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El
asesinato frío y macabro del periodista Carlos José Guadamuz,
de cinco balazos a quemarropa minutos antes de que intentara penetrar
a los estudios del Canal 23 para iniciar su programa "Dardos al centro",
detuvo el ritmo del país y conmovió a toda la nación.
La sangrienta
muerte de Guadamuz convocó las memorias de otras tragedias similares,
como la de Pedro Joaquín Chamorro y Bill Stewart, cuando el periodismo
abonó con su sangre las reacciones de odio y venganza política
que afloran en estos casos terribles.
Un hombre sucio y desaliñado, sentado en una banca
del parqueo, daba la sensación de que se trataba uno de los tantos
beodos que a veces circundan estos lugares. Guadamuz parqueó su
camioneta acompañado de su hijo Selim a pocos metros de distancia.
Salió del vehículo, dio unos pasos y después se percató
de que había dejado unos papeles en el carro, por lo que se regresó
a retirarlos. Fueron apenas segundos los que ganó en la terrible
acción criminal que se avecinaba. Le salió al encuentro
el homicida, quien le descargó implacable y fríamente los
cinco disparos.
La imagen de su hijo Selim gritando "aguantá
papá, aguantá papá" mientras se aferraba al
cuerpo ensangrentado de su progenitor Carlos José Guadamuz, inerte
y sin vida en el parqueo del Canal 23, es una de las más impactantes
escenas que se han visto en la televisión en décadas.
A muchos nos hizo recordar la película de El Campeón,
donde John Voight, haciendo de boxeador pierde la vida a golpes y su hijo
llorando le dice conmovido en la camilla de su camerino: "Despierta,
papá, despierta papá". Si la escena de la película
hizo llorar al mundo, la imagen de Selim todavía eriza los pelos
de miles de nicaragüenses a quienes le resuena en la cabeza el..."Aguantá
papá" y el "Ayúdenme" que gritaba frenéticamente
en la propia escena del crimen.
La imagen recorrió el mundo en segundos. El impacto
de la noticia también sacudió el ambiente nacional, por
tratarse de un polémico periodista que caía abatido a tiros
el martes 10 de febrero, apagando su voz los tiros miserables disparados
por William Hurtado García, un ex agente de la Seguridad del Estado,
quien fue capturado gracias al coraje de Selim y de otros trabajadores
del Canal 23 que persiguieron al asesino y lo atraparon a unos 30 metros
de la escena del crimen.
La periodista María Elsa Suárez, transmitía
en vivo el noticiero CDNN, cuando fue interrumpida por uno de sus colaboradores.
"Acaban de balear a Guadamuz", le dijeron y en caliente transmitió
la información a los televidentes. "El periodistas Carlos
Guadamuz acaba de ser baleado a la entrada de este canal", decía
un tanto excitada María Elsa y minutos mas tarde confirmaba con
el rostro consternado que "Guadamuz ha muerto", sacudiendo a
su audiencia y regándose inmediatamente la noticia por el país.
Guadamuz se inició en la vida política con
el FSLN y fue muchas veces víctima de la violencia de la Guardia
Nacional de Somoza. Existen videos filmados cuando en una ocasión
fue vapuleado a culatazos en la Avenida Roosevelt, en una demostración
cívica del CIVES, organismo opositor de los años 60 que
respaldaba a Fernando Agüero. Fue uno de los iniciadores del género
testimonial, que ensayó en su libro …Y las casas quedaron
llenas de humo.
Sus años en el sandinismo
El periodista cobró protagonismo nacional, siempre
en la década del 60, cuando se convirtió en el primer militante
sandinista en intentar secuestrar un avión. Se trataba de un aparato
que hacía la ruta Managua-Bluefields, en el que entró vestido
de mujer. Una vez que sacó el arma y se dirigía a conminar
a la tripulación a que desviara la nave hacia Cuba, fue sometido
por el Coronel Bernardino Larios, quien viajaba en el avión.
Larios posteriormente participó en una rebelión
militar contra Somoza y fue el primer Ministro de Defensa en la Revolución
Sandinista.
Luego de aquel fallido secuestro, Carlos Guadamuz guardó
más de siete años de cárcel, junto a Daniel Ortega,
Lenín Cerna, Jacinto Suárez y otros guerrilleros sandinistas.
Fue liberado tras el legendario asalto a la casa de Chema Castillo en
1974.
El conflicto con los sandinistas

En prisión surgió una larga amistad entre Guadamuz, Ortega
y Cerna, de tal manera que uno de los hijos del periodista lleva el nombre
de Daniel, quien es su padrino. La piedra de la discordia fue el hecho
que Guadamuz optó por postularse a la Alcaldía de Managua
por el FSLN, apostando a la gran popularidad que había alcanzado
dirigiendo la Radio Ya y fustigando duramente en ese tiempo a la derecha.
Una maniobra de Ortega habría sacado a Guadamuz del juego electoral,
lo que marcó el inicio de una apasionada enemistad, que culminó
con la expulsión del periodista de Radio Ya, por medio de lo que
él siempre describió como artificios legales.
Desde esa vez Guadamuz no daría tregua jamás
a la dirigencia sandinista y la fustigaba diariamente en sus programas
de comentarios. Su posición antisandinista llegó inclusive
a aproximarlo al PLC de Arnoldo Alemán, y fue su precandidato para
la alcaldía capitalina.
Guadamuz es ahora un nuevo mártir del periodismo nacional.
En pocas horas su historia de rebelde en los micrófonos y hombre
duro contra la dirigencia sandinista ocupó todos los espacios y
dividió al país entre los que apostaban a una conspiración
política en su asesinato y los que rechazaban este escenario por
afectar políticamente al sandinismo más que a nadie.
Los escenarios que surgen tras el asesinato del combativo
periodista se tornaron más complejos, cuando el hechor William
Hurtado García, se negaba a confesar quienes estaban detrás
del atentado y más bien repetía en forma fría y cínica:
"Hay un millón que querían matar a Guadamuz y yo soy
uno de ellos".
Por su parte, la policía, a través del Comisionado
González, quien está al frente de las investigaciones policiales,
señalaron que no descartan ninguna hipótesis, ni siquiera
la de la conspiración, pero advirtieron que no debía señalarse
culpables precipitadamente.
En los primeros tres días de detención Hurtado García
insistía en declararse el único culpable. Según reportó
la policía, perteneció a la Seguridad del Estado hasta 1987.
También formó parte del mismo cuerpo de espionaje Luis Alfredo
García González, quien fue capturado por ser el dueño
del revólver Tauro calibre 38, quien reconoció no haberlo
registrado en la policía y que "se lo habían robado,
cuando le chapearon el carro en diciembre pasado".
De todas formas el caso de Carlos José Guadamuz está
en las sombras. Sombras muy oscuras que nublan la imagen civilizada y
racional que creímos habernos ganado con la democracia y la libertad
de expresión. El reto de la policía, teniendo los primeros
hilos de la madeja en sus manos, es despejar todas las dudas que se han
sembrado con el crimen. El presidente Enrique Bolaños demandó
públicamente llegar hasta el fondo en las investigaciones. Aunque
oficialmente el Comisionado González desmintió que se le
estuviera informando del caso al Primer Mandatario, nos consta que éste
ha solicitado que se le informe periódicamente del rumbo de las
investigaciones.
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