Primero
quiero decir que, cuando uno estudia la historia del siglo XX de este
país y de este pueblo nicaragüense, uno tiene que constatar
sin sectarismos y con una visión serena y objetiva de nuestra
historia del siglo XX, que, sin lugar a dudas, los dos acontecimientos
mayores están estrechamente vinculados al sandinismo. Quizás
esa es una primera observación previa, antes de conversar con
ustedes sobre un aspecto importante que quiero comenzar a señalar
esta mañana.
Repito, la historia del siglo XX del pueblo nicaragüense
que conoció acontecimientos importantes: el fin del período de
la revolución liberal de Zelaya; la primera gran resistencia a la intervención
extranjera, allá en 1912 (y cada vez que paso por Masaya, ahí por
La Barranca –ahora convertida en material de relleno para la empresa esta
española que construye ese proceso, cosa triste, dicho sea de paso–,
uno de los lugares históricos con Zeledón a la cabeza, ahora pasan
ahí equipos y equipos, removiendo esas tierras de cualquier forma para
ir a hacerle un favor a Hispánica, la empresa española. Pero, en
fin, ese es otro asunto); digo que los dos acontecimientos mayores de la historia
del siglo XX de Nicaragua son y están íntimamente vinculados al
sandinismo.
El primero de ellos, dicho sea de paso, se inició formalmente,
el 2 de julio de 1927. En aquel entonces, en aquella Nicaragua, de nuevo ocupada –porque
realmente habíamos pasado casi el primer cuarto del siglo con ocupaciones
norteamericanas–, un ciudadano nicaragüense de allá en el Norte –porque
fue en el Norte que se hizo realmente, aunque nació en Niquinihomo–,
decidió un 2 de julio hacer público al pueblo nicaragüense
y al mundo que iba a emprender el camino de la resistencia contra la ocupación
extranjera.
Sin duda, la proclama de San Albino de
Sandino es el punto formal del arranque de la primera etapa de un larguísimo
proceso que realmente terminaría el 19 de julio de 1979.
Y Sandino, junto a sus generales, junto a su «ejército
loco» y sus campesinos descalzos, escribió no sólo para Nicaragua,
sino para el mundo entero, materializó, concretó, uno de los acontecimientos
mayores en la historia no sólo de nuestro país, sino de América
Latina y ocupa un lugar privilegiado en las grandes luchas de los pueblos contra
el imperialismo yanki.
Allí nuestro pueblo, nuestra gente, nuestros
campesinos, uno que otro intelectual, uno que otro poblador urbano, algunos trabajadores
de los enclaves de aquel entonces y, en particular, mineros, pero sobre todo
una masa de campesinos de caites y descalzos, lograron imponerse a la primera
potencia de América, en aquel entonces.
Brillantes acontecimientos: rescate de la soberanía
nacional, cimiento y base de la nacionalidad. En fin, Sandino –y no es
mi propósito el de hablar de Sandino– y sus campesinos, y sus jefes,
políticos y militares, construyeron este primer gran tramo de la historia
de nuestro país.
Y sin lugar a dudas, el segundo acontecimiento
mayor es una continuidad, aún y cuando hubieron rupturas, es una continuidad
de ese proceso. Me refiero al sandinismo que encabezó la lucha
del pueblo nicaragüense contra la dictadura somocista y concluyó en
el triunfo de hace, pronto, 25 años, un 19 de julio.
Y cualquier historiador sereno y desapasionado
tendrá que aceptarlo.
Quiero, entonces, entrar a una primera consideración
del significado de esa victoria del 19 de julio, y cómo ella
constituye, y cómo ese momento constituye el inicio de una nueva etapa
y de un nuevo proceso en la historia del pueblo nicaragüense. Eso me
lleva ahora a hacer una primera afirmación y a rescatar del proceso que
concluyó el 19 de julio y que inauguró a su vez una etapa, la primera
gran observación de cara a este 25 Aniversario.
La acción del pueblo nicaragüense,
encabezado sin duda alguna por el Frente Sandinista, estuvo orientada y concluyó en
una lucha por un cambio de sistema. Y quiero subrayar ésto como la
primera gran observación, al pensar en lo que ocurrió hace 25 años,
porque sólo entendiendo lo que verdaderamente ocurrió es que podemos
hacer una lectura adecuada de lo que corresponde al sandinismo hoy. Y lo que
deberían ser las perspectivas futuras del sandinismo.
La Revolución Popular Sandinista constituyó,
concluyó, en un empeño, en un esfuerzo gigantesco, por un cambio
de sistema, por un cambio de sistema político y por un cambio de sistema
económico y por un cambio social y cultural en Nicaragua.
Fíjense lo que estoy diciendo: La bandera
del sandinismo de entonces no era el de operar reformas en el sistema; no era
la de insertarse en el sistema, para poner bajo la influencia del sandinismo
una parte del poder.
No lucharon los sandinistas de entonces para reformar
el sistema. No lucharon los sandinistas de entonces para adaptarse al sistema.
No lucharon para tener el control sobre una parte de la institucionalidad del
sistema político y económico de entonces. No.
El sandinismo, que tenía una herencia radical
en Sandino, se inspiró también de esa fórmula sencilla,
pero llena de muchísimo contenido que expresaba de manera sintética
uno de los aspectos más importantes del pensamiento de Carlos Fonseca,
que a su vez era retomado de Sandino, y que decía: «no luchamos
por un cambio de hombres en el poder, sino que luchamos por un cambio de sistema».
¡Fíjense
qué radical la propuesta y qué sentido tiene la propuesta,
o qué sentido tuvo en ese instante, y qué importancia
tiene para el presente y desde luego también para el futuro!
¡Las
verdaderas raíces transformadoras y revolucionarias del Sandinismo!
No nos interesa, decían entonces los verdaderos jefes del Frente
Sandinista, los verdaderos dirigentes del pueblo revolucionario de
Nicaragua, no nos interesa un cambio de gobierno.
Ellos estaban inspirados también en Sandino,
a quien nunca le interesó ser candidato a la presidencia, a quien nunca
le interesó ser presidente, pero a quien le interesaba ir a convivir con
lo que en aquel entonces era la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense.
En aquel entonces, en los tiempos de Sandino, Nicaragua era una sociedad eminentemente
rural. Las ciudades eran unos microorganismos urbanos. Nicaragua era el campo,
los campesinos.
Y aquel Sandino soñaba entonces por retornar
a Las Segovias, fortalecer aquel esfuerzo cooperativo, aquella Reforma Agraria
Sandinista, diríamos después, pensando en los que en aquel entonces
eran la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense.
Y Carlos Fonseca a su vez, decía: es que
no nos interesa un cambio de hombres en el poder. Nosotros realmente luchamos
por un cambio de sistema.
Esa, quizás, es la primera y una de las
sustantivas observaciones que tenemos que hacer al momento de situarnos frente
al 25 Aniversario de la Revolución Popular Sandinista, si queremos realmente
hacerlo con sinceridad, si queremos realmente hacerlo viendo los rostros de aquellos,
y el pensamiento de aquellos que dirigieron y encabezaron la lucha del pueblo
y del Frente Sandinista.
No nos interesan cuotas de poder en el gobierno.
No nos interesa adaptarnos al sistema. No nos interesa que nos den parte de las
instituciones del Estado. No nos interesan los cambios de hombres en el gobierno.
Lo que queremos es un cambio de sistema.
Es decir, transformar de raíz, cambiar,
renovar, el país. Darle vuelta a la tortilla, como diría el pueblo.
Cambiar las cosas. En otras palabras, lo que interesaba entonces era nada más
y nada menos que la revolución, que, además, se quería que
fuese popular y que fuese sandinista: por Sandino; por Sandino y su gente, y
sus campesinos.
Entonces, la primera gran observación que
nosotros podemos hacer de ese proceso, es que el Frente Sandinista de entonces,
trabajando y luchando con el legado construido desde los primeros días
de 1960, o de la década de los 60, que a su vez halaban o arrastraban
la herencia sandinista, personificada incluso físicamente en el Frente
Sandinista con Santos López, ese extraordinario eslabón que unió en
cuerpo, en sangre, en vida, a los legendarios luchadores de Sandino con los nuevos
hijos de Sandino, ahora con Carlos Fonseca a la cabeza... Esos eran los dirigentes
ideológicos, políticos y prácticos del Frente Sandinista. Esa
era su herencia, su historia, su razón de ser: el cambio de sistema.
No reformas al sistema. No adaptaciones al sistema.
No búsquedas de cuotas de poder en el sistema. No negociaciones con la
gente del sistema, sino un cambio y una transformación, simple y sencillamente,
radical.
Con esa visión, con esa perspectiva de
la historia, de que el pueblo nicaragüense necesitaba erguirse, necesitaba
levantarse, para transformar de raíz las cosas... –porque en el
camino surgieron las tentaciones y las provocaciones políticas, porque
en algún momento se ofertó un somocismo sin Somoza, es decir, un
simple cambio de hombres, en el poder, poner a otros de presidentes, hacer cambios
en el gobierno–, los dirigentes revolucionarios de entonces, aquellos que
seguían el ejemplo de Sandino, que habían aprendido de las lecciones
de Sandino, y que habían comenzado a aprender también de otras
experiencias que se estaban dando en la región, como por ejemplo, la Revolución
Cubana, y Carlos, seguramente, el mejor continuador del ejemplo de Sandino, fue
terco, indoblegable, intransigente: enseñar y enseñarnos que
la razón de ser del Frente Sandinista era la lucha por un cambio de sistema.
Y ésto es importante recordarlo, tenerlo
presente, para hacer una lectura crítica y autocrítica de nuestro
presente y para poder pensar certeramente en el futuro.
Si somos continuadores de Sandino, de Carlos,
y de ese ejército de héroes y de patriotas caídos a lo largo
de esta lucha, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué queremos,
un cambio de hombres en el gobierno o, como decían los dirigentes del
Frente Sandinista: «NO, lo que queremos es un cambio de sistema»?
El miércoles, si podemos, vamos a iniciar
otros ángulos de este extraordinario proceso de la Revolución Popular
Sandinista.