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Evaluaciones del asesinato de Carlos José Guadamuz y de sus consecuencias sociopolíticas:

Comentario de William Grigsby

a la Carta de Rosario Murillo dirigida a Daniel Ortega

 

Programa «Sin Fronteras» de Radio La Primerísima.

27 de febrero de 2004.

 

    Con mucha valentía, en carta pública, escribe Rosario Murillo:

    «No podemos aprobar acciones que no fortalecen la identidad mítica del sandinismo».

    ¡No podemos aprobar acciones que no fortalecen la identidad mítica del sandinismo!

    «Podemos entender y comprender motivaciones  –escribe–,  pero no creo que la mayoría de las y los sandinistas, y enfatizo, no creo que nosotras las mujeres sandinistas, estemos de acuerdo en reivindicar, validar o justificar acciones o actores que, aún con intenciones explicables, demeritan, debilitan, opacan y apagan, en gran medida, la llama votiva de nuestro ideario y de nuestra práctica revolucionaria».

    Me parece que esa frase dice muchísimo. Sólo leo otro párrafo:

    «Como ser humano, como mujer y madre, como escritora, pensante, aportativa, me ofende, debo decirlo, la lectura que obligadamente  –porque no soy ciega ni sorda–  hago de declaraciones como las tuyas, como las de Tomás y otros líderes, en semanas y días anteriores, incluso ayer».

    Esta carta pública merece algunos comentarios, y como sólo nos quedan unos minutos, quiero concentrarme en lo que a mi juicio es el centro de esta cuestión.

     Sin lugar a dudas, con mucho coraje, con mucha hidalguía, Rosario Murillo se siente ofendida, por la manera cómo los más altos dirigentes del Frente Sandinista han abordado todas estas circunstancias que han rodeado el asesinato de Carlos Guadamuz.

     Hay que decir  –y cuando las cosas son públicas no queda otra alternativa, por muy desagradable que sea, que tener que ventilarlas públicamente–,  insisto, cuando son públicas, no queda otra alternativa que ventilarlas públicamente.

     Tengo la impresión que la gota que derramó el vaso, aquí, fueron las imperdonables declaraciones de Lenín Cerna, que en resumen fueron la apología del crimen. Y la apología del actor del crimen. Un partido como el nuestro, un Frente Sandinista como el nuestro, no puede, no debe, en ninguna circunstancia expresarse de esa manera.

     La verdad de las cosas es que cuando uno lee todas las declaraciones de los dirigentes sandinistas (y nosotros las leemos con muchísima atención y cuidado), ni una sola de ellas ha condenado el crimen. Y aquí lo dijimos. Rechazamos con convicción y con fuerza y con energía los intentos de quienes han querido sacar ventajas políticas de este crimen. Porque nos resulta una ruptura con la moral, con la ética y con las normas básicas de la lucha política. Pero, también, hemos dicho, y lo dijimos con toda franqueza: resulta imperdonable que no se haya condenado el crimen. Y el que no se haya tenido la entereza de condenar también al actor del crimen. Y dijimos que eso sólo abría los espacios para las especulaciones, las acusaciones y toda suerte de injurias.

     El problema de fondo aquí  –y lamentablemente lo tengo que hacer muy brevemente– el problema de fondo aquí es cuando uno pone el Partido en manos de la mentalidad de la Seguridad y la Contrainteligencia, uno corre muchísimos riesgos. Porque un Partido, cualquier partido político y sobre todo cuando tiene una vocación popular y revolucionaria, es un Partido que cree en la gente, que confía en la gente. El Partido siempre está convencido que los ciudadanos, por la vía de la conciencia, por la vía de la lucha, por la vía de la explicación, los ciudadanos pueden cambiar y pueden incorporarse a las causas justas. Pero, cuando la mentalidad que dirige al Partido, que organiza al Partido, lo hace desde la mentalidad de la Contrainteligencia y de la Seguridad, entonces el primer criterio no es la confianza, sino la desconfianza. Y allí donde normalmente el Partido ve compañeros, la mentalidad de la Seguridad y la Contrainteligencia ve sospechosos. Ahí donde el Partido ve al compañero que flaquea, la mentalidad de la Inteligencia, de la Contrainteligencia y de la Seguridad, ve al traidor potencial. Y hemos advertido a tiempo, y hemos hablado en privado sobre esto. Y no se ha querido entender.

     No nos queda más tiempo, pero son cosas que tiene el Frente Sandinista que reflexionar con mucha seriedad. Y miren, no estoy hablando ni descalificando a los compañeros que con tantos méritos y con tantas virtudes formaron parte de los Organismos de la Seguridad del Estado. NO. No es eso lo que estoy diciendo. Pero estoy diciendo que no se puede dirigir un Partido con una mentalidad policíaca, de Seguridad y de Contrainteligencia.

     Por ese camino podemos ir al colapso de nuestra Organización, con tanta historia, con tantos ejemplos de amor por el Pueblo, de amor por la Vida y por la confianza en la conciencia de los ciudadanos nicaragüenses.

     Procuren pasar un buen día.