Análisis de la Actualidad

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Evaluaciones del asesinato de Carlos José Guadamuz y de sus consecuencias sociopolíticas:

Solidaridad con William Grigsby:

«Nos tomamos las amenazas con seriedad»

«...entendemos que la convivencia de los nicaragüenses sólo será posible en la medida en que aprendamos a recorrer el camino de la tolerancia política y del respeto a la vida de los demás».

Julio López Campos.

Fragmentos de la emisión del programa «Causa y efecto»,

de Radio La Primerísima. Managua, Nicaragua.

27 de febrero de 2004.

 

      Esta mañana vamos a tener que forzar un poco nuestro espíritu, nuestro temperamento, para tener que abordar dos cosas. Una, las amenazas contra la seguridad personal del director de Radio La Primerísima, el compañero William Grigsby. Digo que tenemos que violentar un poco nuestro temperamento, porque son cosas que de ordinario no hacemos, siempre procuramos, en la medida de lo posible, actuar con seriedad y ponderación, tratamos de controlar nuestras emociones para comparecer ante ustedes con el mayor sentido posible de objetividad e imparcialidad.

     William Grigsby, efectivamente, ha sido objeto de amenazas. Sabemos perfectamente bien que le costó muchísimo tener que hacerlo público. Quiero decir que no es la primera vez que esto ocurre, pero seguramente en esta ocasión, por el contexto que vive el país y por la evaluación seria, y subrayo, seria, de las amenazas, en esta ocasión, por sentido de responsabilidad, no quedó otra alternativa al director de Radio La Primerísima, que hacer públicas  –y tan sólo una parte– las amenazas.

     Es bien sabido que el director de Radio La Primerísima es alguien que a lo largo de su vida ha tenido siempre la entereza y la hidalguía de decir la verdad. Basado siempre en la convicción de sus principios políticos y morales y, sobre todo, confiado en la fuerza de la razón. Y cuando principios y razón se juntan, siempre ha expresado con franqueza y además con mucho talento político su criterio.  Esto, desde luego, en más de una ocasión ha requerido de mucho coraje y de mucho desprendimiento personal.

     Resulta en extremo preocupante las cosas que han ocurrido en estos últimos días alrededor de la persona del director de Radio La Primerísima. Y queremos decir, con todo sentido de la responsabilidad, que William sólo aceptó compartir con ustedes, anoche, tan sólo una parte de esas amenazas.

     Yo recuerdo muy bien que cuando el crimen de Guadamuz, esa noche William examinó diferentes opciones posibles. Y la última opción que él consideró en su análisis era de que éste podría ser un mensaje para aquellos que piensan diferente, para las voces críticas. Y recuerdo que dijo: si esa fuese la intención, dijo William, yo no doy por recibido ese mensaje. Quisiéramos nosotros pensar que no se trata de eso. Y la verdad de las cosas es que tal como están ocurriendo algunos hechos en el país, la mayoría de ellos conocidos y algunos aún desconocidos, respaldamos plenamente la decisión del director de Radio La Primerísima, la decisión de hacer públicas estas amenazas.

     Porque, realmente, aquí, en esta situación, corren las voces como la de William Grigsby, toda suerte de riesgos. Y tengo que decirlo con franqueza, desde la izquierda hasta la derecha. Porque aquí se ha estado jugando en los últimos días con unas reglas políticas que se caracterizan por el desprecio a la moral, a la ética y a los principios básicos de la lucha política.

    Ustedes, ciudadanos nicaragüenses, lo contemplan a diario. No hay moral, ni en el Parlamento, ni en las conductas, ni en las acciones de la clase política. Y cuando la ética y la moral se distancian de la acción política, entonces sólo queda el camino de los riesgos y de las aventuras peligrosas. Y extremismos de un bando o del otro pueden equivocarse, creyendo falsamente que se pueden sacar ventajas, incluso del crimen y el delito.

    En estas circunstancias políticas, en que los riesgos del deterioro de las condiciones normales del desenvolvimiento del país son más que visibles, tenemos que llamar  –con todo el sentido de la responsabilidad y de la seriedad–,  una vez más, a la dirigencia política del país, a actuar con cordura y con sentido de responsabilidad.

    Hemos dicho que, aunque la historia de Nicaragua está llena de mucha violencia política, de violencia colectiva, que hemos recorrido el camino más largo de las expresiones de la conflictividad social y política, como la guerra, aún y en medio de esas circunstancias, la historia de Nicaragua tiene como un consolidado valiosísimo el que casi nunca se ha tomado el camino del crimen individual. Salvo rarísimas y poquísimas excepciones, en la vida política de Nicaragua.  Y ese consolidado de la nación, esa virtud de los nicaragüenses, estamos ahora poniéndola en peligro, y nos estamos colocando en la ruta futura, en el camino de los crímenes cotidianos, como en Guatemala, como en Colombia, en donde sencilla y llanamente no se puede vivir, y mucho menos hacer política.

     De tal manera que, una vez examinadas estas amenazas, aún y en contra de la voluntad personal de William, no quedó otra alternativa que hacerlas públicas. Y queremos pensar que los fanáticos de un lado o de otro, que los extremismos de un lado y de otro, y que los dirigentes que estimulan el fanatismo y el extremismo, mejor la piensen muy bien.

     El pueblo de Nicaragua es un pueblo de mucha convicción, y hemos dicho una y otra vez que es un gravísimo error pensar que el estado de inmovilismo que aparentemente da la impresión de tener el pueblo nicaragüense, puede conducir a muchos a engaños. Este es un país con una historia muy particular. Y que debe imponernos a todos la necesidad de actuar con seriedad, con responsabilidad, sin fanatismos, sin extremismos que puedan hacer colapsar la paz, la seguridad y las formas cómo hasta ahora hemos logrado en el país la convivencia.

     Queremos, entonces, subrayar: son muy serias esas amenazas, y, como bien y con mucha franqueza dijo William anoche, que nos disculpen, dijo, nuestros amigos de la Policía, pero para este tipo de cosas han demostrado poca capacidad investigativa y muy poca voluntad política para resolver estas situaciones. Frente a esa dura convicción sólo quedó el camino de recurrir a la acción preventiva y dirigirse a la opinión pública nicaragüense, que es en definitiva la única que podrá ponerle coto a estos primeros pasos de un camino peligroso para el país, si no se encuentran rápidamente el camino de la razón, de la moral, de la ética, del respeto a la vida, del respeto a las diferencias. Y si no entendemos que la convivencia de los nicaragüenses sólo será posible en la medida en que aprendamos a recorrer el camino de la tolerancia política y del respeto a la vida de los demás.

    Tomamos, entonces, desde Radio La Primerísima, con muchísima seriedad, estas amenazas al director de esta radioemisora. Y desde luego, nuestra confianza reside únicamente en ustedes, en el pueblo de Nicaragua.