Análisis de la Actualidad

Estudios de la Coyuntura

– Febrero de 2004 –

 

FSLN favorito para ganar las elecciones municipales.

Noviembre, choque de trenes

Por William Grigsby Vado,

para la Revista Envío, de Febrero 2004.

      No fue un repentino ataque de “democraciatitis” lo que hizo desistir a Arnoldo Alemán, Daniel Ortega y Enrique Bolaños en su pretensión de acabar con la independencia de las elecciones municipales, pero de todas formas es una buena noticia que este año sí se van a realizar, y ya el Consejo Supremo Electoral ha convocado a casi tres millones de electores a concurrir a las urnas el domingo 7 de noviembre, para elegir a alcaldes, vicealcaldes y concejales de 152 gobiernos locales.

      Si bien en un país cuya dinamia política es muy intensa y hace que lo que hoy es de una manera, mañana sea exactamente lo contrario, todavía es prematuro anticipar resultados, gran parte de los trazos fundamentales del ambiente en el cual se van a realizar los comicios, ya están dibujados. Es posible entonces, atisbar el panorama que puede surgir dentro de menos de 300 días, por encima de los imponderables.

      La estrategia del FSLN y del PLC para las elecciones de 2000 y 2001, estaba signada por el pacto de 1999 entre Alemán y Ortega. Cada quien lo hizo con el obsesivo deseo de imponerse como únicas alternativas políticas, eliminando de un solo machetazo a casi todos los competidores, apropiándose impúdicamente de instrumentos claves como el Consejo Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia y cercenando el derecho de los ciudadanos a postularse como candidatos sin necesidad de militar en un partido.

      Cinco años después el panorama parece un poco distinto. Si bien las atrocidades políticas y jurídicas del pacto continúan esencialmente vigentes, en estas elecciones podrán competir casi 30 partidos que habían perdido su personería, los liberales están divididos y la sociedad en su conjunto parece harta de una clase política mezquina, corrupta y ambiciosa, y de un sistema económico que por más que predica el bienestar para todos, ha hundido al país en la miseria y la desesperanza.

Los actores principales

      Serán tres los actores fundamentales –el gobierno, los liberales y los sandinistas–, algunos periféricos –sobre todo los partidos Conservador, Camino Cristiano y Unidad Nacional– y por enésima vez en la historia nicaragüense, habrá un árbitro extranjero cuyas pezuñas suelen convertirse en garras para unos y palmadas al hombro para otros: el gobierno de Estados Unidos. De hecho, los últimos movimientos de todas las fuerzas políticas dominantes en Nicaragua, han estado contaminados por las directrices de los delegados del grupo fanático que dirige la política exterior norteamericana.

      Ganar las elecciones municipales tiene varios significados. Para los liberales, no es suficiente repetir en sus 94 alcaldías, sino conquistar la mayor cantidad posible de capitales departamentales, especialmente Managua. En cambio, para los sandinistas es de vida o muerte ganar la capital no sólo porque en ella vive la quinta parte de los habitantes, sino también porque sería un premio a la gestión de gobierno de un alcalde conciliador y porque los colocaría en primera línea para las presidenciales del 2006. Por esas mismas razones, una derrota sería catastrófica. Con tal de ganar Managua, los sandinistas podrían hasta conformarse con simplemente mantener el control de los municipios que ahora dominan y con la ayuda de sus aliados de la Convergencia lograr una docena más. En otras palabras, la batalla principal será Managua y quien la gane, podrá decir que ganó las elecciones.

      En número de alcaldías conquistadas, en las últimas elecciones los sandinistas se alzaron con 52, los liberales con 94 y los conservadores con cinco. Pero cualitativamente, la victoria fue para el FSLN pues no sólo ganó 11 de las 17 capitales departamentales, sino que además ganó en 17 de las 25 ciudades más pobladas del país, lo cual lo llevó a gobernar a más del 60 por ciento de la población. En otras palabras, los sandinistas se confirmaron como la fuerza hegemónica a nivel urbano y los liberales a nivel rural.

      Todavía no se puede decir con certeza, pero si finalmente los liberales llegan a elecciones divididos en dos fuerzas –el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de la familia Alemán, y el partido Gran Unidad Liberal (GUL) de Bolaños y sus amigos– lo más probable es que los sandinistas repitan su triunfo de 2000 en las 11 capitales departamentales que ahora gobiernan, y conquisten otras tres. Y en el resto de los municipios, podrían vencer en un total de entre 60 y 70 municipios.

      En cambio, para que los liberales logren ganar más alcaldías y recuperar el control de Managua, Matagalpa o Chinandega, por ejemplo, lo crucial no es su reunificación –al menos para las elecciones– sino que las fuerzas antisandinistas postulen candidaturas únicas. Una prueba es lo ocurrido en el 2000: los candidatos conservadores, y en menor medida los de Camino Cristiano, le impidieron al PLC alzarse con la victoria en por lo menos 30 de las 52 que ganaron los sandinistas.

Comendadores al rescate

      Precisamente por esto, es que los comendadores norteamericanos han tomado las riendas de los asuntos políticos domésticos. La banda de Colin Powell y sus compinches de origen cubano, son los mismos que articularon la guerra de agresión contra Nicaragua en la década de los 80 y si bien están contentos porque los gobiernos electos entre 1990 y 2001 han surgido de entre sus huestes, se han trazado como objetivo fundamental la reducción del sandinismo a la mínima expresión, cuando no erradicarlos como fuerza política. Es por eso que impulsan el desarme humillante del Ejército, reunificaron a los diputados liberales para elegir la directiva del parlamento, preparan la barrida de sandinistas en el poder judicial y están dispuestos a dejar en libertad al corrupto Arnoldo Alemán.

      Aún está por verse qué hará Estados Unidos con los conservadores y otras fuerzas de derecha. Los resultados de las municipales del 2000, los animaron a impulsar un candidato único en las generales del 2001, cuando de la mano de Carlos Pellas –el todopoderoso empresario más rico de Centro América– sacrificaron a Noel Vidaurre cuando las encuestas le otorgaban el respaldo de más de la quinta parte del electorado. A cambio, Pellas impuso a Alemán un candidato: Enrique Bolaños. Dada la complejidad de los comicios locales, es muy difícil que los norteamericanos logren sembrar listas únicas. En cambio, podrían –por ejemplo– propiciar un acuerdo entre todas las fuerzas de derecha, para que cada quien decline sus respectivas candidaturas en aquellas municipalidades donde no tengan oportunidad real de triunfar o a favor de quien esté en primer lugar en las encuestas.

      Al margen de los intereses globales de los norteamericanos, Alemán y Bolaños tienen otras necesidades políticas particulares, que conforman una situación peliaguda aunque no antagónica. Para bolañistas y arnoldistas las elecciones pueden ser el escenario ideal para demostrar al otro a quién respalda la base liberal. Pero eso dependerá de cuánto presione Washington para su reunificación.

      Uno y otro quiere demostrar quién es más poderoso o más simpático ante los ciudadanos. Y cada quien hará todos los esfuerzos posibles para demostrarlo. Cada uno tiene una fuerza respetable. Alemán, la maquinaria partidaria. El presidente, dispone del dinero y del padrinazgo norteamericano. Al PLC le gustaría concurrir sin Bolaños y sus amigos, porque de esa forma los nuevos alcaldes –y los recursos que administren– quedarán bajo su control y de paso, por supuesto, como especie de revancha política. El mandatario en cambio está dispuesto a la reunificación, pero con la condición de asumir el control al menos parcial de quiénes serán los candidatos, la administración de los fondos y la estrategia electoral.

      Para seleccionar los candidatos, sobre todo los que encabecen las listas, los criterios de ambos son encontrados. Para Alemán lo fundamental será la lealtad incondicional, la cual se demuestra entre otras cosas en no ser empleado del gobierno. En cambio, para Bolaños es exactamente al revés. Desde las filas del PLC se escuchó la propuesta de elegir sobre la base de encuestas, tomando en cuenta a cualquiera sin importar si está en un bando o en otro, y aunque el proponente fue virtualmente aplastado por su osadía, desde las oficinas de la comendadora Barbara Moore ya se ha escuchado que esa es la solución salomónica.

Mil millones para divertirse

      El Presidente está usando su acceso privilegiado a los fondos públicos como arma para negociar con el PLC. El partido de Alemán está en la bancarrota financiera: huérfano de los recursos del estado, sin capacidad para organizar un sistema de cuotas militantes, sin la generosidad de los empresarios del COSEP, sin las coimas que pagaban los inversionistas extranjeros para recibir favores y sin las arcas comunales de Managua. En esas condiciones, sólo depende de la fortuna del propio caudillo –mermada por los gastos de su defensa y porque ya no es capaz de seguirse incrementando– y de algunos recursos que pueda extraer de la Asamblea Nacional para financiar la campaña electoral.

      En cambio, Bolaños sí tiene dinero disponible. Detrás suyo está el gran capital financiero y el resto de los empresarios, encabezados por el grupo Pellas, y por si fuera poco, está dispuesto a repetir la operación que en su momento hizo Alemán en sus tiempos de alcalde de la capital o de Presidente de la República: ocupar los fondos públicos para financiar la campaña.

      Varios economistas independientes han denunciado que en forma deliberada el gobierno ha ocultado el ingreso fiscal de al menos mil millones de córdobas y los analistas advierten que una de las razones es reservar ese dinero para la campaña electoral. "El gobierno presupuesta un monto de recaudación de impuestos de C$10,196 millones, equivalentes a US$640 millones en 2004, y aproximadamente igual al 15% del PIB. Este porcentaje de la carga tributaria conduce a afirmar que no es correcta la proyección de la recaudación de impuestos para 2004, ya que la carga tributaria de 2003 se ubica en el nivel de 16.4% del PIB", dice Néstor Avendaño, catedrático universitario y doctor en economía.

      Esta proyección la confirma Adolfo Acevedo, otro destacado economista y asesor de la Coordinadora Civil: “En efecto, esa proyección de recaudación de impuestos, no puede de ninguna manera ser correcta. Es fraudulenta. El Programa con el FMI se basa en que en 2004 la carga tributaria se mantiene relativamente invariable en 2004 en relación a 2003, es decir en 16.5% del PIB. La caída proyectada en el presupuesto, es sencillamente imposible. Después de la Reforma Tributaria de 2003 se esperaba un incremento en la recaudación en base anual de 1.2% del PIB, y en efecto se tradujo en un sobre cumplimiento de las metas de recaudación acordadas con el FMI en Agosto de 2003. Esta caída proyectada en el Presupuesto 2004, equivale a una reducción de 1.5 puntos porcentuales del PIB.  Esto sólo sería posible, hipotéticamente, en el caso de una drástica contracción económica, no con un crecimiento previsto del PIB.  De hecho, lo mínimo que cabe esperar es que la recaudación tributaria aumente en la misma proporción que el PIB corriente, manteniendo invariable la carga tributaria. Así lo atestigua la evidencia empírica, sin excepción, en todo el mundo, y en nuestro país. Es una regla básica. No hay manera de que ocurra una caída de semejante magnitud”.

      Acevedo calcula que “si aplicamos a la recaudación de 2003 la tasa de crecimiento del PIB nominal de 9.9%, esto nos da una recaudación mínima esperada para 2004 de 11 mil 200 millones de córdobas, que equivaldría por cierto al 16.5% del PIB. De hecho, mientras el Gobierno presupuesta una recaudación de impuestos para 2004 de C$10,196 millones, la meta de recaudación acordada con el FMI para 2004 asciende a C$11,350 millones. Es decir, que el Gobierno no está presupuestando más de C$1,000 millones en recaudación que es lo mínimo que cabría esperar, y es la meta acordada con el FMI”.

      Evidentemente, el gobierno tomó esa decisión con el consentimiento expreso del FMI. La pregunta es: ¿en qué utilizará ese dinero? Hay tres respuestas probables: financiar la campaña electoral de los liberales (sin importar el grupo que decida respaldar), robarlo y distribuir ese dinero entre quienes detentan el poder, o hacerlos aparecer mágicamente a mediados del ejercicio presupuestario, para asignarlo según sus prioridades políticas (pagar más a los banqueros por los intereses de la deuda interna, por ejemplo). Quizás hay una cuarta respuesta: una combinación de las tres anteriores.

      Otras palancas que seguramente usará el Presidente, son los proyectos ejecutados con fondos fiscales desde el Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE) o desde otros instrumentos gubernamentales para el campo o la ciudad, mediante los cuales intentará impactar al electorado de determinados municipios, de acuerdo a sus intereses partidarios.

Bocanada de aire fresco

      Además, el mandatario también tiene a su disposición otro recurso de magnífica utilidad: la asignación de los recursos externos destinados a las municipalidades. Los sandinistas denunciaron recientemente que alrededor de tres millones de dólares donados por Holanda para inversiones municipales, fueron repartidos arbitrariamente por el Instituto de Fomento Municipal (INIFOM), privilegiando a los ayuntamientos liberales. Lo extraordinario del caso no es la conducta oficial, sino la reacción de los alcaldes: los 151 –arnoldistas, bolañistas, conservadores y sandinistas– agrupados en la Asociación de Municipios de Nicaragua (AMUNIC) rechazaron los criterios del gobierno y exigieron una distribución proporcional a la población y a los ingresos de cada ayuntamiento. La decisión de AMUNIC va mucho más allá de lo anecdótico: refleja la madurez alcanzada entre los líderes locales. Es, sin duda, un hecho esperanzador, una bocanada de aire fresco sobre la caótica situación general. También otorga la razón a las voces que desde la sociedad civil se opusieron vigorosamente a la postergación de las elecciones municipales y la cancelación de su independencia, pues demuestra que los asuntos locales –cada vez menos polarizados– tienen una naturaleza esencialmente diferente a los nacionales.

      Un sector de los dirigentes del GUL, encabezado por el ministro de TELCOR Eduardo Urcuyo y el presidente de INIFOM Alejandro Fiallos, estima que sus padrinos norteamericanos les dejarán suficiente margen de autonomía, pues lo que está en disputa no es la presidencia. Es decir, que Washington no vetará la participación de dos agrupaciones liberales. Pero una cosa parece segura: si el GUL y el PLC concurren por separado ante los electores, Bolaños sufrirá una humillante derrota, porque difícilmente sus candidatos logren ganar siquiera una alcaldía. Y no es porque no tenga partidarios, sino porque –de acuerdo al comportamiento histórico de las bases partidarias en Nicaragua– finalmente los electores votan por quien les propone su partido. En ese caso, los bolañistas más optimistas apuestan a conquistar un tercio del electorado liberal y con ello, impedir que sus adversarios superen o tan solo igualen sus resultados del 2000. De acuerdo con sus cálculos, con ese tercio del electorado estarían en una mejor posición para negociar con Alemán el control del partido y de las candidaturas para las elecciones generales del 2006, aún y cuando el precio que paguen sea la victoria de los sandinistas en las municipales.

La derecha necesita a Alemán libre

      El factor clave es la libertad o la prisión de Alemán. Hasta ahora, Bolaños ha dicho que no respalda la exoneración por ninguna vía –llámese amnistía o fallo judicial– de su antiguo mentor político. Desde noviembre, después de la visita del general Colin Powell, la embajada guarda un elocuente y también embarazoso silencio sobre la presunta lucha contra la corrupción de la administración Bolaños. Y se sabe por diversas fuentes, que la señora Moore ha discutido las condiciones políticas que permitirían la liberación del caudillo liberal.

      Según esas fuentes, los norteamericanos se han convencido que Alemán ganó la batalla intestina entre los liberales, y su fortaleza es de tal magnitud, que no se puede pensar en ganar elecciones, sin tomar en cuenta al caudillo liberal. Incluso, agregan, uno de los enviados de Washington habría comentado en privado al Presidente, que reconsidere su posición, puesto que es un hecho inobjetable el liderazgo de Alemán entre la base liberal y su control total sobre el partido.

      “Los demócratas necesitamos la influencia de Alemán, para impedir que los sandinistas avancen”, le habría dicho ese funcionario norteamericano al mandatario. Por esa razón, dicen los informantes, el departamento de Estado habría acordado con el PLC no inmiscuirse en ninguna iniciativa legislativa o judicial conducente a la exoneración de Alemán, con dos condiciones: que tanto el partido como sus 42 diputados respalden todas las iniciativas del poder ejecutivo, y una vez en libertad, que el caudillo deje gobernar a Bolaños. Si Alemán queda libre y exonerado –al margen de las brutales consecuencias para la vida democrática del país y para el propio Bolaños– es una señal inequívoca de que no habrá dos partidos liberales en la liza electoral de noviembre próximo.

      Mientras Estados Unidos decide, en cada municipio ya se han lanzado múltiples candidaturas desde uno u otro agrupamiento liberal. En Managua, la candidatura del PLC la disputan Pedro Joaquín Chamorro Barrios (quien fue ministro y embajador del gobierno de Alemán) y Víctor Cedeño, actual diputado y más estrechamente vinculado con el caudillo, en razón de que son cómplices de actos corruptos cuando ambos trabajaban en la Alcaldía de Managua. En cualquier caso, necesitan la aprobación expresa de Alemán, y ambos saben qué requisitos necesitan para lograr esa anhelada bendición. Los bolañistas han postulado a Leonel Téller, ex diputado y ex embajador del gobierno anterior hasta que fue destituido. Aunque cada quien paga encuestas para aparecer en el primer lugar, parece un hecho que ninguno de los tres tiene suficiente carisma y capital electoral personal, como para imponer su candidatura por sí mismo en su respectivo partido, menos aún si se trata de designar un único candidato liberal.

      Algunos dirigentes del PLC muy cercanos a Alemán, advierten que su líder no se pronunciará por ninguno, “hasta que el cuadro esté rayado”. Es decir, hasta que se sepa con certeza si habrá o no candidaturas unificadas de los liberales. Por supuesto, para Alemán es innegociable su propia libertad. Sus decisiones estarán directamente vinculadas a si lo logra o no.

       Para que los liberales avancen, como hemos dicho, no es suficiente presentar candidaturas únicas. El Partido Conservador (PC) intentará conservar el gobierno de los cinco municipios que ahora detenta y quizás lograr de tres a cinco ayuntamientos más en los departamentos de Chontales y Boaco, principalmente. Aunque la decisión final no está en manos de sus dirigentes, sino de sus propietarios (la familia Pellas) quienes a su vez actuarán de acuerdo a los intereses norteamericanos, los conservadores también aspiran a igualar o mejorar sus resultados en Managua, después que en el 2000, con el empresario William Báez de candidato, lograron más del 25 por ciento de los votos, aprovechando el descontento del electorado de derecha con la gestión de gobierno de Alemán, signada por la corrupción y el despilfarro. Los conservadores tienen dos opciones de alianza: con los liberales si van unificados, o con Bolaños si estos van divididos. De hecho, ese antecedente en Managua es su principal carta de negociación con los liberales. En cualquier caso, lo más probable es que decidan alianzas por municipio y no a nivel general.

Actores periféricos

       La cuarta fuerza nacional de la derecha con caudal electoral propio, es el Partido Camino Cristiano. Sus líderes, encabezados por el reverendo Guillermo Osorno, son encarnizados defensores de Alemán y apasionados partidarios de Estados Unidos. Su máxima demostración de fuerza fue en las elecciones generales de 1996, cuando lograron más del cuatro por ciento de los votos y se instalaron con su propia bancada parlamentaria. Sin embargo, ni en ese año ni en el 2000, lograron ganar al menos una alcaldía. Al año siguiente, concurrieron como parte de la Alianza Liberal encabezada por el PLC, y lograron cuatro diputados. Aunque no se percibe ningún crecimiento de su fuerza, en al menos una docena de municipios importantes sus electores tradicionales pueden ser la diferencia entre la victoria o la derrota de los liberales. Lo más probable es que Osorno decida negociar con el PLC candidaturas a concejales y a lo sumo alguna para vicealcalde.

      Hay una veintena más de partidos de derecha, pero difícilmente alguno podrá siquiera postular candidatos propios en media docena de municipios, y seguramente intentarán sumarse a alguno de los grupos nacionales, para formar sopas de letras cuyo único mérito es la apariencia de multitud.

       Una nueva fuerza aparece en el escenario: el Partido de Unidad Nacional, cuya principal y solitaria figura es el General retirado Joaquín Cuadra Lacayo, ex jefe del Ejército y uno de los más destacados comandantes guerrilleros en la lucha antisomocista. Aunque logró organizar nominalmente directivas en todos los municipios, no es aún un partido de arraigo y su participación en estos comicios será crucial para definir su futuro político. Pese al origen sandinista de su fundador, se ha ubicado en el centro derecha, y las sociedades de negocios de Cuadra con algunos banqueros, se han trasladado también al ámbito político. En Managua, ha postulado como candidato al conservador Rafael Córdova Álvarez, un joven abogado que se ha destacado por su frecuente participación en algunos canales de televisión y los periódicos, gracias a su discurso de respaldo al gobierno y contra Alemán. Pero difícilmente podrá alcanzar el cinco por ciento de los votos.

      En el Caribe –donde otro gallo canta– hay otras fuerzas políticas que también jugarán su papel. Tanto en la Región Autónoma del Atlántico Norte como en el Sur, hay fuerzas autóctonas, especialmente Yátama, que están en capacidad de disputar de igual a igual algunas alcaldías. De hecho, Yátama no pudo conquistar al menos tres de los seis ayuntamientos del Norte, debido a la ilegal decisión del Consejo Supremo Electoral de inhabilitarlo para las elecciones del 2000, con el objetivo de despejar el panorama para los candidatos liberales. El resultado, sin embargo, fue contrario a lo que Alemán esperaba: la abstención en el Caribe fue superior al 60 por ciento, y el Ejército debió intervenir para frenar la justificada furia de los indígenas y garantizar la celebración de los comicios.

      En estas elecciones, Yátama aspira a conquistar la capital de la RAAN, Bilwi (Puerto Cabezas) en recia disputa con los sandinistas, con quienes también lucharán por el control de Waspán y Bonanza, y con los liberales pelearán Prinzapolka. En cambio, Waslala se la disputarán los tres partidos del Pacífico y el FSLN seguramente repetirá en Rosita. En el Sur, es menos probable que las fuerzas locales logren desalojar a los partidos nacionales, a excepción de Corn Island y Laguna de Perlas, aunque tienen un apreciable caudal electoral en Bluefields y Kukrahill, donde también están implantados liberales y sandinistas. En el resto, los liberales suelen arrasar en Bocana de Paiwas, La Cruz de Río Grande, El Tortuguero, Muelle de los Bueyes, Nueva Guinea y La Desembocadura de Río Grande.

FSLN al centro ¿izquierda?

      A nivel nacional, en el centro izquierda la única fuerza partidaria que existe en el país, es el Frente Sandinista. Y aunque en el caso de su cúpula esa definición es discutible y hasta meritoria de extensos ensayos, es inobjetable que su base popular está claramente definida como antiimperialista y hasta socialista en el sentido amplio de la palabra.

      Por primera vez desde que no es gobierno, el FSLN ha adoptado una estrategia electoral y ha diseñado un plan de acciones con suficiente anticipación. El núcleo principal es la alianza con un puñado de pequeñas agrupaciones políticas, como el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) y el Partido Social Cristiano, y un apreciable contingente de ex comandos de la contrarrevolución o Resistencia. Bajo el nombre de Convergencia Nacional, entre sus principales figuras están la comandante guerrillera Dora María Téllez, el socialcristiano Agustín Jarquín Anaya, ex contralor y hoy diputado suplente de Ortega, la abogada conservadora Miriam Argüello, ex presidenta de la Asamblea Nacional, y el ex campeón mundial de boxeo Alexis Argüello. Estos últimos tres fueron golpeados por decisiones del gobierno sandinista: Jarquín y Miriam estuvieron presos seis meses por organizar una manifestación durante el estado de emergencia de finales de los 80, y a Alexis le confiscaron todas sus propiedades por sus vínculos con la dictadura somocista.

Mano militari: todo para afuera, nada para adentro

      La cúpula sandinista ha tomado dos decisiones fundamentales: la primera en sus propias filas y la otra frente a sus aliados. A nivel interno, en aquellos municipios considerados clave –como Managua, León o Matagalpa– el propio secretario general se ha encargado de señalar claramente quiénes son sus elegidos y ha reducido drásticamente el universo del cual pueden emerger los candidatos para cualquiera de los puestos en disputa, bajo el estricto control del coronel retirado Lenín Cerna y su temido aparato partidario. Aunque teóricamente mantiene el mecanismo de elección primaria (la otrora consulta popular), cada estructura departamental se ocupará de filtrar a los posibles nominados y estos a su vez, deberán ser aprobados por el comando nacional encabezado por Ortega y Cerna. Si bien el requisito fundamental será la lealtad al secretario general, la cúpula tendrá que complacer a algunos colegas como Tomás Borge, o los intereses de grupos de poder a nivel departamental –en Managua hay una antigua y feroz pugna de Cerna con el magistrado Emmett Lang y el diputado Elías Chévez– para satisfacer mínimamente todos los apetitos, mantener la cohesión interna y asegurar el trabajo de todos en la campaña electoral.

       También elaboró un reglamento en el cual se establecen los requisitos formales y los políticos. Por ejemplo, el artículo 21 dice que para alcaldes o vicealcaldes, “podrán ser precandidatos y precandidatas (...) los miembros del FSLN que tengan diez años de membresía ininterrumpida y para Concejales Propietarios y Suplentes los que tengan siete años”. Y el artículo 45 del capítulo de las inhibiciones, calcado del reglamento que rigió las internas de 2000 y 2001 y sirvió para purgar a todos los dirigentes y militantes que se opusieron al pacto: “Todos aquellos miembros del Frente Sandinista que violenten los Estatutos, que ataquen o denigren al Partido, a sus instituciones, a su dirigencia y a sus miembros en general, por cualquier medio que sea comprobable, pierden sus derechos partidarios”. ¿Quién determina cuál es la diferencia entre la crítica y el ataque, entre cuestionar y denigrar? ¿Con qué parámetros se mide lo “comprobable”?

       Una perla más: en el artículo 29, cuando establece los requisitos formales de los aspirantes a precandidatos, equipara la militancia partidaria a la afiliación a las organizaciones gremiales “reconocidas” por el FSLN. En este sentido, dice que para comprobar que es militante, puede presentar el aval de su respectivo secretario político o en su defecto “presentar aval escrito de haber militado en una Organización Gremial reconocida por el Consejo Sandinista Nacional, firmada por el Secretario Nacional de dicha (organización)”. Este artículo revela la concepción que aún prevalece en la cúpula sandinista sobre el carácter de las formaciones sociales y la fragilidad de la autonomía de aquellas cuyos dirigentes son militantes de ese partido.

La repartición del pastel

      De cara a sus aliados, ha impuesto un criterio pragmático para seleccionar las candidaturas: en los municipios donde el FSLN ganó en los últimos comicios o en aquellos donde perdió con menos del cinco por ciento de votos de diferencia y antes los había gobernado, quien encabeza la fórmula es sandinista y un aliado será postulado para vicealcalde. En aquéllos donde nunca ha ganado, aunque perdió con menos del cinco por ciento, el candidato a alcalde será de la alianza. Donde perdió por entre cinco y diez por ciento, aplicará una combinación de criterios –incluyendo encuestas– para seleccionar la fórmula, y en el resto, los aliados serán los candidatos para alcalde. Sin embargo, en los casos donde supuestamente un aliado será quien encabece la fórmula, deja abierta la posibilidad para que también sea un sandinista o un independiente, pues utiliza la frase “se privilegia a la alianza”, y eso no obliga a nada, y no menciona nunca a la Convergencia, lo cual abre las puertas a personalidades que no están vinculadas a ningún partido político. Pero en compensación, también establece que la dirección de un departamento “podrá proponer a la Comisión Ad Hoc que la fórmula la conformen dos aliados en aquellos municipios que sea de interés del FSLN proyectar dicha estrategia electoral” o también “podrá proponer candidatos de alianza para Alcalde en municipios que siendo del FSLN se considere que un candidato de alianza es la mejor opción electoral, quedando el cargo de Vicealcalde para el FSLN”.

      El reglamento define que “para el otorgamiento de aval en el caso de los candidatos de alianzas para el cargo de Alcalde y Vicealcalde se constituye la Comisión Ad Hoc en el nivel nacional”, la cual “estará presidida por el Secretario General del FSLN y coordinada por el Departamento de Organización y estará integrada por el Jefe del departamento de organización (Cerna), el secretario político departamental, un representante de la Convergencia Nacional, el ejecutivo nacional de organización (general retirado Álvaro Baltodano), el representante del FSLN ante la Convergencia, el secretario político municipal y el presidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos y Éticos.

      Para las fórmulas de alcalde y vicealcalde, también establece como mecanismos de selección de candidatos de alianza: a) los candidatos de alianza corren en las elecciones primarias en fórmula cerrada con el candidato sandinista; b) Los candidatos de alianza participan en las elecciones primarias en Boletas separadas. La Formula definitiva se integra por el candidato de alianza que resulte en primer lugar con el candidato sandinista que obtenga el primer lugar; c) en los Municipios donde existan dificultades para que los candidatos de alianza acepten correr en las elecciones primarias, podrá utilizarse el mecanismo de selección por encuesta. El candidato que obtenga el primer lugar se integra a la fórmula definitiva junto al candidato Sandinista que obtenga el Primer lugar en las elecciones primarias del FSLN; y d) mecanismos por consenso en la Comisión Ad hoc. En cambio, decreta que “las candidaturas para concejales son abiertas, podrán participar en las elecciones primarias en igualdad de condiciones los candidatos de alianza que cumplan con los requisitos establecidos para los aliados”.

      De acuerdo a esos criterios, el FSLN se reservó la cabecera de las fórmulas en 71 municipios, incluyendo ocho capitales departamentales que ahora gobierna Ocotal, Somoto, Estelí, Chinandega, León, Managua, Matagalpa y Puerto Cabezas. Además, están Jalapa, El Jícaro, Telpaneca, San Lucas, Las Sabanas, Condega, Pueblo Nuevo, San Juan de Limay, San Nicolás, El Viejo, Chichigalpa, Somotillo, Villanueva, Posoltega, Puerto Morazán, Corinto, El Realejo, San Francisco del Norte, San Pedro del Norte, Cinco Pinos, Malpaisillo–Larreynaga, La Paz Centro, Santa Rosa del Peñón, Quezalguaque, Nagarote, El Sauce, El Jicaral, Achuapa, Telica, Tipitapa, Ciudad Sandino, Mateare, San Rafael del Sur, Ticuantepe, San Francisco Libre, Masatepe, Niquinohomo, Tisma, Catarina, Diriamba, San Marcos, Dolores, La Paz de Carazo, El Rosario, Diriomo, Nandaime, San Juan del Sur, Cárdenas, Altagracia, Belén, Tola, Potosí, La Libertad, San Ramón, San Isidro, Tuma La Dalia, Muy Muy, La Concordia, Puerto Cabezas, Waspán, Bonanza, Rosita, El Castillo y San Miguelito.

      En cambio, la Convergencia designará el candidato a alcalde en 69 municipios, incluyendo cuatro cabeceras departamentales donde el FSLN no ha ganado: Boaco, Rivas, Masaya y Granada. Además, Quilalí, Wiwilí–Nueva Segovia, Murra, Mozonte, Ciudad Antigua, Macuelizo, Santa María, Totogalpa, San Juan de Río Coco, Yalagüina, Palacagüina, La Trinidad, Santo Tomás del Norte, Villa Carlos Fonseca, El Crucero, Nindirí, San Juan de Oriente, La Concepción, La Conquista, Diriá, Moyogalpa, San Jorge, Buenos Aires, Nueva Guinea, El Rama, Muelle de los Bueyes, Acoyapa, Santo Tomás, Villa Sandino, Santo Domingo, Comalapa, San Pedro de Lóvago, El Coral, San Francisco de Cuapa, El Ayote, Camoapa, Teustepe, San Lorenzo, Santa Lucía, San José de Los Remates, Río Blanco, Sébaco, Rancho Grande, Terrabona, San Dionisio, Matiguás, Ciudad Darío, Waslala, El Cuá Bocay, Wiwilí–Jinotega, Santa María de Pantasma, San Sebastián de Yalí, San Rafael del Norte, San José de Bocay, Siuna, Prinzapolka, Paiwas, La Cruz de Río Grande, El Tortuguero, Laguna de Perlas, Corn Island, Desembocadura de Río Grande, Morrito, San Juan del Norte y El Almendro.

      Quedan pendientes de definición 12 ayuntamientos: tres cabeceras donde ahora gobierna el FSLN, Juigalpa, San Carlos y Bluefields, otra, Jinotepe, donde por primera vez perdió en las elecciones pasadas, y Jinotega donde siempre ha perdido por estrecho margen. También están en esta lista San Fernando, Dipilto, San José de Cusmapa, Nandasmo, Santa Teresa, Esquipulas y Kukra Hill.

Desafío a los convergentes

      Al margen de los legítimos cuestionamientos a los procedimientos autoritarios de la cúpula del FSLN, de las crudas reservas ideológicas sobre la naturaleza de los intereses que efectivamente defiende y del carácter pendular de sus posiciones sobre la situación económica y política del país, lo cierto es que en esta oportunidad, Ortega y su grupo han actuado con mucha astucia y pragmatismo. Y de paso, le plantean un desafío a la Convergencia: demostrar que son más que un grupo de brillantes personalidades. Para ello, los aliados están obligados a ganar al menos la tercera parte de los municipios en donde serán cabeza de lista, y principalmente, las cuatro cabeceras departamentales en las que desde 1990 no ganan los sandinistas. Si los convergentes lo logran, alcanzarán una posición privilegiada para negociar con Ortega listas conjuntas para la Asamblea Nacional y, eventualmente, hasta pelear la nominación presidencial. En caso contrario, el FSLN podrá desprenderse sin muchas explicaciones de lo que un sector importante considera como un lastre político y otros califican a algunos de esos aliados como oportunistas.

      Los dos principales grupos de la Convergencia, los socialcristianos y el MRS, son quienes están en mejores condiciones para aprovechar al máximo las puertas abiertas por el FSLN y colocar a sus principales cuadros como los candidatos a alcalde o vicealcalde, espacios que después pueden utilizar como catapulta para crecer como partidos. Sin embargo, paradójicamente, ninguno de ellos tiene suficiente arraigo en la mayoría de los municipios que les han concedido para encabezar las fórmulas. Al contrario, la mayor fuerza de ambos grupos es precisamente donde el poderío sandinista es indiscutible, como Occidente y Managua.

      En cambio, los sandinistas tendrán la posibilidad de gobernar municipios de base campesina, en donde por sí solos difícilmente podrán avanzar a mediano plazo no sólo por los frescos recuerdos de la guerra de los años 80 y sus desastrosas políticas agropecuarias, sino también porque han sido incapaces de articular una política nacional de defensa de los intereses de los campesinos y de los trabajadores agrícolas.

      A las astutas decisiones tomadas por Ortega, hay que sumar un muy favorable panorama económico y social, dada la torpeza política del gobierno de Bolaños, su desgaste objetivo y la división de los liberales. Asimismo, el caudillo sandinista logró finalmente salir airoso de la reciente coyuntura con el caso de Alemán y la abierta intervención de Estados Unidos en los asuntos políticos del país. Para lograrlo, Ortega acudió a su alforja antiimperialista, convenientemente escondida desde hacía ya algún tiempo y que no quiso utilizar para denunciar la odiosa imposición de las políticas económicas neoliberales, como la moderna conquista neocolonial de los norteamericanos. Y en el caso de Alemán, Ortega no es que no estuviera dispuesto al borrón y cuenta nueva que desde las filas liberales le han propuesto, sino que no pudo llegar a un acuerdo sobre la moneda de cambio. De todas formas, pese a que durante meses mantuvo una política dual y a veces hasta con declaraciones de simpatía de parte de algunos connotados miembros de la cúpula hacia Alemán, el fallo de la jueza Juana Méndez y su posterior ratificación por el Tribunal de Apelaciones de Managua, le ha permitido asir como propia la bandera contra la corrupción, y ahora tiene una oportunidad de oro de capitalizar electoralmente esa imagen.

Ganar Managua, 13 cabeceras y 50 municipios

      En tales condiciones, no es aventurado afirmar que el FSLN tiene la posibilidad real de repetir sus triunfos en Managua, León, Chinandega, Matagalpa, Estelí, Somoto, Ocotal, Puerto Cabezas y San Carlos, y reconquistar Jinotepe. De sus aliados dependerá que logren conservar Bluefields y Juigalpa, y ganar en Jinotega y Granada. Difícilmente podrán triunfar en Boaco, Masaya y Rivas. De las 25 ciudades de mayor importancia por su población o su economía, además de las cabeceras citadas es muy probable que logren hacerse de los gobiernos de Jalapa, Corinto, Chichigalpa, Condega, El Viejo, Tipitapa, Ciudad Sandino, Masatepe y Nandaime. Del resto, quizás logren mantener al menos 30 ayuntamientos y conquistar unos doce o quince más, sobre todo en los departamentos de Masaya, Carazo, Granada, Rivas y Matagalpa.

      El principal obstáculo que debe vencer la alianza Convergencia-FSLN, es la política hostil de Estados Unidos. No obstante, el daño puede ser relativo, puesto que excepto Managua –por razones obvias– en la vida municipal este tipo de enfrentamientos no necesariamente influye en los electores. Precisamente la codiciada capital, como ya hemos apuntado, será la muchacha más disputada. Los sandinistas tienen a su favor una buena gestión del alcalde Herty Lewittes. Su mérito más importante es que ha acabado con la corrupción como estilo de gobierno y aunque algunos de sus funcionarios no han estado exentos de fundamentadas acusaciones de manejos sospechosos, el alcalde como tal y el gobierno municipal en su conjunto, han logrado revertir la percepción ciudadana de que la alcaldía de Managua servía para enriquecer al alcalde y al partido de turno. Además, Lewittes incrementó sustancialmente la recaudación tributaria, ha resuelto gran parte del problema de la recolección de la basura, ha habilitado miles de kilómetros de las destrozadas calles de la ciudad, con gran esfuerzo logró mantener el precario equilibrio con los sindicatos de todo signo y ha sabido jinetear a los hostigosos y a veces intransigentes empresarios del transporte urbano.

      Si a esto sumamos el inteligente manejo de Lewites con Bolaños –el uno llama al otro amigo– y el talante no confrontativo de su gestión, el FSLN tiene un excelente punto de partida para intentar retener el control de la capital. Si bien el candidato designado, Dionisio Marenco, no es un político carismático, esto puede neutralizarlo con una adecuada estrategia de marketing electoral. Marenco intentará balancear ese aspecto negativo con su innegable capacidad organizativa y sus nuevos conocimientos municipalistas, para lo cual ha dedicado muchos meses de estudio en Brasil y otros países con experiencias exitosas en ese ramo. Además, su compañero de fórmula, Alexis Argüello, sí es un hombre popular entre las grandes masas de electores no sólo por su extraordinaria carrera deportiva (la mejor en la historia del país) sino por su origen humilde y su permanente vinculación con los sectores populares.

      Vistos los resultados del 2000, si la derecha se une, para vencerla el FSLN necesita ganar por mayoría absoluta. Y el principal escollo a vencer no proviene ni de su fórmula ni de su eventual propuesta ni de su gestión actual: la derecha seguramente agitará los miedos aún latentes en la memoria colectiva de un importante sector del electorado. En el 2000 lo intentó y, si sumamos el 29% que logró el PLC con el 25% –suman el 54%– que alcanzó el candidato conservador, podríamos decir que lo logró.

      En otros términos, los sandinistas tiene también ante sí una formidable oportunidad para dar un giro a su patética actuación política de los últimos ocho años. No sólo es la posibilidad real de surgir como la primera fuerza partidaria, sino la manera en cómo lo logren: una vez electos los candidatos (porque en el FSLN de ahora, las cosas se hacen al revés), pueden desatar un intenso proceso participativo de los ciudadanos en cada municipio, evaluando la gestión del gobierno saliente y proponiendo el programa para el entrante. De esa manera, estarían sentando las bases para involucrar efectivamente a la gente en la gestión de su ayuntamiento, consolidando el proceso democrático y participativo, sin importar quién gane la elección particular. ¿La sabrán aprovechar?