No
fue un repentino ataque de “democraciatitis” lo que hizo
desistir a Arnoldo Alemán, Daniel Ortega y Enrique Bolaños
en su pretensión de acabar con la independencia de las elecciones
municipales, pero de todas formas es una buena noticia que este año
sí se van a realizar, y ya el Consejo Supremo Electoral ha convocado
a casi tres millones de electores a concurrir a las urnas el domingo
7 de noviembre, para elegir a alcaldes, vicealcaldes y concejales de
152 gobiernos locales.
Si bien en un país cuya dinamia
política es muy intensa y hace que lo que hoy es de una manera,
mañana sea exactamente lo contrario, todavía es prematuro
anticipar resultados, gran parte de los trazos fundamentales del ambiente
en el cual se van a realizar los comicios, ya están dibujados.
Es posible entonces, atisbar el panorama que puede surgir dentro de
menos de 300 días, por encima de los imponderables.
La estrategia del FSLN y del PLC para
las elecciones de 2000 y 2001, estaba signada por el pacto de 1999 entre
Alemán y Ortega. Cada quien lo hizo con el obsesivo deseo de
imponerse como únicas alternativas políticas, eliminando
de un solo machetazo a casi todos los competidores, apropiándose
impúdicamente de instrumentos claves como el Consejo Supremo
Electoral y la Corte Suprema de Justicia y cercenando el derecho de
los ciudadanos a postularse como candidatos sin necesidad de militar
en un partido.
Cinco años después el panorama
parece un poco distinto. Si bien las atrocidades políticas y
jurídicas del pacto continúan esencialmente vigentes,
en estas elecciones podrán competir casi 30 partidos que habían
perdido su personería, los liberales están divididos y
la sociedad en su conjunto parece harta de una clase política
mezquina, corrupta y ambiciosa, y de un sistema económico que
por más que predica el bienestar para todos, ha hundido al país
en la miseria y la desesperanza.
Los
actores principales
Serán tres los actores fundamentales
–el gobierno, los liberales y los sandinistas–, algunos
periféricos –sobre todo los partidos Conservador, Camino
Cristiano y Unidad Nacional– y por enésima vez en la historia
nicaragüense, habrá un árbitro extranjero cuyas pezuñas
suelen convertirse en garras para unos y palmadas al hombro para otros:
el gobierno de Estados Unidos. De hecho, los últimos movimientos
de todas las fuerzas políticas dominantes en Nicaragua, han estado
contaminados por las directrices de los delegados del grupo fanático
que dirige la política exterior norteamericana.
Ganar las elecciones municipales tiene
varios significados. Para los liberales, no es suficiente repetir en
sus 94 alcaldías, sino conquistar la mayor cantidad posible de
capitales departamentales, especialmente Managua. En cambio, para los
sandinistas es de vida o muerte ganar la capital no sólo porque
en ella vive la quinta parte de los habitantes, sino también
porque sería un premio a la gestión de gobierno de un
alcalde conciliador y porque los colocaría en primera línea
para las presidenciales del 2006. Por esas mismas razones, una derrota
sería catastrófica. Con tal de ganar Managua, los sandinistas
podrían hasta conformarse con simplemente mantener el control
de los municipios que ahora dominan y con la ayuda de sus aliados de
la Convergencia lograr una docena más. En otras palabras, la
batalla principal será Managua y quien la gane, podrá
decir que ganó las elecciones.
En número de alcaldías
conquistadas, en las últimas elecciones los sandinistas se alzaron
con 52, los liberales con 94 y los conservadores con cinco. Pero cualitativamente,
la victoria fue para el FSLN pues no sólo ganó 11 de las
17 capitales departamentales, sino que además ganó en
17 de las 25 ciudades más pobladas del país, lo cual lo
llevó a gobernar a más del 60 por ciento de la población.
En otras palabras, los sandinistas se confirmaron como la fuerza hegemónica
a nivel urbano y los liberales a nivel rural.
Todavía no se puede decir con
certeza, pero si finalmente los liberales llegan a elecciones divididos
en dos fuerzas –el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de
la familia Alemán, y el partido Gran Unidad Liberal (GUL) de
Bolaños y sus amigos– lo más probable es que los
sandinistas repitan su triunfo de 2000 en las 11 capitales departamentales
que ahora gobiernan, y conquisten otras tres. Y en el resto de los municipios,
podrían vencer en un total de entre 60 y 70 municipios.
En cambio, para que los liberales logren
ganar más alcaldías y recuperar el control de Managua,
Matagalpa o Chinandega, por ejemplo, lo crucial no es su reunificación
–al menos para las elecciones– sino que las fuerzas antisandinistas
postulen candidaturas únicas. Una prueba es lo ocurrido en el
2000: los candidatos conservadores, y en menor medida los de Camino
Cristiano, le impidieron al PLC alzarse con la victoria en por lo menos
30 de las 52 que ganaron los sandinistas.
Comendadores
al rescate
Precisamente por esto, es que los comendadores
norteamericanos han tomado las riendas de los asuntos políticos
domésticos. La banda de Colin Powell y sus compinches de origen
cubano, son los mismos que articularon la guerra de agresión
contra Nicaragua en la década de los 80 y si bien están
contentos porque los gobiernos electos entre 1990 y 2001 han surgido
de entre sus huestes, se han trazado como objetivo fundamental la reducción
del sandinismo a la mínima expresión, cuando no erradicarlos
como fuerza política. Es por eso que impulsan el desarme humillante
del Ejército, reunificaron a los diputados liberales para elegir
la directiva del parlamento, preparan la barrida de sandinistas en el
poder judicial y están dispuestos a dejar en libertad al corrupto
Arnoldo Alemán.
Aún está por verse qué
hará Estados Unidos con los conservadores y otras fuerzas de
derecha. Los resultados de las municipales del 2000, los animaron a
impulsar un candidato único en las generales del 2001, cuando
de la mano de Carlos Pellas –el todopoderoso empresario más
rico de Centro América– sacrificaron a Noel Vidaurre cuando
las encuestas le otorgaban el respaldo de más de la quinta parte
del electorado. A cambio, Pellas impuso a Alemán un candidato:
Enrique Bolaños. Dada la complejidad de los comicios locales,
es muy difícil que los norteamericanos logren sembrar listas
únicas. En cambio, podrían –por ejemplo– propiciar
un acuerdo entre todas las fuerzas de derecha, para que cada quien decline
sus respectivas candidaturas en aquellas municipalidades donde no tengan
oportunidad real de triunfar o a favor de quien esté en primer
lugar en las encuestas.
Al margen de los intereses globales de
los norteamericanos, Alemán y Bolaños tienen otras necesidades
políticas particulares, que conforman una situación peliaguda
aunque no antagónica. Para bolañistas y arnoldistas las
elecciones pueden ser el escenario ideal para demostrar al otro a quién
respalda la base liberal. Pero eso dependerá de cuánto
presione Washington para su reunificación.
Uno y otro quiere demostrar quién
es más poderoso o más simpático ante los ciudadanos.
Y cada quien hará todos los esfuerzos posibles para demostrarlo.
Cada uno tiene una fuerza respetable. Alemán, la maquinaria partidaria.
El presidente, dispone del dinero y del padrinazgo norteamericano. Al
PLC le gustaría concurrir sin Bolaños y sus amigos, porque
de esa forma los nuevos alcaldes –y los recursos que administren–
quedarán bajo su control y de paso, por supuesto, como especie
de revancha política. El mandatario en cambio está dispuesto
a la reunificación, pero con la condición de asumir el
control al menos parcial de quiénes serán los candidatos,
la administración de los fondos y la estrategia electoral.
Para seleccionar los candidatos, sobre
todo los que encabecen las listas, los criterios de ambos son encontrados.
Para Alemán lo fundamental será la lealtad incondicional,
la cual se demuestra entre otras cosas en no ser empleado del gobierno.
En cambio, para Bolaños es exactamente al revés. Desde
las filas del PLC se escuchó la propuesta de elegir sobre la
base de encuestas, tomando en cuenta a cualquiera sin importar si está
en un bando o en otro, y aunque el proponente fue virtualmente aplastado
por su osadía, desde las oficinas de la comendadora Barbara Moore
ya se ha escuchado que esa es la solución salomónica.
Mil
millones para divertirse
El Presidente está usando su acceso
privilegiado a los fondos públicos como arma para negociar con
el PLC. El partido de Alemán está en la bancarrota financiera:
huérfano de los recursos del estado, sin capacidad para organizar
un sistema de cuotas militantes, sin la generosidad de los empresarios
del COSEP, sin las coimas que pagaban los inversionistas extranjeros
para recibir favores y sin las arcas comunales de Managua. En esas condiciones,
sólo depende de la fortuna del propio caudillo –mermada
por los gastos de su defensa y porque ya no es capaz de seguirse incrementando–
y de algunos recursos que pueda extraer de la Asamblea Nacional para
financiar la campaña electoral.
En cambio, Bolaños sí tiene
dinero disponible. Detrás suyo está el gran capital financiero
y el resto de los empresarios, encabezados por el grupo Pellas, y por
si fuera poco, está dispuesto a repetir la operación que
en su momento hizo Alemán en sus tiempos de alcalde de la capital
o de Presidente de la República: ocupar los fondos públicos
para financiar la campaña.
Varios economistas independientes han
denunciado que en forma deliberada el gobierno ha ocultado el ingreso
fiscal de al menos mil millones de córdobas y los analistas advierten
que una de las razones es reservar ese dinero para la campaña
electoral. "El gobierno presupuesta un monto de recaudación
de impuestos de C$10,196 millones, equivalentes a US$640 millones en
2004, y aproximadamente igual al 15% del PIB. Este porcentaje de la
carga tributaria conduce a afirmar que no es correcta la proyección
de la recaudación de impuestos para 2004, ya que la carga tributaria
de 2003 se ubica en el nivel de 16.4% del PIB", dice Néstor
Avendaño, catedrático universitario y doctor en economía.
Esta proyección la confirma Adolfo
Acevedo, otro destacado economista y asesor de la Coordinadora Civil:
“En efecto, esa proyección de recaudación de impuestos,
no puede de ninguna manera ser correcta. Es fraudulenta. El Programa
con el FMI se basa en que en 2004 la carga tributaria se mantiene relativamente
invariable en 2004 en relación a 2003, es decir en 16.5% del
PIB. La caída proyectada en el presupuesto, es sencillamente
imposible. Después de la Reforma Tributaria de 2003 se esperaba
un incremento en la recaudación en base anual de 1.2% del PIB,
y en efecto se tradujo en un sobre cumplimiento de las metas de recaudación
acordadas con el FMI en Agosto de 2003. Esta caída proyectada
en el Presupuesto 2004, equivale a una reducción de 1.5 puntos
porcentuales del PIB. Esto sólo sería posible, hipotéticamente,
en el caso de una drástica contracción económica,
no con un crecimiento previsto del PIB. De hecho, lo mínimo
que cabe esperar es que la recaudación tributaria aumente en
la misma proporción que el PIB corriente, manteniendo invariable
la carga tributaria. Así lo atestigua la evidencia empírica,
sin excepción, en todo el mundo, y en nuestro país. Es
una regla básica. No hay manera de que ocurra una caída
de semejante magnitud”.
Acevedo calcula que “si aplicamos
a la recaudación de 2003 la tasa de crecimiento del PIB nominal
de 9.9%, esto nos da una recaudación mínima esperada para
2004 de 11 mil 200 millones de córdobas, que equivaldría
por cierto al 16.5% del PIB. De hecho, mientras el Gobierno presupuesta
una recaudación de impuestos para 2004 de C$10,196 millones,
la meta de recaudación acordada con el FMI para 2004 asciende
a C$11,350 millones. Es decir, que el Gobierno no está presupuestando
más de C$1,000 millones en recaudación que es lo mínimo
que cabría esperar, y es la meta acordada con el FMI”.
Evidentemente, el gobierno tomó
esa decisión con el consentimiento expreso del FMI. La pregunta
es: ¿en qué utilizará ese dinero? Hay tres respuestas
probables: financiar la campaña electoral de los liberales (sin
importar el grupo que decida respaldar), robarlo y distribuir ese dinero
entre quienes detentan el poder, o hacerlos aparecer mágicamente
a mediados del ejercicio presupuestario, para asignarlo según
sus prioridades políticas (pagar más a los banqueros por
los intereses de la deuda interna, por ejemplo). Quizás hay una
cuarta respuesta: una combinación de las tres anteriores.
Otras palancas que seguramente usará
el Presidente, son los proyectos ejecutados con fondos fiscales desde
el Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE) o desde otros
instrumentos gubernamentales para el campo o la ciudad, mediante los
cuales intentará impactar al electorado de determinados municipios,
de acuerdo a sus intereses partidarios.
Bocanada
de aire fresco
Además, el mandatario también
tiene a su disposición otro recurso de magnífica utilidad:
la asignación de los recursos externos destinados a las municipalidades.
Los sandinistas denunciaron recientemente que alrededor de tres millones
de dólares donados por Holanda para inversiones municipales,
fueron repartidos arbitrariamente por el Instituto de Fomento Municipal
(INIFOM), privilegiando a los ayuntamientos liberales. Lo extraordinario
del caso no es la conducta oficial, sino la reacción de los alcaldes:
los 151 –arnoldistas, bolañistas, conservadores y sandinistas–
agrupados en la Asociación de Municipios de Nicaragua (AMUNIC)
rechazaron los criterios del gobierno y exigieron una distribución
proporcional a la población y a los ingresos de cada ayuntamiento.
La decisión de AMUNIC va mucho más allá de lo anecdótico:
refleja la madurez alcanzada entre los líderes locales. Es, sin
duda, un hecho esperanzador, una bocanada de aire fresco sobre la caótica
situación general. También otorga la razón a las
voces que desde la sociedad civil se opusieron vigorosamente a la postergación
de las elecciones municipales y la cancelación de su independencia,
pues demuestra que los asuntos locales –cada vez menos polarizados–
tienen una naturaleza esencialmente diferente a los nacionales.
Un sector de los dirigentes del GUL,
encabezado por el ministro de TELCOR Eduardo Urcuyo y el presidente
de INIFOM Alejandro Fiallos, estima que sus padrinos norteamericanos
les dejarán suficiente margen de autonomía, pues lo que
está en disputa no es la presidencia. Es decir, que Washington
no vetará la participación de dos agrupaciones liberales.
Pero una cosa parece segura: si el GUL y el PLC concurren por separado
ante los electores, Bolaños sufrirá una humillante derrota,
porque difícilmente sus candidatos logren ganar siquiera una
alcaldía. Y no es porque no tenga partidarios, sino porque –de
acuerdo al comportamiento histórico de las bases partidarias
en Nicaragua– finalmente los electores votan por quien les propone
su partido. En ese caso, los bolañistas más optimistas
apuestan a conquistar un tercio del electorado liberal y con ello, impedir
que sus adversarios superen o tan solo igualen sus resultados del 2000.
De acuerdo con sus cálculos, con ese tercio del electorado estarían
en una mejor posición para negociar con Alemán el control
del partido y de las candidaturas para las elecciones generales del
2006, aún y cuando el precio que paguen sea la victoria de los
sandinistas en las municipales.
La derecha
necesita a Alemán libre
El factor clave es la libertad o la prisión
de Alemán. Hasta ahora, Bolaños ha dicho que no respalda
la exoneración por ninguna vía –llámese amnistía
o fallo judicial– de su antiguo mentor político. Desde
noviembre, después de la visita del general Colin Powell, la
embajada guarda un elocuente y también embarazoso silencio sobre
la presunta lucha contra la corrupción de la administración
Bolaños. Y se sabe por diversas fuentes, que la señora
Moore ha discutido las condiciones políticas que permitirían
la liberación del caudillo liberal.
Según esas fuentes, los norteamericanos
se han convencido que Alemán ganó la batalla intestina
entre los liberales, y su fortaleza es de tal magnitud, que no se puede
pensar en ganar elecciones, sin tomar en cuenta al caudillo liberal.
Incluso, agregan, uno de los enviados de Washington habría comentado
en privado al Presidente, que reconsidere su posición, puesto
que es un hecho inobjetable el liderazgo de Alemán entre la base
liberal y su control total sobre el partido.
“Los demócratas necesitamos la influencia de Alemán,
para impedir que los sandinistas avancen”, le habría dicho
ese funcionario norteamericano al mandatario. Por esa razón,
dicen los informantes, el departamento de Estado habría acordado
con el PLC no inmiscuirse en ninguna iniciativa legislativa o judicial
conducente a la exoneración de Alemán, con dos condiciones:
que tanto el partido como sus 42 diputados respalden todas las iniciativas
del poder ejecutivo, y una vez en libertad, que el caudillo deje gobernar
a Bolaños. Si Alemán queda libre y exonerado –al
margen de las brutales consecuencias para la vida democrática
del país y para el propio Bolaños– es una señal
inequívoca de que no habrá dos partidos liberales en la
liza electoral de noviembre próximo.
Mientras Estados Unidos decide, en cada
municipio ya se han lanzado múltiples candidaturas desde uno
u otro agrupamiento liberal. En Managua, la candidatura del PLC la disputan
Pedro Joaquín Chamorro Barrios (quien fue ministro y embajador
del gobierno de Alemán) y Víctor Cedeño, actual
diputado y más estrechamente vinculado con el caudillo, en razón
de que son cómplices de actos corruptos cuando ambos trabajaban
en la Alcaldía de Managua. En cualquier caso, necesitan la aprobación
expresa de Alemán, y ambos saben qué requisitos necesitan
para lograr esa anhelada bendición. Los bolañistas han
postulado a Leonel Téller, ex diputado y ex embajador del gobierno
anterior hasta que fue destituido. Aunque cada quien paga encuestas
para aparecer en el primer lugar, parece un hecho que ninguno de los
tres tiene suficiente carisma y capital electoral personal, como para
imponer su candidatura por sí mismo en su respectivo partido,
menos aún si se trata de designar un único candidato liberal.
Algunos dirigentes del PLC muy cercanos
a Alemán, advierten que su líder no se pronunciará
por ninguno, “hasta que el cuadro esté rayado”. Es
decir, hasta que se sepa con certeza si habrá o no candidaturas
unificadas de los liberales. Por supuesto, para Alemán es innegociable
su propia libertad. Sus decisiones estarán directamente vinculadas
a si lo logra o no.
Para que los liberales avancen,
como hemos dicho, no es suficiente presentar candidaturas únicas.
El Partido Conservador (PC) intentará conservar el gobierno de
los cinco municipios que ahora detenta y quizás lograr de tres
a cinco ayuntamientos más en los departamentos de Chontales y
Boaco, principalmente. Aunque la decisión final no está
en manos de sus dirigentes, sino de sus propietarios (la familia Pellas)
quienes a su vez actuarán de acuerdo a los intereses norteamericanos,
los conservadores también aspiran a igualar o mejorar sus resultados
en Managua, después que en el 2000, con el empresario William
Báez de candidato, lograron más del 25 por ciento de los
votos, aprovechando el descontento del electorado de derecha con la
gestión de gobierno de Alemán, signada por la corrupción
y el despilfarro. Los conservadores tienen dos opciones de alianza:
con los liberales si van unificados, o con Bolaños si estos van
divididos. De hecho, ese antecedente en Managua es su principal carta
de negociación con los liberales. En cualquier caso, lo más
probable es que decidan alianzas por municipio y no a nivel general.
Actores
periféricos
La cuarta fuerza nacional de la
derecha con caudal electoral propio, es el Partido Camino Cristiano.
Sus líderes, encabezados por el reverendo Guillermo Osorno, son
encarnizados defensores de Alemán y apasionados partidarios de
Estados Unidos. Su máxima demostración de fuerza fue en
las elecciones generales de 1996, cuando lograron más del cuatro
por ciento de los votos y se instalaron con su propia bancada parlamentaria.
Sin embargo, ni en ese año ni en el 2000, lograron ganar al menos
una alcaldía. Al año siguiente, concurrieron como parte
de la Alianza Liberal encabezada por el PLC, y lograron cuatro diputados.
Aunque no se percibe ningún crecimiento de su fuerza, en al menos
una docena de municipios importantes sus electores tradicionales pueden
ser la diferencia entre la victoria o la derrota de los liberales. Lo
más probable es que Osorno decida negociar con el PLC candidaturas
a concejales y a lo sumo alguna para vicealcalde.
Hay una veintena más de partidos
de derecha, pero difícilmente alguno podrá siquiera postular
candidatos propios en media docena de municipios, y seguramente intentarán
sumarse a alguno de los grupos nacionales, para formar sopas de letras
cuyo único mérito es la apariencia de multitud.
Una nueva fuerza aparece en el
escenario: el Partido de Unidad Nacional, cuya principal y solitaria
figura es el General retirado Joaquín Cuadra Lacayo, ex jefe
del Ejército y uno de los más destacados comandantes guerrilleros
en la lucha antisomocista. Aunque logró organizar nominalmente
directivas en todos los municipios, no es aún un partido de arraigo
y su participación en estos comicios será crucial para
definir su futuro político. Pese al origen sandinista de su fundador,
se ha ubicado en el centro derecha, y las sociedades de negocios de
Cuadra con algunos banqueros, se han trasladado también al ámbito
político. En Managua, ha postulado como candidato al conservador
Rafael Córdova Álvarez, un joven abogado que se ha destacado
por su frecuente participación en algunos canales de televisión
y los periódicos, gracias a su discurso de respaldo al gobierno
y contra Alemán. Pero difícilmente podrá alcanzar
el cinco por ciento de los votos.
En el Caribe –donde otro gallo
canta– hay otras fuerzas políticas que también jugarán
su papel. Tanto en la Región Autónoma del Atlántico
Norte como en el Sur, hay fuerzas autóctonas, especialmente Yátama,
que están en capacidad de disputar de igual a igual algunas alcaldías.
De hecho, Yátama no pudo conquistar al menos tres de los seis
ayuntamientos del Norte, debido a la ilegal decisión del Consejo
Supremo Electoral de inhabilitarlo para las elecciones del 2000, con
el objetivo de despejar el panorama para los candidatos liberales. El
resultado, sin embargo, fue contrario a lo que Alemán esperaba:
la abstención en el Caribe fue superior al 60 por ciento, y el
Ejército debió intervenir para frenar la justificada furia
de los indígenas y garantizar la celebración de los comicios.
En estas elecciones, Yátama aspira
a conquistar la capital de la RAAN, Bilwi (Puerto Cabezas) en recia
disputa con los sandinistas, con quienes también lucharán
por el control de Waspán y Bonanza, y con los liberales pelearán
Prinzapolka. En cambio, Waslala se la disputarán los tres partidos
del Pacífico y el FSLN seguramente repetirá en Rosita.
En el Sur, es menos probable que las fuerzas locales logren desalojar
a los partidos nacionales, a excepción de Corn Island y Laguna
de Perlas, aunque tienen un apreciable caudal electoral en Bluefields
y Kukrahill, donde también están implantados liberales
y sandinistas. En el resto, los liberales suelen arrasar en Bocana de
Paiwas, La Cruz de Río Grande, El Tortuguero, Muelle de los Bueyes,
Nueva Guinea y La Desembocadura de Río Grande.
FSLN
al centro ¿izquierda?
A nivel nacional, en el centro izquierda
la única fuerza partidaria que existe en el país, es el
Frente Sandinista. Y aunque en el caso de su cúpula esa definición
es discutible y hasta meritoria de extensos ensayos, es inobjetable
que su base popular está claramente definida como antiimperialista
y hasta socialista en el sentido amplio de la palabra.
Por primera vez desde que no es gobierno,
el FSLN ha adoptado una estrategia electoral y ha diseñado un
plan de acciones con suficiente anticipación. El núcleo
principal es la alianza con un puñado de pequeñas agrupaciones
políticas, como el Movimiento de Renovación Sandinista
(MRS) y el Partido Social Cristiano, y un apreciable contingente de
ex comandos de la contrarrevolución o Resistencia. Bajo el nombre
de Convergencia Nacional, entre sus principales figuras están
la comandante guerrillera Dora María Téllez, el socialcristiano
Agustín Jarquín Anaya, ex contralor y hoy diputado suplente
de Ortega, la abogada conservadora Miriam Argüello, ex presidenta
de la Asamblea Nacional, y el ex campeón mundial de boxeo Alexis
Argüello. Estos últimos tres fueron golpeados por decisiones
del gobierno sandinista: Jarquín y Miriam estuvieron presos seis
meses por organizar una manifestación durante el estado de emergencia
de finales de los 80, y a Alexis le confiscaron todas sus propiedades
por sus vínculos con la dictadura somocista.
Mano
militari: todo para afuera, nada para adentro
La cúpula sandinista ha tomado
dos decisiones fundamentales: la primera en sus propias filas y la otra
frente a sus aliados. A nivel interno, en aquellos municipios considerados
clave –como Managua, León o Matagalpa– el propio
secretario general se ha encargado de señalar claramente quiénes
son sus elegidos y ha reducido drásticamente el universo del
cual pueden emerger los candidatos para cualquiera de los puestos en
disputa, bajo el estricto control del coronel retirado Lenín
Cerna y su temido aparato partidario. Aunque teóricamente mantiene
el mecanismo de elección primaria (la otrora consulta popular),
cada estructura departamental se ocupará de filtrar a los posibles
nominados y estos a su vez, deberán ser aprobados por el comando
nacional encabezado por Ortega y Cerna. Si bien el requisito fundamental
será la lealtad al secretario general, la cúpula tendrá
que complacer a algunos colegas como Tomás Borge, o los intereses
de grupos de poder a nivel departamental –en Managua hay una antigua
y feroz pugna de Cerna con el magistrado Emmett Lang y el diputado Elías
Chévez– para satisfacer mínimamente todos los apetitos,
mantener la cohesión interna y asegurar el trabajo de todos en
la campaña electoral.
También elaboró un
reglamento en el cual se establecen los requisitos formales y los políticos.
Por ejemplo, el artículo 21 dice que para alcaldes o vicealcaldes,
“podrán ser precandidatos y precandidatas (...) los miembros
del FSLN que tengan diez años de membresía ininterrumpida
y para Concejales Propietarios y Suplentes los que tengan siete años”.
Y el artículo 45 del capítulo de las inhibiciones, calcado
del reglamento que rigió las internas de 2000 y 2001 y sirvió
para purgar a todos los dirigentes y militantes que se opusieron al
pacto: “Todos aquellos miembros del Frente Sandinista que violenten
los Estatutos, que ataquen o denigren al Partido, a sus instituciones,
a su dirigencia y a sus miembros en general, por cualquier medio que
sea comprobable, pierden sus derechos partidarios”. ¿Quién
determina cuál es la diferencia entre la crítica y el
ataque, entre cuestionar y denigrar? ¿Con qué parámetros
se mide lo “comprobable”?
Una perla más: en el artículo
29, cuando establece los requisitos formales de los aspirantes a precandidatos,
equipara la militancia partidaria a la afiliación a las organizaciones
gremiales “reconocidas” por el FSLN. En este sentido, dice
que para comprobar que es militante, puede presentar el aval de su respectivo
secretario político o en su defecto “presentar aval escrito
de haber militado en una Organización Gremial reconocida por
el Consejo Sandinista Nacional, firmada por el Secretario Nacional de
dicha (organización)”. Este artículo revela la concepción
que aún prevalece en la cúpula sandinista sobre el carácter
de las formaciones sociales y la fragilidad de la autonomía de
aquellas cuyos dirigentes son militantes de ese partido.
La
repartición del pastel
De cara a sus aliados, ha impuesto un
criterio pragmático para seleccionar las candidaturas: en los
municipios donde el FSLN ganó en los últimos comicios
o en aquellos donde perdió con menos del cinco por ciento de
votos de diferencia y antes los había gobernado, quien encabeza
la fórmula es sandinista y un aliado será postulado para
vicealcalde. En aquéllos donde nunca ha ganado, aunque perdió
con menos del cinco por ciento, el candidato a alcalde será de
la alianza. Donde perdió por entre cinco y diez por ciento, aplicará
una combinación de criterios –incluyendo encuestas–
para seleccionar la fórmula, y en el resto, los aliados serán
los candidatos para alcalde. Sin embargo, en los casos donde supuestamente
un aliado será quien encabece la fórmula, deja abierta
la posibilidad para que también sea un sandinista o un independiente,
pues utiliza la frase “se privilegia a la alianza”, y eso
no obliga a nada, y no menciona nunca a la Convergencia, lo cual abre
las puertas a personalidades que no están vinculadas a ningún
partido político. Pero en compensación, también
establece que la dirección de un departamento “podrá
proponer a la Comisión Ad Hoc que la fórmula la conformen
dos aliados en aquellos municipios que sea de interés del FSLN
proyectar dicha estrategia electoral” o también “podrá
proponer candidatos de alianza para Alcalde en municipios que siendo
del FSLN se considere que un candidato de alianza es la mejor opción
electoral, quedando el cargo de Vicealcalde para el FSLN”.
El reglamento define que “para
el otorgamiento de aval en el caso de los candidatos de alianzas para
el cargo de Alcalde y Vicealcalde se constituye la Comisión Ad
Hoc en el nivel nacional”, la cual “estará presidida
por el Secretario General del FSLN y coordinada por el Departamento
de Organización y estará integrada por el Jefe del departamento
de organización (Cerna), el secretario político departamental,
un representante de la Convergencia Nacional, el ejecutivo nacional
de organización (general retirado Álvaro Baltodano), el
representante del FSLN ante la Convergencia, el secretario político
municipal y el presidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos
y Éticos.
Para las fórmulas de alcalde y
vicealcalde, también establece como mecanismos de selección
de candidatos de alianza: a) los candidatos de alianza corren en las
elecciones primarias en fórmula cerrada con el candidato sandinista;
b) Los candidatos de alianza participan en las elecciones primarias
en Boletas separadas. La Formula definitiva se integra por el candidato
de alianza que resulte en primer lugar con el candidato sandinista que
obtenga el primer lugar; c) en los Municipios donde existan dificultades
para que los candidatos de alianza acepten correr en las elecciones
primarias, podrá utilizarse el mecanismo de selección
por encuesta. El candidato que obtenga el primer lugar se integra a
la fórmula definitiva junto al candidato Sandinista que obtenga
el Primer lugar en las elecciones primarias del FSLN; y d) mecanismos
por consenso en la Comisión Ad hoc. En cambio, decreta que “las
candidaturas para concejales son abiertas, podrán participar
en las elecciones primarias en igualdad de condiciones los candidatos
de alianza que cumplan con los requisitos establecidos para los aliados”.
De acuerdo a esos criterios, el FSLN
se reservó la cabecera de las fórmulas en 71 municipios,
incluyendo ocho capitales departamentales que ahora gobierna Ocotal,
Somoto, Estelí, Chinandega, León, Managua, Matagalpa y
Puerto Cabezas. Además, están Jalapa, El Jícaro,
Telpaneca, San Lucas, Las Sabanas, Condega, Pueblo Nuevo, San Juan de
Limay, San Nicolás, El Viejo, Chichigalpa, Somotillo, Villanueva,
Posoltega, Puerto Morazán, Corinto, El Realejo, San Francisco
del Norte, San Pedro del Norte, Cinco Pinos, Malpaisillo–Larreynaga,
La Paz Centro, Santa Rosa del Peñón, Quezalguaque, Nagarote,
El Sauce, El Jicaral, Achuapa, Telica, Tipitapa, Ciudad Sandino, Mateare,
San Rafael del Sur, Ticuantepe, San Francisco Libre, Masatepe, Niquinohomo,
Tisma, Catarina, Diriamba, San Marcos, Dolores, La Paz de Carazo, El
Rosario, Diriomo, Nandaime, San Juan del Sur, Cárdenas, Altagracia,
Belén, Tola, Potosí, La Libertad, San Ramón, San
Isidro, Tuma La Dalia, Muy Muy, La Concordia, Puerto Cabezas, Waspán,
Bonanza, Rosita, El Castillo y San Miguelito.
En cambio, la Convergencia designará
el candidato a alcalde en 69 municipios, incluyendo cuatro cabeceras
departamentales donde el FSLN no ha ganado: Boaco, Rivas, Masaya y Granada.
Además, Quilalí, Wiwilí–Nueva Segovia, Murra,
Mozonte, Ciudad Antigua, Macuelizo, Santa María, Totogalpa, San
Juan de Río Coco, Yalagüina, Palacagüina, La Trinidad,
Santo Tomás del Norte, Villa Carlos Fonseca, El Crucero, Nindirí,
San Juan de Oriente, La Concepción, La Conquista, Diriá,
Moyogalpa, San Jorge, Buenos Aires, Nueva Guinea, El Rama, Muelle de
los Bueyes, Acoyapa, Santo Tomás, Villa Sandino, Santo Domingo,
Comalapa, San Pedro de Lóvago, El Coral, San Francisco de Cuapa,
El Ayote, Camoapa, Teustepe, San Lorenzo, Santa Lucía, San José
de Los Remates, Río Blanco, Sébaco, Rancho Grande, Terrabona,
San Dionisio, Matiguás, Ciudad Darío, Waslala, El Cuá
Bocay, Wiwilí–Jinotega, Santa María de Pantasma,
San Sebastián de Yalí, San Rafael del Norte, San José
de Bocay, Siuna, Prinzapolka, Paiwas, La Cruz de Río Grande,
El Tortuguero, Laguna de Perlas, Corn Island, Desembocadura de Río
Grande, Morrito, San Juan del Norte y El Almendro.
Quedan pendientes de definición
12 ayuntamientos: tres cabeceras donde ahora gobierna el FSLN, Juigalpa,
San Carlos y Bluefields, otra, Jinotepe, donde por primera vez perdió
en las elecciones pasadas, y Jinotega donde siempre ha perdido por estrecho
margen. También están en esta lista San Fernando, Dipilto,
San José de Cusmapa, Nandasmo, Santa Teresa, Esquipulas y Kukra
Hill.
Desafío
a los convergentes
Al margen de los legítimos cuestionamientos
a los procedimientos autoritarios de la cúpula del FSLN, de las
crudas reservas ideológicas sobre la naturaleza de los intereses
que efectivamente defiende y del carácter pendular de sus posiciones
sobre la situación económica y política del país,
lo cierto es que en esta oportunidad, Ortega y su grupo han actuado
con mucha astucia y pragmatismo. Y de paso, le plantean un desafío
a la Convergencia: demostrar que son más que un grupo de brillantes
personalidades. Para ello, los aliados están obligados a ganar
al menos la tercera parte de los municipios en donde serán cabeza
de lista, y principalmente, las cuatro cabeceras departamentales en
las que desde 1990 no ganan los sandinistas. Si los convergentes lo
logran, alcanzarán una posición privilegiada para negociar
con Ortega listas conjuntas para la Asamblea Nacional y, eventualmente,
hasta pelear la nominación presidencial. En caso contrario, el
FSLN podrá desprenderse sin muchas explicaciones de lo que un
sector importante considera como un lastre político y otros califican
a algunos de esos aliados como oportunistas.
Los dos principales grupos de la Convergencia,
los socialcristianos y el MRS, son quienes están en mejores condiciones
para aprovechar al máximo las puertas abiertas por el FSLN y
colocar a sus principales cuadros como los candidatos a alcalde o vicealcalde,
espacios que después pueden utilizar como catapulta para crecer
como partidos. Sin embargo, paradójicamente, ninguno de ellos
tiene suficiente arraigo en la mayoría de los municipios que
les han concedido para encabezar las fórmulas. Al contrario,
la mayor fuerza de ambos grupos es precisamente donde el poderío
sandinista es indiscutible, como Occidente y Managua.
En cambio, los sandinistas tendrán
la posibilidad de gobernar municipios de base campesina, en donde por
sí solos difícilmente podrán avanzar a mediano
plazo no sólo por los frescos recuerdos de la guerra de los años
80 y sus desastrosas políticas agropecuarias, sino también
porque han sido incapaces de articular una política nacional
de defensa de los intereses de los campesinos y de los trabajadores
agrícolas.
A las astutas decisiones tomadas por
Ortega, hay que sumar un muy favorable panorama económico y social,
dada la torpeza política del gobierno de Bolaños, su desgaste
objetivo y la división de los liberales. Asimismo, el caudillo
sandinista logró finalmente salir airoso de la reciente coyuntura
con el caso de Alemán y la abierta intervención de Estados
Unidos en los asuntos políticos del país. Para lograrlo,
Ortega acudió a su alforja antiimperialista, convenientemente
escondida desde hacía ya algún tiempo y que no quiso utilizar
para denunciar la odiosa imposición de las políticas económicas
neoliberales, como la moderna conquista neocolonial de los norteamericanos.
Y en el caso de Alemán, Ortega no es que no estuviera dispuesto
al borrón y cuenta nueva que desde las filas liberales le han
propuesto, sino que no pudo llegar a un acuerdo sobre la moneda de cambio.
De todas formas, pese a que durante meses mantuvo una política
dual y a veces hasta con declaraciones de simpatía de parte de
algunos connotados miembros de la cúpula hacia Alemán,
el fallo de la jueza Juana Méndez y su posterior ratificación
por el Tribunal de Apelaciones de Managua, le ha permitido asir como
propia la bandera contra la corrupción, y ahora tiene una oportunidad
de oro de capitalizar electoralmente esa imagen.
Ganar
Managua, 13 cabeceras y 50 municipios
En tales condiciones, no es aventurado
afirmar que el FSLN tiene la posibilidad real de repetir sus triunfos
en Managua, León, Chinandega, Matagalpa, Estelí, Somoto,
Ocotal, Puerto Cabezas y San Carlos, y reconquistar Jinotepe. De sus
aliados dependerá que logren conservar Bluefields y Juigalpa,
y ganar en Jinotega y Granada. Difícilmente podrán triunfar
en Boaco, Masaya y Rivas. De las 25 ciudades de mayor importancia por
su población o su economía, además de las cabeceras
citadas es muy probable que logren hacerse de los gobiernos de Jalapa,
Corinto, Chichigalpa, Condega, El Viejo, Tipitapa, Ciudad Sandino, Masatepe
y Nandaime. Del resto, quizás logren mantener al menos 30 ayuntamientos
y conquistar unos doce o quince más, sobre todo en los departamentos
de Masaya, Carazo, Granada, Rivas y Matagalpa.
El principal obstáculo que debe
vencer la alianza Convergencia-FSLN, es la política hostil de
Estados Unidos. No obstante, el daño puede ser relativo, puesto
que excepto Managua –por razones obvias– en la vida municipal
este tipo de enfrentamientos no necesariamente influye en los electores.
Precisamente la codiciada capital, como ya hemos apuntado, será
la muchacha más disputada. Los sandinistas tienen a su favor
una buena gestión del alcalde Herty Lewittes. Su mérito
más importante es que ha acabado con la corrupción como
estilo de gobierno y aunque algunos de sus funcionarios no han estado
exentos de fundamentadas acusaciones de manejos sospechosos, el alcalde
como tal y el gobierno municipal en su conjunto, han logrado revertir
la percepción ciudadana de que la alcaldía de Managua
servía para enriquecer al alcalde y al partido de turno. Además,
Lewittes incrementó sustancialmente la recaudación tributaria,
ha resuelto gran parte del problema de la recolección de la basura,
ha habilitado miles de kilómetros de las destrozadas calles de
la ciudad, con gran esfuerzo logró mantener el precario equilibrio
con los sindicatos de todo signo y ha sabido jinetear a los hostigosos
y a veces intransigentes empresarios del transporte urbano.
Si a esto sumamos el inteligente manejo
de Lewites con Bolaños –el uno llama al otro amigo–
y el talante no confrontativo de su gestión, el FSLN tiene un
excelente punto de partida para intentar retener el control de la capital.
Si bien el candidato designado, Dionisio Marenco, no es un político
carismático, esto puede neutralizarlo con una adecuada estrategia
de marketing electoral. Marenco intentará balancear ese aspecto
negativo con su innegable capacidad organizativa y sus nuevos conocimientos
municipalistas, para lo cual ha dedicado muchos meses de estudio en
Brasil y otros países con experiencias exitosas en ese ramo.
Además, su compañero de fórmula, Alexis Argüello,
sí es un hombre popular entre las grandes masas de electores
no sólo por su extraordinaria carrera deportiva (la mejor en
la historia del país) sino por su origen humilde y su permanente
vinculación con los sectores populares.
Vistos los resultados del 2000, si la
derecha se une, para vencerla el FSLN necesita ganar por mayoría
absoluta. Y el principal escollo a vencer no proviene ni de su fórmula
ni de su eventual propuesta ni de su gestión actual: la derecha
seguramente agitará los miedos aún latentes en la memoria
colectiva de un importante sector del electorado. En el 2000 lo intentó
y, si sumamos el 29% que logró el PLC con el 25% –suman
el 54%– que alcanzó el candidato conservador, podríamos
decir que lo logró.
En otros términos, los sandinistas
tiene también ante sí una formidable oportunidad para
dar un giro a su patética actuación política de
los últimos ocho años. No sólo es la posibilidad
real de surgir como la primera fuerza partidaria, sino la manera en
cómo lo logren: una vez electos los candidatos (porque en el
FSLN de ahora, las cosas se hacen al revés), pueden desatar un
intenso proceso participativo de los ciudadanos en cada municipio, evaluando
la gestión del gobierno saliente y proponiendo el programa para
el entrante. De esa manera, estarían sentando las bases para
involucrar efectivamente a la gente en la gestión de su ayuntamiento,
consolidando el proceso democrático y participativo, sin importar
quién gane la elección particular. ¿La sabrán
aprovechar?