| Canción
de amor a Nicaragua
Enrique Cano Navarro
ACSUD-Las
Segovias

[La
bocana de Papaturro, 1983. Yelba Ubau]
Hablar, escribir de Nicaragua es bañarme de nuevo en las aguas mágicas
del Río San Juan donde busqué y buscaré siempre un racimo de gotas con
todos los colores del arco iris. Cuentan que las Selvas que acarician
sus orillas guardan el secreto de Waslala, esa ciudad de casas bajas que
cada amanecer se pintan diferentes, esa ciudad utópica que no señala ningún
mapa. Waslala, como la ciudad de los gitanos de Federico se levanta dentro
de cada un@ de nosotr@s.
Decía Federico que “las cosas cuando más buscan su curso menos encuentran
su sentido”. La Ciudad de los Gitanos, Waslala y Nicaragua explotan
sentimientos que los contextos históricos no pueden matizar. A estas alturas
habrán descubierto ustedes que mis palabras no son neutrales y frías,
en calidad de eso que algunos llaman “expertos en el análisis de las interdependencias”.
Mis palabras, mis recuerdos y añoranzas del país de lagos y volcanes,
las vivencias que me embrujaron, que abrieron los poros de mi piel, de
mi estómago, de mi corazón, son tan presentes ahora que no pueden ser
consideradas, tal vez nunca lo serán, experiencias. Son mi otro presente
inmenso, ese que se sueña sin dormir.
Así, pues,
confieso, es Confesión de Amor, que soy un enamorado, mejor, un amante
de Nicaragua. Preñado, se lo juro, de sus vivos y de sus muertos más vivos,
de sus colores infinitos, de sus olores, de sus humedades, de canciones,
de sus heroicas aventuras de libertad y también de sus errores.
No encontrarán en mis palabras la sombra del concepto, del análisis o
del juicio. Serán otros, más preparados y atrevidos que yo, quienes lo
harán. Disculpen por ello la ausencia de una extensa cronología de lo
sucedido en aquel país y la inexistencia de juicios y condenas.
Tal vez por ello, sin buscarlo, ayer noche cuando me rodeaba de libros,
fotografías y fetiches de mis viajes a Nicaragua tuve una intuición, una
convicción de esas que se nos presentan somnolientas vestidas con un pijama
del color del maíz. Sentí que nacía de nuevo.
Acsud–Las Segovias, la comunidad de solidaridad internacionalista,
la organización de Cooperación al Desarrollo de la que formo parte, vio
el mundo, nació fruto de un sueño pinolero... Siempre nos han preguntado
el porqué de “Las Segovias”. Ustedes y yo sabemos que vivimos tiempos
donde lo instantáneo, el momento y la brevedad se han convertido en dictadores
del tiempo. Ya sabrán ustedes que estas cosas se miran mucho en el “marketing
social”.

[Paisaje
nocturno ,
1987. Yelba Ubau]
Nosotros, aun a costa de ser calificados por el maestro Vargas Llosa como
“anacrónicos”, somos hijos de un tiempo diferente, de un tiempo donde
el pasado, la memoria de los que vinieron antes que nosotros camina delante
nuestro camino.
El 23 de febrero de 1980 dio comienzo en Nicaragua, la Cruzada Alfabetizadora
que, precursora de la “Marcha de los Colores Zapatista”, recorrió los
valles y montañas con el deseo de enseñar a leer y escribir a los campesinos
nicaragüenses, a quienes la dictadura somocista, mantenida por los Estados
Unidos, no sólo había explotado económicamente sino también negado el
acceso a una educación básica.
Aquella Cruzada Alfabetizadora, uno de los primeros actos del gobierno
Sandinista, llevo a miles de jóvenes universitarios y estudiantes de Nicaragua
a compartir la vida y esperanzas en miles de hogares campesinos. Una movilización,
un deseo, un sueño que fue posible pese a los ataques paramilitares armados
y financiados por Estados Unidos. Un sueño de educación popular que consiguió
rebajar del 58 al 12% el índice de analfabetismo.
Aquella Cruzada Alfabetizadora despertó la solidaridad internacional en
todo el mundo. Miles de personas de los continentes más alejados acudieron
a participar, a educarse y educar, a aprender y enseñar.
Un grupo de gentes de Barcelona, Villareal y Castellón participaron de
aquella “marcha de las palabras del color de la tierra” y lo hicieron
en una montañosa región llamada “Las Segovias”. Años más tarde, en 1986,
nació ACSUR-Las Segovias . En alguna ocasión cuando nos han propuesto
abreviar el nombre de nuestra asociación, ya saben que el “marketing social”,
mira mucho estas cosas, nos hemos negado. En estos tiempos no olvidar
es importante. Como dice la canción “en el mero corazón de Las Segovias”
nacimos y nos gusta recordarlo.
La historia reciente de Nicaragua está llenas de rostros y momentos. Aquellos
“muchachos” (como el pueblo de Nicaragua llamo a los jóvenes sandinistas
que derrotaron a la dictadura somocista) que impulsaron desde el gobierno
un proceso popular de transformaciones –haciendo frente al
bloqueo y la intervención armada–, que ofrecieron su vida
y lo mejor de su vida defendiendo la soberanía y la democracia que la
revolución Sandinista llevó a Nicaragua, aquellos muchachos que ganaron
unas elecciones en 1984 y las perdieron en 1990 no merecen juicios fáciles,
juicios de salón. Merecen mucho más. Apoyo, respeto y reflexión fraterna.
Con sus aciertos y sus errores.
A lo largo de tantos años de corazones hermanados son muchas las organizaciones
de Nicaragua con las que hemos tenido la oportunidad de trabajar conjuntamente
en situaciones y proyectos muy diversos.
Tal vez sea este un buen momento para pensarnos autocríticamente quienes
nos sentimos cerca de Nicaragua. Tal vez la frialdad de la Cooperación
institucional nos haya helado un poco el corazón... Donde habían organizaciones
hermanas se nos habla hoy de “contrapartes”. Donde había ternura de los
pueblos aparece omnipresente el imperio del marco lógico que
tiene como corazón un presupuesto. Tal vez, estoy seguro, estamos aún
a tiempo de volver a sentirnos compañeros de un viaje hermoso y necesario.
El viaje, la aventura apasionante de cambiar este mundo...

[La Lavandera,
1984. Yelba Ubau]
Estelí, Condega, León, Masaya, Ocotal, Jinotega, Matagalpa, Managua, San
Carlos. Nombres llenos de rostros.
Gentes, rostros, nombres y esperanzas que se trabajan cotidianamente,
que se construyen y profundizan con tres recursos que el pueblo de Nicaragua
nos ha ofrecido en muchas ocasiones: pasión, mucha pasión, voluntad firme
y creatividad para diseñar libremente su destino.
Porque el pueblo de Nicaragua sigue hoy construyendo un mundo diferente
y posible. La construcción de un mundo nuevo sigue bajo otras condiciones.
Con gobierno revolucionario o con gobiernos neoliberales los revolucionarios
deben proponer y crear alternativas para la sociedad.
Las revoluciones nacen de y entre la gente, avanzan y retroceden. No son
líneas rectas, son de fuego y lluvia. Son vida, no fórmulas exactas para
victorias seguras.
Los grandes terratenientes y latifundistas, las multinacionales españolas,
europeas y japonesas ven en Nicaragua otra de sus colonias pero juegan
contra el tiempo. El tiempo de Sandino y Carlos Fonseca, el tiempo de
los muchachos de canela y miel que derrotaron en 1979 a la dictadura somocista,
el tiempo de los muchachos y muchachas que hoy luchan por una Nicaragua
más justa, democrática y libre. Mientras así sea el espíritu de Sandino
seguirá volando alto entre los volcanes de amor y rabia, sobre los lagos
de memorias infinitas.
Ya termino y me queda casi todo por decir. Gracias por permitirme expresar,
no, mejor por permitirme vivir otra vez mis sentimientos nicaragüenses.
He olvidado hacer una cronología. Da igual, el tiempo de Nicaragua no
se puede encerrar, no hay derrota para ellos, es un tiempo de hombres
y mujeres libres que no necesitan de victoria eternas ni mausoleos. Ahora
que Nicaragua ya no está de moda entre quienes se sienten con el derecho
a sentar cátedra sobre revoluciones ajenas, nosotros recordamos y recordaremos
siempre porqué somos “Las Segovias”. Estamos y estaremos con el pueblo
de Nicaragua y con una Nicaragua libre de terratenientes y multinacionales
de la rapiña.
Se nos olvidó decirles dos cosas. Una es que, casualidades y “cosas del
destino”, en la región nicaragüense de “Las Segovias” nació Augusto C.
Sandino, el general de hombres libres . La segunda es que el
símbolo de ACSUD-Las Segovias, ese Chamán dibujado en las antiguas piedras
ceremoniales del pueblo nicarao, el pueblo que da nombre, sangre y alma
a Nicaragua, nos permite saber y recordar siempre de donde venimos, con
quien estamos codo a codo y a donde vamos. Que ese Chamán, que esa magia
indígena de Nicaragua nos embruje también ahora para resistir la Guerra
injusta e inmoral que nos amenaza.
Como dicen los zapatistas de Chiapas: “la memoria es la Dignidad viva”.
Parafraseando la canción que cantan en la hermosa y brava ciudad nicaragüense
de León: “Nicaragua puede ser abatida, pero nunca vencida”.
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