|
Muy buenas noches:
Esta noche vamos a hacer un programa diferente. Vamos a relatar una serie
de hechos que han estado ocurriendo en los últimos días.
Y luego vamos a leer una valiente, impactante y extraordinaria carta pública,
escrita por la poetisa Rosario Murillo a su compañero Daniel Ortega.
Esa carta la vamos a leer esta noche, pero antes queremos hacer un relato,
una denuncia y una advertencia.
A mí me cuesta mucho decir este tipo de
cosas, porque tienen que ver conmigo, pero un grupo de compañeros
me han aconsejado que lo mejor es ventilarlo públicamente, dado
el contexto nacional en que han ocurrido. Ustedes conocen el asesinato
de Carlos José Guadamuz y ustedes conocen las investigaciones que
han ocurrido, tanto las policiales como las periodísticas; seguramente
todos ustedes tienen sus propias conclusiones. Yo no voy a abundar en
eso.
Nosotros en la radio hemos aprendido a fuerza
de golpes. Y para nosotros, además de que fue muy doloroso, también
fue una extraordinaria lección de vida, cuando nos quemaron la
radio el 30 de septiembre de 1990, a las 8:30 de la noche. Es un hecho
que nos ha marcado a nosotros, como grupo de trabajadores, como profesionales
de la información, y a mí particularmente. Yo ya tengo algunos
años metido en la militancia sandinista, ya son más de 25
años; 27 años. De manera que conozco cómo funciona
el aparato, cómo funciona la lógica partidaria. He tenido
la oportunidad de conocer bastante a muchos dirigentes sandinistas y creo
estar en capacidad de poder discernir, de poder escarbar, descubrir, mensajes
ocultos detrás de acciones políticas.
Nosotros en la radio, por una decisión
de la Asamblea de cuadros de la radio, tomamos una decisión
de cómo íbamos a abordar el asesinato de Carlos José
Guadamuz, y así hemos obrado. Nos hemos disciplinado todos, y pese
a que todos tenemos deseos de hablar con mayor claridad, de contar cosas
que nosotros sabemos, hemos preferido la cautela, para no meter más
leña al fuego y para tratar de acompañar a la audiencia
en el doloroso proceso de asumir los hechos.
Esta semana han ocurrido un conjunto de hechos
de los cuales sólo voy a relatar dos. El día martes a las
11 de la noche, cuando yo me dirigía hacia el sector Oriente de
la ciudad, fui objeto de una tenaz persecución de un vehículo,
en el cual viajaban tres personas, y que a lo largo de 15 ó 20
minutos intentaron darme alcance. Finalmente, porque conozco bastante
bien la zona, yo logré escabullirme. Esta tarde –yo vivo
en un apartamento de dos habitaciones, cerca de Montoya, ubicado en un
costado, muy cerca de la casa del Secretario General del Frente Sandinista,
Daniel Ortega–, entre las 2:00 y las 4:30 de la tarde, incursionaron
en mi casa, de una manera por demás sorprendente. Se llevaron algunos
objetos para disimular, pero obviamente su objetivo no era el robo, porque
quedaron muchas otras cosas fáciles de llevar y que no fueron extraídas.
Me preguntaron que si había acudido
a la Policía, pues, me van a disculpar mis amigos policías,
pero en este tipo de hechos, la Policía ha demostrado que no tiene
capacidad de investigación ni voluntad política para hacerla.
Puede ser que haya sido un ladrón común. Puede ser. Pero
es muy difícil, yo tengo un poco más de 6 años
de vivir ahí y nunca había ocurrido. Y ocurrió hoy,
precisamente.
Han ocurrido otras cosas, que tienen que
ver con otras personas, que están vinculadas a mí, pero
que por el momento, debido a que involucra a otras personas, prefiero
no ventilarlas.
Yo quiero decirles que conmigo es fácil.
Manejo solo, no me gusta la parafernalia del aparataje de escoltas y esas
cosas, no estoy dispuesto a renunciar a mi rutina de vida, ni tampoco
a mi manera de hacer periodismo. De manera que conmigo es fácil.
Sólo que no veo por qué perjudicar a otras personas. Si
la cosa es conmigo, conmigo se resuelve.
Mi advertencia es que cualquier cosa que
hagan terminará siendo su tumba. Ténganlo por seguro. No
tengo vocación de mártir, pero tampoco tengo vocación
de cobarde. Ni lo uno ni lo otro.
Estoy muy orgulloso del grupo de compañeros
que labora en La Primerísima, que han hecho de esta radio
una emisora con una credibilidad muy elevada, con una influencia muy grande
en la opinión pública, grupo de compañeros abnegados,
trabajadores, que no lo hacen por el salario –porque aquí
se paga muy mal, porque no tenemos para pagarnos más–
y en todo caso no se trata de ideas personales, se trata de ideas colectivas.
Compartimos ideas, objetivos, maneras de hacer las cosas.
No me gusta haberlo hecho público,
repito, porque a mí no me gusta aparecer de esa manera, pues. En
todo caso aquí vamos a seguir. Y la vida continúa, junto
con la lucha.
|