Con mucha
valentía, en carta pública, escribe Rosario Murillo:
«No podemos aprobar acciones que no fortalecen
la identidad mítica del sandinismo».
¡No
podemos aprobar acciones que no fortalecen la identidad mítica
del sandinismo!
«Podemos
entender y comprender motivaciones –escribe–,
pero no creo que la mayoría de las y los sandinistas, y enfatizo,
no creo que nosotras las mujeres sandinistas, estemos
de acuerdo en reivindicar, validar o justificar acciones o actores que,
aún con intenciones explicables, demeritan, debilitan, opacan
y apagan, en gran medida, la llama votiva de nuestro ideario y de nuestra
práctica revolucionaria».
Me parece que esa frase dice muchísimo. Sólo
leo otro párrafo:
«Como ser humano, como mujer y madre, como
escritora, pensante, aportativa, me ofende, debo decirlo, la lectura
que obligadamente –porque no soy ciega ni sorda–
hago de declaraciones como las tuyas, como las de Tomás y otros
líderes, en semanas y días anteriores, incluso ayer».
Esta carta pública merece algunos comentarios,
y como sólo nos quedan unos minutos, quiero concentrarme en lo
que a mi juicio es el centro de esta cuestión.
Sin lugar a dudas, con mucho coraje, con mucha
hidalguía, Rosario Murillo se siente ofendida, por la manera
cómo los más altos dirigentes del Frente Sandinista han
abordado todas estas circunstancias que han rodeado el asesinato de
Carlos Guadamuz.
Hay que decir –y cuando las cosas
son públicas no queda otra alternativa, por muy desagradable
que sea, que tener que ventilarlas públicamente–,
insisto, cuando son públicas, no queda otra alternativa que ventilarlas
públicamente.
Tengo la impresión que la gota que derramó
el vaso, aquí, fueron las imperdonables declaraciones
de Lenín Cerna, que en resumen fueron la apología del
crimen. Y la apología del actor del crimen. Un partido como el
nuestro, un Frente Sandinista como el nuestro, no puede, no debe, en
ninguna circunstancia expresarse de esa manera.
La verdad de las cosas es que cuando uno lee
todas las declaraciones de los dirigentes sandinistas (y nosotros
las leemos con muchísima atención y cuidado), ni una
sola de ellas ha condenado el crimen. Y aquí lo dijimos.
Rechazamos con convicción y con fuerza y con energía los
intentos de quienes han querido sacar ventajas políticas de este
crimen. Porque nos resulta una ruptura con la moral, con la ética
y con las normas básicas de la lucha política. Pero, también,
hemos dicho, y lo dijimos con toda franqueza: resulta imperdonable
que no se haya condenado el crimen. Y el que no se haya tenido
la entereza de condenar también al actor del crimen. Y dijimos
que eso sólo abría los espacios para las especulaciones,
las acusaciones y toda suerte de injurias.
El problema de fondo aquí –y
lamentablemente lo tengo que hacer muy brevemente– el problema
de fondo aquí es cuando uno pone el Partido en manos de la mentalidad
de la Seguridad y la Contrainteligencia, uno corre muchísimos
riesgos. Porque un Partido, cualquier partido político y sobre
todo cuando tiene una vocación popular y revolucionaria, es un
Partido que cree en la gente, que confía en la gente. El Partido
siempre está convencido que los ciudadanos, por la vía
de la conciencia, por la vía de la lucha, por la vía de
la explicación, los ciudadanos pueden cambiar y pueden incorporarse
a las causas justas. Pero, cuando la mentalidad que dirige al Partido,
que organiza al Partido, lo hace desde la mentalidad de la Contrainteligencia
y de la Seguridad, entonces el primer criterio no es la confianza, sino
la desconfianza. Y allí donde normalmente el Partido ve compañeros,
la mentalidad de la Seguridad y la Contrainteligencia ve sospechosos.
Ahí donde el Partido ve al compañero que flaquea, la mentalidad
de la Inteligencia, de la Contrainteligencia y de la Seguridad, ve al
traidor potencial. Y hemos advertido a tiempo, y hemos hablado en privado
sobre esto. Y no se ha querido entender.
No nos queda más tiempo, pero son cosas
que tiene el Frente Sandinista que reflexionar con mucha seriedad. Y
miren, no estoy hablando ni descalificando a los compañeros que
con tantos méritos y con tantas virtudes formaron parte de los
Organismos de la Seguridad del Estado. NO. No es eso lo que estoy diciendo.
Pero estoy diciendo que no se puede dirigir un Partido con una mentalidad
policíaca, de Seguridad y de Contrainteligencia.
Por ese camino podemos ir al colapso de nuestra
Organización, con tanta historia, con tantos ejemplos de amor
por el Pueblo, de amor por la Vida y por la confianza en la conciencia
de los ciudadanos nicaragüenses.
Procuren pasar un buen día.