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Esta mañana vamos a tener que forzar un poco nuestro espíritu,
nuestro temperamento, para tener que abordar dos cosas. Una, las amenazas
contra la seguridad personal del director de Radio La Primerísima,
el compañero William Grigsby. Digo que tenemos que violentar un
poco nuestro temperamento, porque son cosas que de ordinario no hacemos,
siempre procuramos, en la medida de lo posible, actuar con seriedad y
ponderación, tratamos de controlar nuestras emociones para comparecer
ante ustedes con el mayor sentido posible de objetividad e imparcialidad.
William Grigsby, efectivamente, ha sido objeto
de amenazas. Sabemos perfectamente bien que le costó muchísimo
tener que hacerlo público. Quiero decir que no es la primera vez
que esto ocurre, pero seguramente en esta ocasión, por el contexto
que vive el país y por la evaluación seria, y subrayo, seria,
de las amenazas, en esta ocasión, por sentido de responsabilidad,
no quedó otra alternativa al director de Radio La Primerísima,
que hacer públicas –y tan sólo una parte–
las amenazas.
Es bien sabido que el director de Radio La
Primerísima es alguien que a lo largo de su vida ha tenido
siempre la entereza y la hidalguía de decir la verdad. Basado siempre
en la convicción de sus principios políticos y morales y,
sobre todo, confiado en la fuerza de la razón. Y cuando principios
y razón se juntan, siempre ha expresado con franqueza y además
con mucho talento político su criterio. Esto, desde luego,
en más de una ocasión ha requerido de mucho coraje y de
mucho desprendimiento personal.
Resulta en extremo preocupante las cosas que
han ocurrido en estos últimos días alrededor de la persona
del director de Radio La Primerísima. Y queremos decir,
con todo sentido de la responsabilidad, que William sólo aceptó
compartir con ustedes, anoche, tan sólo una parte de esas amenazas.
Yo recuerdo muy bien que cuando el crimen de
Guadamuz, esa noche William examinó diferentes opciones posibles.
Y la última opción que él consideró en su
análisis era de que éste podría ser un mensaje para
aquellos que piensan diferente, para las voces críticas. Y recuerdo
que dijo: si esa fuese la intención, dijo William, yo
no doy por recibido ese mensaje. Quisiéramos nosotros pensar
que no se trata de eso. Y la verdad de las cosas es que tal como están
ocurriendo algunos hechos en el país, la mayoría de ellos
conocidos y algunos aún desconocidos, respaldamos plenamente
la decisión del director de Radio La Primerísima, la decisión
de hacer públicas estas amenazas.
Porque, realmente,
aquí, en esta situación, corren las voces como la de William
Grigsby, toda suerte de riesgos. Y tengo que decirlo con franqueza, desde
la izquierda hasta la derecha. Porque aquí se ha estado jugando
en los últimos días con unas
reglas políticas que se caracterizan por el desprecio a la moral,
a la ética y a los principios básicos de la lucha política.
Ustedes, ciudadanos nicaragüenses, lo contemplan
a diario. No hay moral, ni en el Parlamento, ni en las conductas, ni en
las acciones de la clase política. Y cuando la ética y la
moral se distancian de la acción política, entonces sólo
queda el camino de los riesgos y de las aventuras peligrosas. Y extremismos
de un bando o del otro pueden equivocarse, creyendo falsamente que se
pueden sacar ventajas, incluso del crimen y el delito.
En estas circunstancias políticas, en que los
riesgos del deterioro de las condiciones normales del desenvolvimiento
del país son más que visibles, tenemos que llamar
–con todo el sentido de la responsabilidad y de la seriedad–,
una vez más, a la dirigencia política del país, a
actuar con cordura y con sentido de responsabilidad.
Hemos dicho que, aunque la historia de Nicaragua está
llena de mucha violencia política, de violencia colectiva, que
hemos recorrido el camino más largo de las expresiones de la conflictividad
social y política, como la guerra, aún y en medio de esas
circunstancias, la historia de Nicaragua
tiene como un consolidado valiosísimo el que casi nunca se ha tomado
el camino del crimen individual. Salvo rarísimas
y poquísimas excepciones, en la vida política de Nicaragua.
Y ese consolidado de la nación, esa
virtud de los nicaragüenses, estamos ahora poniéndola en peligro,
y nos estamos colocando en la ruta futura, en el camino de los crímenes
cotidianos, como en Guatemala, como en Colombia, en donde sencilla y llanamente
no se puede vivir, y mucho menos hacer política.
De tal manera que, una vez examinadas estas amenazas,
aún y en contra de la voluntad personal de William, no quedó
otra alternativa que hacerlas públicas. Y queremos pensar que los
fanáticos de un lado o de otro, que los extremismos de un lado
y de otro, y que los dirigentes que estimulan el fanatismo y el extremismo,
mejor la piensen muy bien.
El pueblo de Nicaragua es un pueblo de mucha
convicción, y hemos dicho una y otra vez que es un gravísimo
error pensar que el estado de inmovilismo que aparentemente da la impresión
de tener el pueblo nicaragüense, puede conducir a muchos a engaños.
Este es un país con una historia muy particular. Y que debe imponernos
a todos la necesidad de actuar con seriedad, con responsabilidad, sin
fanatismos, sin extremismos que puedan hacer colapsar la paz, la seguridad
y las formas cómo hasta ahora hemos logrado en el país la
convivencia.
Queremos, entonces, subrayar: son
muy serias esas amenazas, y, como bien y con mucha franqueza
dijo William anoche, que nos disculpen, dijo, nuestros amigos de la Policía,
pero para este tipo de cosas han demostrado poca capacidad investigativa
y muy poca voluntad política para resolver estas situaciones. Frente
a esa dura convicción sólo quedó el camino de recurrir
a la acción preventiva y dirigirse a la opinión pública
nicaragüense, que es en definitiva la única que podrá
ponerle coto a estos primeros pasos de un camino peligroso para el país,
si no se encuentran rápidamente el camino de la razón, de
la moral, de la ética, del respeto a la vida, del respeto a las
diferencias. Y si no entendemos que la convivencia de los nicaragüenses
sólo será posible en la medida en que aprendamos a recorrer
el camino de la tolerancia política y del respeto a la vida de
los demás.
Tomamos, entonces, desde Radio La Primerísima,
con muchísima seriedad, estas amenazas al director de esta radioemisora.
Y desde luego, nuestra confianza reside únicamente en ustedes,
en el pueblo de Nicaragua.
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