Análisis de la Actualidad

Noticias de Actualidad

 

Evaluaciones del asesinato de Carlos José Guadamuz y de sus consecuencias sociopolíticas:

El periodista William Grigsby

denuncia intimidaciones,

en su programa «Sin Fronteras»

de Radio La Primerísima

Managua, Nicaragua. 26 de febrero de 2004

 

Muy buenas noches:

     Esta noche vamos a hacer un programa diferente. Vamos a relatar una serie de hechos que han estado ocurriendo en los últimos días. Y luego vamos a leer una valiente, impactante y extraordinaria carta pública, escrita por la poetisa Rosario Murillo a su compañero Daniel Ortega. Esa carta la vamos a leer esta noche, pero antes queremos hacer un relato, una denuncia y una advertencia.

     A mí me cuesta mucho decir este tipo de cosas, porque tienen que ver conmigo, pero un grupo de compañeros me han aconsejado que lo mejor es ventilarlo públicamente, dado el contexto nacional en que han ocurrido. Ustedes conocen el asesinato de Carlos José Guadamuz y ustedes conocen las investigaciones que han ocurrido, tanto las policiales como las periodísticas; seguramente todos ustedes tienen sus propias conclusiones. Yo no voy a abundar en eso.

     Nosotros en la radio hemos aprendido a fuerza de golpes. Y para nosotros, además de que fue muy doloroso, también fue una extraordinaria lección de vida, cuando nos quemaron la radio el 30 de septiembre de 1990, a las 8:30 de la noche. Es un hecho que nos ha marcado a nosotros, como grupo de trabajadores, como profesionales de la información, y a mí particularmente. Yo ya tengo algunos años metido en la militancia sandinista, ya son más de 25 años; 27 años. De manera que conozco cómo funciona el aparato, cómo funciona la lógica partidaria. He tenido la oportunidad de conocer bastante a muchos dirigentes sandinistas y creo estar en capacidad de poder discernir, de poder escarbar, descubrir, mensajes ocultos detrás de acciones políticas.

     Nosotros en la radio, por una decisión de la Asamblea de cuadros de la radio, tomamos una decisión de cómo íbamos a abordar el asesinato de Carlos José Guadamuz, y así hemos obrado. Nos hemos disciplinado todos, y pese a que todos tenemos deseos de hablar con mayor claridad, de contar cosas que nosotros sabemos, hemos preferido la cautela, para no meter más leña al fuego y para tratar de acompañar a la audiencia en el doloroso proceso de asumir los hechos.

     Esta semana han ocurrido un conjunto de hechos de los cuales sólo voy a relatar dos. El día martes a las 11 de la noche, cuando yo me dirigía hacia el sector Oriente de la ciudad, fui objeto de una tenaz persecución de un vehículo, en el cual viajaban tres personas, y que a lo largo de 15 ó 20 minutos intentaron darme alcance. Finalmente, porque conozco bastante bien la zona, yo logré escabullirme. Esta tarde –yo vivo en un apartamento de dos habitaciones, cerca de Montoya, ubicado en un costado, muy cerca de la casa del Secretario General del Frente Sandinista, Daniel Ortega–, entre las 2:00 y las 4:30 de la tarde, incursionaron en mi casa, de una manera por demás sorprendente. Se llevaron algunos objetos para disimular, pero obviamente su objetivo no era el robo, porque quedaron muchas otras cosas fáciles de llevar y que no fueron extraídas.

      Me preguntaron que si había acudido a la Policía, pues, me van a disculpar mis amigos policías, pero en este tipo de hechos, la Policía ha demostrado que no tiene capacidad de investigación ni voluntad política para hacerla. Puede ser que haya sido un ladrón común. Puede ser. Pero es muy difícil, yo tengo  un poco más de 6 años de vivir ahí y nunca había ocurrido. Y ocurrió hoy, precisamente.

      Han ocurrido otras cosas, que tienen que ver con otras personas, que están vinculadas a mí, pero que por el momento, debido a que involucra a otras personas, prefiero no ventilarlas.

      Yo quiero decirles que conmigo es fácil. Manejo solo, no me gusta la parafernalia del aparataje de escoltas y esas cosas, no estoy dispuesto a renunciar a mi rutina de vida, ni tampoco a mi manera de hacer periodismo. De manera que conmigo es fácil. Sólo que no veo por qué perjudicar a otras personas. Si la cosa es conmigo, conmigo se resuelve.

      Mi advertencia es que cualquier cosa que hagan terminará siendo su tumba. Ténganlo por seguro. No tengo vocación de mártir, pero tampoco tengo vocación de cobarde. Ni lo uno ni lo otro.

      Estoy muy orgulloso del grupo de compañeros que labora en La Primerísima, que han hecho de esta radio una emisora con una credibilidad muy elevada, con una influencia muy grande en la opinión pública, grupo de compañeros abnegados, trabajadores, que no lo hacen por el salario –porque aquí se paga muy mal, porque no tenemos para pagarnos más–  y en todo caso no se trata de ideas personales, se trata de ideas colectivas. Compartimos ideas, objetivos, maneras de hacer las cosas.

      No me gusta haberlo hecho público, repito, porque a mí no me gusta aparecer de esa manera, pues. En todo caso aquí vamos a seguir. Y la vida continúa, junto con la lucha.