (FONG). Managua, Nicaragua,
29-30 de abril de 2004]. |
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La Federación de
Organismos No Gubernamentales me solicitó presentar una ponencia sobre
los Movimientos Sociales y la Globalización.
1.
¿Globalización o imperialismo? |
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Comencé por preguntarme,
¿de qué globalización hablar? Porque en los últimos tiempos
es frecuente el uso del término, para referirse a la realidad desde distintas
perspectivas históricas, ideológicas e intereses de clase.
Hablan de globalización
Fidel Castro y Bush. Los indígenas combativos de Bolivia y Ecuador
y los capos de las grandes transnacionales que se reúnen en Davos o, más
discretamente, en el selecto Club de Londres. Hablan de globalización
los magnates, como Bill Gates, y dirigentes campesinos, como Bové,
al estrellar su tractor contra la transnacional MacDonald, en Francia,
para protestar por la desgravación a las importaciones de carne norteamericana.
Entonces, ¿de qué globalización
estaríamos hablando? ¿Aquella que, según los “teólogos” del neoliberalismo,
expresa una nueva etapa de la humanidad, en la que el capital circula
libremente en todo el globo, para buscar en dónde realizar la máxima ganancia,
“etapa superior”, en la que todos seremos culturalmente homogeneizados,
estandarizados, como Darío denunció proféticamente?:
«¿Seremos
entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos
millones de hombre hablaremos inglés?»
O bien, me
dije, tomo el enfoque encantador de un Anthony Guiddens, quien
desde el laborismo inglés nos explica que la globalización, es sencillamente
“la intensificación de las relaciones sociales en todo el mundo, por la
que se enlazan lugares lejanos, de tal manera que los acontecimientos
locales están configurados por acontecimientos que ocurren a muchos kilómetros
de distancia, o viceversa” (Mellón, J. A., 2002:81).
Podríamos
optar por el enfoque liberal. Para ellos ahora vivimos simplemente bajo
el reino del mercado y la democracia. “Mercados abiertos y democracia”,
reitera Bush, y repiten a coro Bolaños y sus tecnócratas, para quienes
lo único que sucede es que de manera “natural” el Estado, la sociedad
y su sociedad civil transitan también de manera natural por un simple
y necesario proceso de ajuste, y lo único que nos hace falta es tiempo
y paciencia, pues “vamos por el buen camino”, según dicen.
O también podríamos
asumir las elocuentes explicaciones post-modernas de tal suerte que lo
esencial es comprender que ya no vivimos en las ciudades industriales
de la primera mitad del siglo XX, sino en la sociedad “financiera”, que
ésta ya no tiene centro ni puesto de mando, que ya no tiene rostro, ni
jefes y que por lo tanto tampoco tiene responsables. Que la sociedad que
compartimos ahora, es básicamente “la internacionalización de los mercados
financieros, del comercio de bienes y servicios, que ha creado ya un espacio
de competencia internacional, que se extiende por todo el globo”.
O mejor aún, sencillamente
nos podríamos conformar con un Fukuyama, para quien lo que ha ocurrido
es: “la inquebrantable victoria del liberalismo económico y político”
y que nos encontramos ––para él desde hace cincuenta
años–– “en el último paso de la evolución ideológica
de la humanidad”.
El término globalización usado en estos últimos años por moros
y cristianos, por amos y esclavos, tiene seguramente una enorme ventaja.
Todos creemos, o por lo menos damos la impresión, o nos quieren dar la
impresión, de que nos estamos refiriendo a la misma cosa.
Entonces
pensé, ¿no sería mejor hablar de imperialismo , para que quede
más claro que estamos hablando de la mundialización e imposición del modelo
capitalista, ahora bajo su forma neoliberal? Porque ¿es o no verdad que
este imperialismo tiene como su centro de mando unos cuantos Estados,
quienes usan su poder económico, político, mediático, propagandístico,
y, últimamente, sobre todo militar, para imponerse a otros Estados? ¿No
será mejor hablar de la dinámica de nuestras sociedades sometidas a los
impulsos de ese poderío?
¿No será mejor hablar del afán de dominación del mundo, por un conjunto
de naciones? ¿No será mejor hablar de Imperialismo norteamericano, japonés,
británico, etc., para señalar que desde ahí se organizan las medidas de
protección de los intereses de las grandes corporaciones, la propagación
y defensa de sus intereses comunes, la conquista de nuevos mercados, la
recolonización de naciones enteras; relaciones de dominación que luego
se imponen a nuestros países por múltiples rutas, siendo la más conocida
por nuestra gente el de las “condicionalidades” de los programas del FMI
y del BM?
¿No resultaría dicha categoría más exacta para explicar por qué desde
esos Estados se organizan las invasiones y las guerras contra otros Estados,
como la de Afganistán, Irak, Haití, e intervenciones solapadas a procesos
como el de Venezuela, el bloqueo a Cuba, el apoyo a fuerzas represivas
como las de Colombia y el aplastamiento del pueblo palestino? ¿No nos
permitirá, acaso, entender mejor la denuncia del unilateralismo y el peligroso
debilitamiento de Naciones Unidas y del Orden Jurídico Internacional?
Desde esta perspectiva comprometida se vuelve más comprensible que “el
85 % de las multinacionales, empresas y bancos están en manos de Estados
Unidos y Europa, y que entre las 50 empresas más grandes del mundo dos
tercios son norteamericanas”. Nos permite entender por qué Estados Unidos
tiene hoy tropas en 180 países y bases militares en 120 naciones del planeta?
(Petras, J., Marzo, 2004).
Estas breves referencias, espero sugieran que no se trata de un asunto
semántico, y mucho menos rechazar las bondades del término globalización
, o la globalización misma como producto del progreso humano. Lo
que quiero indicar es que el concepto imperialismo , nos permite
mayor transparencia en la lectura de la realidad, incluso la actual. Aún
y cuando estoy plenamente consciente, de los deliberados prejuicios que
sobre este enfoque, propagan y estimulan en particular, quienes están
interesados en obnubilarla.
Por otra parte dicho enfoque permite también indicar el carácter y la
dirección de la Resistencia y lucha, nuevamente librada por una parte
de la humanidad, y que explica ––en buena medida––
la naturaleza de la acción y no pocas de las nuevas modalidades
de los movimientos sociales. |
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2. Acercamiento conceptual sobre
los movimientos sociales. |
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Un segundo momento de mi reflexión consistió, por lo tanto, en el análisis
de la categoría MOVIMIENTOS SOCIALES , y a quienes
deberíamos realmente entender como tales. Al acercarme a la búsqueda de
una definición de los mismos, me encontré con esta sugestiva cita:
“En sociología, hay numerosas definiciones y teorías sobre los movimientos
sociales. (...) En muchos aspectos, todos nos parecemos un poco a los
seis famosos ciegos hindúes en la parábola clásica. Cada uno de ellos
colocaba su mano en una parte diferente del elefante y en consecuencia
describía un animal distinto” ( Gusfield, J., 1994).
También en relación a los movimientos sociales tenemos que delimitar de
qué estamos hablando. Conscientes, al acercarnos a una definición, de
su límite referencial y que, además, no pretendemos describir con exactitud
un fenómeno que tiene sus especificidades en relación a la diversidad
del espacio donde actúan, y al tiempo en que actúan, que determina su
origen, evolución y desarrollo; tiempo y espacio, del que se desprenden
la naturaleza de sus demandas, sus formas y métodos de actuación, y las
distintas banderas que levantan.
Los movimientos sociales, como forma de acción colectiva, se han construido
y desconstruido a lo largo de la historia, en particular de la historia
moderna, como expresión del conflicto siempre presente entre el sistema
dominante y aquellos a quienes domina. Expresan el desarrollo de la conciencia
colectiva de grupos, sectores, cuerpos sociales. Los movimientos sociales,
coinciden todos los enfoques, son expresión de la necesidad de explicitar
el conflicto.
Pero estos cuerpos sociales devienen en movimiento social, únicamente
cuando son capaces de construir identidades, imaginarse una situación
distinta y actuar rompiendo los límites impuestos por el sistema
dominante, para conseguir cambios sociales.
En gran parte del siglo XX los movimientos sociales analizados desde la
perspectiva marxista, se ubicaban como expresión de los conflictos
de clase, su accionar y sus luchas, como parte de la confrontación con
el sistema, sin embargo, su acción se subordinaba en gran medida a las
líneas de los sujetos preferenciales del cambio (partidos y sindicatos),
y la acción política tenía una dirección casi única, la lucha por conquistar
el poder. El sistema sólo podría ser cambiado cuando se lograra la
toma del poder, para transformar de raíz ese sistema y construir
uno, en el que las reivindicaciones de los sectores, habrían de ser definitivamente
conquistadas y resueltas.
Con el surgimiento de los nuevos movimientos sociales de los años 60-70
(ecologistas, feministas, pacifistas, movimientos gay, movimientos por
los derechos de los negros, por los derechos humanos, etc.), se emprende
el cuestionamiento del enfoque ideológico, y se desarrolla una visión
que se ha dado en llamar “post-modernismo”, que reivindica el fin de las
ideologías, y explica el surgimiento de estos nuevos movimientos sociales
en oposición a los enfoques ideológicos, como reivindicando la posibilidad
de hacer cambios, hacer transformaciones, particularmente en las
esferas cultural y jurídico-política, a partir de la acción generalmente
pacífica de aquellos.
No pueden ser negados los cambios y los avances que estos movimientos
consiguieron en materia de derechos, particularmente las mujeres, o cambios
culturales importantes, alrededor de la protección del medio ambiente,
por ejemplo, o la lucha contra la violencia doméstica, los derechos civiles
y humanos, en general.
Será a mediados de los años 90, cuando asistimos a la explosión de nuevos
movimientos sociales y a la paulatina transformación de aquellos de los
años 60-70, pues, en las nuevas condiciones, expresan otro nivel de los
conflictos y, por supuesto, innovadoras y novedosas formas de acción política.
Dentro de la sociología moderna, connotados teóricos de los nuevos movimientos
sociales, representativos de las corrientes de opinión que se mueven sobre
este tema (Alain Touraine y Alberto Melucci, entre otros), nos permiten
acercarnos a una demarcación. Estas últimas definiciones, a las que haré
referencia, obedecen al estudio más directo de los actuales movimientos
sociales, así:
Un movimiento social es una forma de acción colectiva
que apela a la solidaridad (Melucci), lo que sugiere
que tenga capacidad para compartir una acción colectiva. Sus miembros
se reconocen unos a otros como similares, como actores que tienen
los mismos problemas, porque pertenecen a un determinado segmento
social.
Por otra parte, un movimiento social hace evidente
un conflicto social . Los movimientos sociales por lo tanto
son cuestionadores de una forma de dominación social; y por último:
Un movimiento social rompe los límites
del sistema en que se producen.
De tal forma que los movimientos sociales se construyen en relación
(o en contraposición) al ámbito de lo político en donde se expresa la
correlación de fuerzas sociales, la hegemonía, o dominación. Su objeto
es modificar esa realidad, y puede plantearlo desde una perspectiva estructural,
integral o desde una perspectiva coyuntural (Zemelman, 1989).
Los movimientos sociales son, pues, sujetos activos en una realidad
social determinada. Pero su constitución no es sólo el resultado
de esa realidad determinada, sino que requieren además, como condición,
la construcción de una voluntad colectiva, es decir una direccionalidad
racional. La definición concreta de un fin hacia el cual se
orientarán las acciones del colectivo. De tal suerte que, para identificarlos
plenamente, hay que descubrir el vínculo que unifica, que permite la construcción
de identidad colectiva.
En este sentido, los movimientos pueden tener distinta extensión en el
tiempo. Pueden emerger y desaparecer, no solo porque se estructuran para
una coyuntura determinada (una consulta popular, por ejemplo, un
plebiscito, oposición a un acto de privatización, etc.), sino porque aunque
se planteen objetivos a más largo plazo no logren la construcción de una
sólida identidad colectiva.
También pueden actuar en un espacio pequeño, un barrio, un municipio,
o llegan a actuar a nivel nacional, regional e incluso mundial. Y dependiendo
de sus objetivos pueden ser cuestionadores del sistema, estructuralmente
hablando, o de alguna de sus partes.
El primer paso de la constitución es el diagnóstico y la denuncia del
problema. Pueden desarrollarse iniciativas para solucionar dicho problema,
pero para que sea un verdadero movimiento social debe existir acción
colectiva para el cambio social.
Estas precisiones, permiten diferenciar a la multiplicidad de organizaciones,
redes, grupos de interés, y asociaciones, algunas de las cuales tienen
puntos en común con el movimiento social, pero se distancian en que no
proponen cambio social.
Lo anterior nos sugiere que no debemos confundir entonces cualquier organización
o entidad ciudadana, clubes, comités, ONG, con el Movimiento Social. Además,
existen corrientes sociales, que tampoco son movimiento social, en tanto
no tienen dimensión organizacional o intencional: “los movimientos sociales
tienen conciencia clara de sí”, dice Touraine.
Por otra parte, los movimientos sociales en términos genéricos son parte
de la sociedad civil, pues es un sector autonomizado, separado del ESTADO,
por oposición forman parte del cuerpo diferenciado de la clase política.
Pero el movimiento social actúa en contraposición al Estado, específicamente
por cambios sociales . El movimiento social es sociedad civil,
pero actuando por cambios sociales, y arrancándolos, construyéndolos,
a partir de la ruptura de los límites del sistema. El
movimiento social pertenece a la “sociedad civil de abajo”, como diría
Francois Houtart.
Es muy importante también destacar que no es una realidad inmóvil, que
grupos, redes y asociaciones, de acuerdo a la evolución de sus
compromisos, pueden convertirse en movimiento social, y por el contrario,
que organizaciones otrora movimiento social, pueden asimilarse al sistema
y terminar siendo otra cosa.
Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con formidables movimientos sociales
cuyos dirigentes han sido cooptados por gobiernos y se han convertido
en “colaboradores” del sistema, o de movimientos que, como ha señalado
Sofía Montenegro, por medio de la cooperación externa se han oenegeizados,
a veces por necesidad del sostenimiento económico de sus burocracias,
terminando por reducir su accionar al proyectismo , y no ya a
explicitar un conflicto y para luchar por los cambios sociales. |
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3. Mutaciones en los tradicionales
sujetos del cambio. |
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En nuestro caso, me parece que el análisis actual de los movimientos sociales
tenemos que hacerlo tomando como referencia los movimientos más representativos,
activos y beligerantes que conocemos en nuestra América, e inevitablemente
contrastarlos con la desmovilización de movimientos que jugaron un rol
de cambio en el pasado reciente.
En la mayor parte de América Latina y el mundo, se ubican los años 80
e inicios de los 90 como una década de desmovilización social, caracterizada
por la hegemonía y el predominio de la lógica neoliberal, y el dominio
del llamado “pensamiento único”.
De esta lógica no escapan la mayoría de los partidos políticos de izquierda,
vanguardias y sindicatos, que hasta entonces aparecían como los sujetos
propulsores del cambio.
En efecto, el impacto del derrumbe del “socialismo real”, la crisis de
los paradigmas tradicionales, la propaganda y la emergente hegemonía cultural
del neoliberalismo, la claudicación de una buena parte de la intelectualidad
progresista y los efectos materiales desestructurantes de esas políticas,
terminaron por configurar un escenario, en el que las luchas sociales
pasaron a ser consideradas como “acciones desestabilizadoras que afectan
la posibilidad del desarrollo que al final va a beneficiar a todos”. Las
ilusiones y promesas de la nueva era, debilitaron temporalmente el movimiento
social.
Las mutaciones en la estructura de producción, el traslado creciente de
la generación de la ganancia de manera predominante a la esfera financiera
y de manera especial en la especulación de los capitales, provoca una
reducción en el tamaño de la clase obrera industrial, la que ha su vez
ha implicado la reducción de obreros sindicalizados, y con ello asistimos
al debilitamientos de las grandes organizaciones sindicales, disminuyéndose
el rol de “la clase”, otrora sujeto preferencial del cambio.
No pocos coinciden en que, en muchos países, el tránsito de una economía
productora de bienes dominada por el sector industrial a una productora
de servicios dominada por el sector terciario; que los cambios de la nueva
distribución ocupacional, la emergencia del trabajo informal, el declive
y crisis de la agricultura, la desvalorización de los medios productivos,
la revalorización de la información, la tecnología y el conocimiento,
trastocaron los referentes subjetivos y objetivos que habían constituido
el basamento del movimiento social en muchas partes. Ello no sólo debilitó
la fuerza social tradicional, peor aún, dejó a los dirigentes tradicionales
con las siglas históricas, pero sin base social beligerante.
Dice James Petras (Marzo, 2004) que “en las marchas convocadas en Brasil,
por Los Sin Tierra (MST) aparecen sólo dos mil funcionarios de
la CUT (Central Única de Trabajadores), cuando esta central obrera tiene
15 millones de afiliados. No tienen poder de convocatoria, son un gigante
con pies de barro. (...) En Argentina, en los levantamientos de Diciembre
de 2001, Víctor De Gennaro (máximo dirigente de la Central de Trabajadores
de Argentina, CTA) estaba “haciendo consultas... para ver si era o no
legítimo comprometer el sindicato. Están inmovilizados, mientras otros
se mueven”, concluye Petras.
Si bien esta desmovilización se puede explicar en parte por factores objetivos,
no es menos cierto que también se produjo una verdadera colonización a
nivel intelectual y el desmontaje de los paradigmas que hasta entonces
habían guiado a los sujetos sociales del cambio.
La inmovilidad de algunos sindicatos y organizaciones históricamente beligerantes,
opera también, por la lógica de la secular dependencia y subordinación
a los partidos políticos, en particular de izquierda, huérfanos ahora
de proyecto histórico y atrincherados en la resignación del pragmatismo.
A contrario sensus , resulta indicativo el ejemplo de la permanente
movilización de los sindicatos venezolanos contra Chávez. ¡Allí no están
desmovilizados!
Hay que decir con toda claridad y honestidad que no todo es culpa ni atribuible
al neoliberalismo. Hoy resulta incuestionable, observando el accionar
y la práctica cotidiana de no pocas organizaciones sindicales y partidos
de izquierda, que la reducción de la acción política al ámbito de las
negociaciones, a la política parlamentaria, al electoralismo y la privilegiada
búsqueda de espacios de poder institucional, no sólo han hundido en la
claudicación a otrora dirigencias revolucionarias sino que arrastran consigo
a los dirigentes de las organizaciones populares y sociales. Para éstos
últimos, abundaron y abundan en muchos casos la asignación de butacas
en parlamentos, consejos, ministerios y candidaturas de toda suerte. Y
lo más dramático, éstos últimos, se niegan a ceder sus responsabilidades
en el movimiento social a los cuadros que realmente permanecen
comprometidos en él.
Por otra parte, no puede desconocerse el peso de la mentalidad tradicional.
Según Manuel Antonio Garretón (Septiembre, 2003): “La dificultad de alcanzar
la autonomía de las antiguas expresiones del movimiento social, en especial
los sindicatos, es que va en contra de su historia y memoria colectiva”.
Pero, felizmente estas reglas también tienen sus excepciones. Un dirigente
del MST me comentaba en Brasil, el año pasado, que con la victoria de
Lula, algunos dirigentes del movimiento ganaron diputaciones. El movimiento
les sustituyó en sus responsabilidades, para que no contaminen ni mediaticen
las luchas. “Siguen siendo amigos, militantes del MST, pero no pueden
tener rol de dirigentes”, me decían. |
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4. La emergencia de nuevos movimientos
sociales, el MST. |
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Las mutaciones operadas en los tradicionales sujetos de cambio contrastan
con la emergencia y características que despliegan, en las nuevas realidades,
los movimientos sociales.
Se ha constituido en un objeto de estudio desde distintas visiones, uno
de los movimientos más emblemáticos de finales del siglo XX: el Movimiento
de los Sin Tierra (MST), cuya fundación oficial se produjo
en 1984, pero cuya conformación fue resultado de un largo proceso que
se inició con las tomas de tierra de un pequeño lugar y que fue adquiriendo
paulatinamente las dimensiones de un formidable movimiento en un inmenso
país: Brasil.
Se destaca el cuidadoso proceso de construcción de identidad a través
de la concientización y organización, el desarrollo de sus propias formas
de relación, su autonomía frente a los partidos políticos y la esmerada
atención que dedican a la labor de formación política.
Las prácticas de los Sin Tierra los ha convertido en un verdadero
“laboratorio social”, donde se experimentan novedosas formas de articulación,
relación, luchas y la conquista de cambios sociales, a partir de una reivindicación
urgente para millones de campesinos brasileños: tierra, financiamiento,
asistencia técnica y atención a los problemas sociales campesinos.
Los Sin Tierra se convierten en un referente obligado, cuando
hablamos de los movimientos sociales. Efectivamente, ellos son una formidable
acción colectiva, fundada en la solidaridad. La solidaridad y el colectivismo
se ha convertido en forma de vida entre sus militantes (así se autollaman:
“militantes” ): desarrollan el trabajo de forma colectiva,
se dirigen colectivamente, luchan porque no se personalice la dirección
del movimiento.
Expresan y explicitan el conflicto social, teniendo como centro “la democratización
de la tierra”. El conflicto es tan evidente que ha dado lugar a represión
y violencia, y decenas de muertos. El conflicto lo plantean no sólo a
nivel político sino también a nivel cultural. Están tratando de cambiar
la manera como la sociedad brasilera analiza el conflicto que ellos explicitan.
Y lo han ido consiguiendo. Al principio de la lucha tenían un amplio rechazo
en la población. Ahora, la sociedad respalda su lucha y sus métodos: las
tomas de tierra, las marchas, plantones, etc. En una encuesta del año
2000, el 80% de la población se manifestó a favor de sus luchas.
Este fenómeno de conquista de legitimidad y ampliación de sus bases, es
explicado como una característica moderna de los movimientos sociales
a los que se les aplica la categoría de “ reflexivos ”.
Dice Gusfield (1994) que: “dichos movimientos que introducen una
controversia respecto de un estado de cosas, cuya legitimidad y sentido
normativo se daba por hecho antes que surgiese el movimiento, lo cual
ya no sucede después (...) vuelven controvertido un aspecto de la realidad
que fue previamente aceptado (que no tuvieran tierra los campesinos era
triste pero « normal » ).
Pero mediante su acción y su trabajo hacen reflexionar a la sociedad.
Un problema que se veía antes como una situación natural, desgraciada,
puede ser visto como una situación injusta que se puede cambiar y que
se tiene que cambiar por toda la sociedad”.
El MST busca el cambio social. Lo expresa claramente y lo ratifica con
sus acciones, con el montaje de su sistema de trabajo permanente, que
afianza cada día la identidad colectiva, no sólo alrededor de la tierra
sino de la necesidad del cambio estructural. Por ello, el MST ha llegado
a formular colectivamente la vocación de construcción de otro tipo de
sociedad, y se declaran abiertamente socialistas. Sus militantes lo asumen
permanentemente en sus discursos, lo tienen interiorizado.
La diferencia con los sujetos tradicionales es que no apuestan todo a
la toma del poder, para hacer luego los cambios, sino que consideran que
los cambios deben hacerse “aquí y ahora” , y el movimiento
por la tierra no es más que el inicio de un proceso del cambio social
integral.
Otra característica a destacar es que ellos no se consideran un modelo
que debe ser seguido o copiado. Sus experiencias no pretenden universalizarlas
como nueva construcción teórica, o recetas para todos los males, incluso
para el mismo Brasil. Como ellos mismo dicen: “no debemos tomar decisiones
por todos, hay que crear espacios en donde la opinión de los diferentes
actores campesinos aporte al debate y, en el diálogo común se definan
los caminos. No aceptamos la idea de que un movimiento tiene que ser hegemónico
en sus planteamientos...”.
Finalmente, hay que destacar que las transformaciones culturales las trabajan
en primer lugar entre sus afiliados, de manera permanente, y han ido construyendo
sus propios ritos y formas de comunicación que los fortalecen. Las llamadas
“místicas” del MST, son la combinación de cantos, poesía, teatro, uso
de los elementos simbólicos, sus banderas, sus tradiciones, que sirven
para desarrollar el imaginario colectivo, de lo que debe construirse ya,
para cambiar la sociedad. Por ejemplo, en sus escuelas de formación de
líderes jóvenes (antes tuvieron una duración de 1 año, ahora tienen 7
meses) se combate el machismo de manera práctica. En los campamentos juveniles
los hombres realizan cualquier tarea doméstica, y cada hecho es sometido
a reflexión integral, en la búsqueda de cambios sobre las percepciones
de la vida. |
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5. Movimientos sociales y movimiento
mundial antiglobalización. |
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Los nuevos movimientos sociales emergieron en los años de la recesión
política de la izquierda, aunque no siempre se expresaron movilizativamente.
Los más sólidos de ellos pasaron muchos años en proceso de gestación,
otros aparecieron públicamente como grupos pequeños, que rápidamente sumaron
afiliados debido a la pertinencia de sus demandas.
El desarrollo de los mismos, y del movimiento antiglobalización ,
resulta de una convergencia de intereses, de los sectores que resultan
de la exclusión social engendrada por el neoliberalismo. Por ello es que
muchos de estos movimientos están constituidos por ex-obreros, campesinos
sin tierras, indígenas, pequeños empresarios en quiebra, etc.
No podremos detenernos en ahondar sobre estos otros movimientos, cuyo
trabajo hemos tenido oportunidad de conocer, pero nos referiremos, en
orden cronológico, a algunos de ellos, para hacer el vínculo de éstos
con los movimientos antiglobalización que se han desarrollado
en el siglo XXI.
En 1988, por primera vez, una cumbre del FMI y del Banco Mundial realizada
en Berlín, fue confrontada con una sorprendente manifestación de rechazo,
demandando el fin de sus políticas.
En 1991, se funda VIA CAMPESINA, con el propósito de articular las acciones
de distintas organizaciones campesinas. Es interesante mencionar que este
esfuerzo tiene sus orígenes en el desarrollo de las organizaciones de
trabajadores del campo de América Central. Hasta hoy, el secretariado
ejecutivo se encuentra en Honduras. Inicialmente, las organizaciones constituyentes
fueron centroamericanas, (ATC, en Nicaragua). Posteriormente,
Vía campesina ha integrado a organizaciones de todos los continentes
del mundo.
Un año después, 1992, por primera vez se organizó una CONTRACUMBRE
de organizaciones de la sociedad civil, particularmente movimientos ecologistas
y ONG, cuando se realizó la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro.
En 1993, se fundó el movimiento de Deudores de los bancos mexicanos
. El novedoso movimiento El Barzón nace como una auténtica
organización autónoma de los partidos políticos para enfrentar el drama
de las ejecuciones bancarias contra los campesinos, medios y pequeños.
En Enero de 1994, de obligada referencia, el mundo es conmovido por las
acciones del Ejército Zapatista de Liberación Nacional , cuyo
accionar puso de manifiesto no sólo las contradicciones y profunda descomposición
del régimen político mexicano, sino que cuestionó frontalmente el Tratado
de Libre Comercio con los Estados Unidos, y el régimen neoliberal impulsado
por Salinas de Gortari bajo el lema de “la modernidad”.
No hay duda de que el movimiento Zapatista constituye un hito
que marcó y animó el surgimiento de nuevos movimientos sociales, y radicalizó
el accionar de los existentes.
En 1998, se organiza en Europa la AGP (Acción Global de los Pueblos),
expresando su decisión de luchar contra el capitalismo, y nace el conocido
movimiento de intelectuales ATTAC, con un análisis crítico del capitalismo
y algunas “medidas paliativas” ––como algunos le han
llamado–– a la Tasa Tobin, para los capitales especulativos.
Crece el llamamiento a las calles contra el sistema capitalista.
A partir de 1999 se produce una explosión movilizativa contra el capitalismo
iniciando en las calles de Seattle, en ocasión de la reunión de la Organización
Mundial de Comercio. Se evidencia la permanente acción global frente a
las principales reuniones y cumbres de quienes dominan el mundo (Washintong,
Davos, Génova), hasta llegar a la realización del Foro Social
Mundial , en Porto Alegre, en contraposición al encuentro de las
transnacionales en Davos, en 2001.
La represión violenta contra los manifestantes en Génova (2001), y los
sucesos del 11 de Septiembre, marcan el incremento represivo y contra
estas movilizaciones por parte de los Estados Unidos y sus aliados. |
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6. Piqueteros, en Argentina;
CONAIE, en Ecuador; Cocaleros, en Bolivia. "Somos millones". |
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No podemos dejar de mencionar el movimiento de Piqueteros, en
Argentina, en 2002. Este amplio movimiento está conformado de miles de
desempleados, quienes paradójicamente, según algunos analistas, se han
estructurado a partir de los planes “de contingencia” que crea el propio
sistema para tratar de “paliar” la crisis (Planes trabajo), cuya ejecución
fue trasladada a las ONG, factor que favoreció los procesos de toma de
conciencia y organización. El fenómeno se ha multiplicado geométricamente
y se han constituido como un movimiento con capacidad de acción política.
Se organizan en pequeñas agrupaciones zonales y confluyen en una coordinadora.
El movimiento expresa un conflicto, y usa el método de la presión, tomas
de avenidas y corte de las carreteras. El Colectivo Situaciones
afirma: “el piquete es expresión de la sociedad argentina actual. Sobre
todo del desfondamiento del estado nacional y su captura por parte de
un conjunto de bandas mafiosas que se han apoderado incluso de las fuerzas
represivas. Actualmente la sociedad argentina tiende a dividirse en dos
dinámicas paralelas, que conviven complejamente. De un lado, los lazos
que ligan al capital global y al estado mafia (con sus bandas represivas),
del otro, las experiencias más radicales de un contrapoder: una sociedad
paralela que tiende a la autoorganización. (...) El contrapoder actual
a diferencia de otras épocas y lugares, no se organiza a partir
––ni a través–– de los partidos políticos,
aún de los revolucionarios o de izquierda. No posee dirigentes excluyentes,
ni centros condensadores en este sentido”.
Además de los piqueteros , en Argentina existen las Asambleas
vecinales , más de 200 fábricas tomadas y autogestionadas por sus
trabajadores, centenares de experiencias campesinas, educativas, ligadas
a los derechos humanos y las culturas aborígenes.
En Ecuador, con una amplia población indígena, se han constituidos innumerables
movimientos locales cuya articulación a nivel nacional ha sido la CONAIE.
Esta articulación ha puesto contra la pared, de manera sucesiva a varios
gobiernos ecuatorianos. Mediante el método de la movilización pacífica
han logrado entrar masivamente en el Congreso, en la Casa presidencial.
Hasta sacar a Yamil Mahuad, en el año 2001. Sus reivindicaciones apuntan
a derechos indígenas, pero también contra las privatizaciones, la dolarización,
etc. (La vinculación de la emergencia de los movimientos sociales y el
fenómeno del indigenismo, merecería un trabajo especial).
El movimiento de los COCALEROS, en Bolivia, es el resultado de la resistencia
contra los intentos de sustituir la producción de coca, sin dar ninguna
alternativa a los campesinos que históricamente han vivido de ello, y
a los indígenas que además la consumen milenariamente.
En los últimos dos casos, los movimientos han constituido a su vez expresiones
políticas: Pachacutik , en Ecuador, y Movimiento Acción Socialista
, en Bolivia, que lidera el campesino cocalero Evo Morales. En el
primer caso apoyaron firmemente la campaña de Lucio Gutiérrez, del que
ahora se han distanciado. |
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7. Los Foros: Convergencia
de los Movimientos sociales y otras organizaciones progresistas. |
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La multitud de nuevos movimientos sociales han convergido en diferentes
foros con otras organizaciones: ONG, iniciativas como ATTAC, sindicatos,
gremios, organizaciones estudiantiles, universidades, grupos de intelectuales,
etc.
Las 4 reuniones del Foro Social Mundial (I, II, III, en Porto Alegre,
IV en Mombai, India) han sido encuentros para articular una multiplicidad
de organizaciones y expresiones del descontento con el sistema, dentro
de los cuales los movimientos sociales ocupan un lugar importante, pero
no con exclusividad. De hecho, en el marco del Foro se produce el encuentro
de los Movimientos Sociales, los cuales elaboran su propio pronunciamiento.
Es también objeto de tensiones el tema de la presencia creciente de grandes
ONG, o el dominio de éstas en la organización del mismo, y desde 2002,
se abrió un fuerte debate sobre la presencia creciente de Partidos Políticos
(en particular de partidos socialdemócratas de Francia y el PT de Brasil).
La verdad es que una buena parte de los asistentes son militantes de partidos
políticos, pero asisten al Foro en función de sus organizaciones sociales,
y no como militantes partidarios, pues es uno de los principios del Foro.
Hasta el año 2002, la dinámica prevaleciente fue la contestataria, Cumbre-Contracumbre.
A partir de entonces se hace el énfasis en convertir los mismos en un
mecanismo de intercambio de experiencias, de animación a los pueblos a
la lucha, de demostración de fuerzas.
Los movimientos antiglobalización cuentan con gran cantidad
de jóvenes y en sus movilizaciones han llegado a ser millones, en particular
en la lucha contra la invasión a Irak. En éstas hacen uso de formas de
comunicación simbólica, el teatro, la mofa, la música. Y en su organización,
de la asamblea masiva y la horizontalidad y se debate si sería conveniente
una mayor organicidad.
Hasta ahora, la movilización es por las “CAMPAÑAS”, a la que se
comprometen los participantes, pero cuyos resultados son obviamente desiguales.
Por ejemplo, aunque en Nicaragua ATC, CST y otras organizaciones tradicionales
para-partidarias del FSLN asisten regularmente a estos foros, en la realidad
no han organizado las réplicas de estas campañas en el país. Quienes hacen
enconados esfuerzos, con resultados sumamente modestos, son otros grupos,
como las Comunidades Eclesiales de Base, Red de defensa del consumidor,
y otras organizaciones.
Aunque el pacifismo prevalece, en Mombai se discutió combinar la acción
masiva, pacífica, con las acciones de “desobediencia organizada”, para
fuerzas más orgánicas.
Los movimientos sociales se expresan dentro del foro, con su propia radicalidad
y la denuncia del capitalismo, como un sistema que constriñe estratégicamente
sus derechos. Hoy por hoy, los cuestionadores de la realidad estructural
capitalista son los movimientos sociales. En el llamamiento de Mombai
se afirma: “ nos hemos reunido aquí para organizar la resistencia
y luchar para construir alternativas al capitalismo (…). La ocupación
de Irak mostró el vínculo existente entre el militarismo y la dominación
económica por parte de las corporaciones transnacionales (…). Los movimientos
sociales reafirmamos nuestro compromiso de lucha contra la globalización
neoliberal, el imperialismo, la guerra, el racismo, las castas, el imperialismo
cultural, la pobreza, el patriarcado y todas las formas de discriminación
y exclusión, económica, social, política, étnica, de genero, sexual…”.
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8. Una observación sobre
Partidos Políticos y Movimientos Sociales. |
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Permítanme, aunque sé que hay exposiciones específicas, una breve referencia
a la relación de los Partidos Políticos con los nuevos movimientos sociales.
El hecho de que los Partidos políticos, en su mayoría, han centrado su
accionar en la esfera exclusiva de las instituciones, ha generado en la
subjetividad de los movimientos sociales un rechazo al control de los
partidos políticos, y a la reivindicación de su autonomía, como garantía
de que sus demandas no van a ser “negociadas” o mediatizadas por aquellos.
Objetivamente la mayor parte de los partidos de izquierda han querido
reducir a las masas, subordinarlas al diálogo con las instituciones. Los
movimientos sociales incluso han sido fundamentales para que algunos partidos
y personas lleguen al gobierno y una vez en él, abandonan sus “promesas
electorales”, para terminar administrando las políticas dictadas por los
organismos financieros internacionales.
En algunos sectores de los movimientos sociales existe un discurso
antipartido . Algunos analizan este fenómeno con preocupación, porque
se identifica con los esfuerzos por despolitizar a la sociedad y trasladar
todo al mercado (privatización de la política). Pero, en buena parte de
los movimientos sociales hay conciencia de que los cambios sociales requieren
la convergencia de todo el que se quiera sumar a la resistencia permanente
contra el sistema. La mejora de las relaciones partidos-movimiento sociales
es un desafío en el que los partidos tienen la mayor responsabilidad.
Durante varias décadas, los partidos y las grandes organizaciones sindicales
fueron la vía para la expresión de la conflictividad social en una buena
parte del mundo, y, en el caso de América Latina, también lo fueron las
organizaciones de liberación nacional, pero, ahora, una buena parte de
ellos se encuentran formando parte de los espacios institucionales del
Estado: ya sea del ejecutivo, del parlamento, del poder judicial, etc.
Está demostrado que en sociedades donde impera el desempleo y pocas posibilidades
de movilidad social, uno de los mecanismos con que opera el sistema para
lograr “su estabilidad” es la cooptación de los dirigentes de las luchas,
a través de la oferta de los espacios institucionales, los buenos salarios
y las “buenas butacas”.
Tomemos la experiencia de los indígenas de la CONAIE, quienes contribuyeron
directamente a la victoria de Lucio Gutiérrez, en Ecuador, y señalaban
autocríticamente que el ubicar como funcionarios estatales a dirigentes
del movimiento les había debilitado. Cuando Pachacutik rompió
su alianza con Lucio, debido a que este gobierno ha enfilado su administración
en la más absoluta subordinación a Washington y las instituciones financieras,
decidieron, entonces, retirar a los dirigentes que habían asumido cargos
de Ministros y otras tareas (a través de una renuncia masiva), pero no
pocos de los dirigentes intermedios prefirieron quedarse gozando de “las
mieles del poder”.
El tema de la lucha por el poder, por parte de los movimientos sociales
es otro tema de debate que recién comienza a expresarse. |
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9. A manera de Conclusión. |
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El mundo del capitalismo, en la fase de la globalización neoliberal, es
decir, en plena madurez, con el control casi unipolar del planeta, en
medio de su arrogancia, de su indiscutible fuerza económica y comercial,
de su hegemonía cultural, con el dominio y control de la ciencia y la
tecnología, del poderío ideológico que se desprende de su gran poder mediático,
en fin, de su poder militar, que le permite imponer su dominio, a través
del uso de la fuerza o de la amenaza del uso de la fuerza, de la subordinación
de la institucionalidad internacional y del orden jurídico mundial a sus
intereses, todo ello en el contexto de la nueva sociedad global, aún y
a pesar de semejante poderío, el mundo, al decir del jefe de turno, el
Sr. Bush, “el mundo hoy, es más inestable, inseguro”.
Nuestro Rubén Darío citado al inicio se interrogaba:
«¿Ya
no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿callaremos
ahora para llorar después?»
La mundialización-globalización del modelo capitalista ha ampliado en
millones a los excluidos. La exclusión social ha elevado dramáticamente
los conflictos objetivos de millones y millones de seres humano, que hoy
se niegan a callar.
Los movimientos sociales son expresión de ese conflicto. De los niveles
de conciencia y organización alcanzados por los excluidos. Pero, quizás,
más relevante que eso, es el hecho de la emergencia de un nuevo sujeto
transformador, que asume multiplicidad de formas de lucha y resistencia,
que nos obligan a pensar que los cambios, la transformación, se expresará,
ahora, a través de un sujeto más colectivo, más dinámico, más plural y
multifacético.
Proviniendo ––al igual que muchos de Uds.––
de la lucha armada y del movimiento de Liberación Nacional, no
puedo menos que sentirme alentada. Si el optimismo que nos inspiran los
movimientos sociales tiene algo de justificado, ello podría significar,
entre otras cosas, la emergencia de una nueva posibilidad, para una nueva
teoría de la organización revolucionaria, es decir de la transformación
social. Por eso he insistido hoy en el respeto a la autonomía de los movimientos
sociales. Aprender de ellos y evitar la estéril tentación de querer subordinarlos
a la voluntad de las dirigencias partidarias, por más de izquierda que
éstas se proclamen.
Por último, y quizás más relevante aún, los verdaderos movimientos sociales
han puesto en el orden del día la lucha por los cambios, aquí
y ahora. Marcando una decisiva diferencia frente a las dirigencias
partidistas sometidas al pragmatismo y a la claudicación.
Los movimientos sociales han rescatado y reivindicado para los sectores
populares la virtud de la política, tan desacreditada por tantos luchadores
de ayer. Han felizmente roto los esquemas y puesto fin a los tabúes, y
nos llaman a comprender, frente a las élites del poder estatal y partidario,
cuanta razón tenia Bolívar cuando pedía: «Lo imposible hagámoslo
hoy, que lo posible lo haremos mañan». |
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BIBLIOGRAFÍA:
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Joan Anton [Coord.] (2002). Las ideas políticas en el siglo
XXI . Barcelona, Editorial Ariel, Colección Ariel Ciencias Políticas,
1º edición.
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imperio e imperialismo: un debate contemporáneo».
Charla brindada en la Cátedra Ernesto Ché Guevara, de la Universidad
Madres de Plaza de Mayo. Publicada en Rebelión «http//www.rebelion.org».
Gusfield,
Joseph (1994). «La Reflexividad
de los movimientos sociales: revisión de las Teorías sobre la sociedad
de masas y el comportamiento colectivo»,
en: Laraña, E. y Gusfield, J. (eds.) (1994). Los nuevos Movimientos
sociales: de la ideología a la identidad. Madrid, Centro de Investigaciones
Sociológicas. Pp. 221-249.
Garretón,
Manuel Antonio (Septiembre, 2003). «Movimiento
social y Política» . En: Revista
Coyuntura. |
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