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Evaluaciones del asesinato de Carlos José Guadamuz y de sus consecuencias sociopolíticas:

Carta a Daniel

Por una cultura que (nos) haga florecer el alma!

Rosario Murillo

Estamos preparados para vivir

/ en el mundo

con su inclemente urgencia

de cambiarnos?

Podemos con ojos firmes

decir

esto es lo que soy

y lo que sostengo?

(de Auto-Retrato,

David Whyte)

 

      Quiero hacer pública esta reflexión, porque pienso que al compartir con mucho(a)s mi inquietud sobre las declaraciones, también públicas, tuyas y de otros líderes sandinistas, en los últimos días, en algo puedo contribuir a que nos comuniquemos, lo(a)s sandinistas, lo(a)s nicaragüenses, de manera culta y constructiva.

      El Lunes pasado hice llegar, con angustia y esperanza, un mensaje a algunas radios, y a muchas personas, por la vía electrónica.   En esa carta hacía, a las y los nicaragüenses, y sobre todo a las y los sandinistas, un desesperado llamado a la cordura y el respeto.

      Soy sandinista y soy también, por lo tanto, apasionada e inclaudicable militante del Amor y la Vida. Los tristes, trágicos, acontecimientos de las semanas anteriores, han dejado en mi boca un más que amargo sabor. Por un lado, mi conciencia rechaza estos actos de brutalidad e incultura, y por otro, nuestra familia, y vos y yo, somos víctimas expuestas, indirectos y directos, de la barbarie y sus consecuencias.

      La derecha y el imperio se ensañan en nosotro(a)s; nos niegan el derecho a la contienda en los espacios democráticos que, los sandinistas, a puño, fuego, sangre y corazón, conquistamos para Nicaragua. (Hoy que se cumplen 26 años del sacrificio de Camilo, por ejemplo, mi pulso y mi garganta se quiebran al escribir esto, pero también, por él, por tantos miles como él, por el sueño que todos tenemos pendiente, siento que es mi ineludible deber hacerlo).

      Decía que en esos espacios democráticos nos movemos (a pesar de sus pesares), inspirados y sostenidos por el martirio y el heroísmo de miles de nicaragüenses...   Y cuesta mucho, es verdad, no perder la paciencia, y ser cauto, cuerdo, inteligente y comedido, frente a la saña, la furia, razonada y fría, con que esa derecha y ese imperio nos agreden, violentan, irrespetan y violan, como seres humanos, como familias y como grupos sociales.

      Es verdad que hoy aparecemos en un escenario de matar o morir.   Pero también es verdad, que a lo largo de nuestra impresionante historia de revolucionarios, siempre hemos estado enfrentados y confrontados entre la vida y la muerte.

      Y siempre, también, hemos admirado y se nos ha admirado, por la valentía, el coraje, la mística y los valores, con que los sandinistas hemos recorrido los caminos extraviados de esa historia, sin extraviarnos nosotros, y sin perder, ni brújula, ni norte, ni el sueño del paraíso mítico, y real.

     Vos sabés que en nuestra casa, en nuestra familia, somos un grupo de personas inquietas, reflexivas, razonantes, críticas, y a veces hiper-críticas, sobre todo, de nosotros mismos. Creo que la manía del ejercicio inclemente del auto-examen, se nos quedó, y lo heredamos a nuestros hijos, con quienes formamos ese grupo que opina, debate, se pronuncia y exige. Ellos y ellas nos inspiran y mueven también, a cada uno(a), a buscar más y exigir más en nuestras vidas individuales.

      La inclemencia y urgencia de nuestros hijos, me ha estimulado aún más a asumir estos reclamos, que considero, casi, como reclamos a mi propia conciencia o espejo.   Y lo hago porque quiero aportar a que nuestros caminos, de pensamiento, encuentro, discusión y acción, sean diferentes...    Más próximos, más cercanos, más allá, más acá...   Y porque creo que todo(a)s necesitamos reconocernos, en esa dimensión revolucionaria de la vida, en la que creo firmemente.

     Pienso que es posible enfrentar la saña, la rabia, el ahogo, el furor, de la derecha y del imperio, con inteligencia, dignidad y respeto, por nosotros mismos, y por los demás.

    Creo que no nos hace falta abonar con más leña, el fuego, las llamaradas destructivas que nos echan encima.

     Creo que no podemos convertirnos en otras caballerías salvajes, copias de las que nos lanzan, con el encono, la bestialidad y la absoluta inhumanidad, que histórica y mundialmente, ha caracterizado al imperio y sus expresiones locales.

     Creo que no podemos hacerle el juego, a los que desean vernos reducidos a la extinción del ideal y los valores, a la reproducción de su cultura corriente, decadente, chabacana, pérfida y negadora de los más altos afanes del ser humano.

    Amo la Vida y amo las expresiones mágicas, maravillosas, fantásticas, de vida-en-el-amor, que nos inspiraron en el pasado, y que nos siguen inspirando hoy, para ser y hacernos mejores, y para contribuir a construir un porvenir valioso, válido, valeroso, místico, diferente, cierto!

     ¡El futuro es hoy!   Cómo hablar de futuro si lo niega nuestro lenguaje, nuestra rudimentariedad, nuestro ego implacable, sólo comparable al ego rudimentario e implacable de quienes nos han opuesto, infierno tras infierno, para aniquilar la belleza y el espíritu de trascendencia que nos anima, ése de donde venimos, aquel, adonde queremos llegar!

     No podemos aprobar acciones que no fortalecen la identidad mítica del sandinismo. Podemos entender y comprender motivaciones, pero no creo que la mayoría de las y los sandinistas, y enfatizo, no creo que nosotras, las mujeres sandinistas, estemos de acuerdo en reivindicar, validar o justificar acciones o actores que, aún con intenciones explicables, demeritan, debilitan, opacan y apagan, en gran medida, la llama votiva de nuestro ideario y nuestra práctica revolucionarias.

     Siempre me he sentido orgullosa de mi origen, raíz, camino y proyecto. Siempre he sentido vitalidad y fuerza en mi propuesta de vida como sandinista y mujer. Por eso, me siento en pleno derecho de reclamar que seamos coherentes, con esa luz sagrada . En fondo y forma; en pensamiento y práctica; en maneras de comunicación y relación; tanto dentro de nosotros mismos, como con la sociedad en general, incluyendo a los agentes imperiales.

     Una cosa es el lenguaje fuerte (y aún este tiene un límite), y otra la arrogante aprobación de actitudes o actos, impropios de una cultura civilizada y justa.

    Las mujeres sandinistas hemos reconocido, muchas veces, estar en inferioridad práctica y funcional, con nuestros compañeros, los hombres sandinistas. Esta desventaja se ha manifestado, tanto en la forma en que se ocupan o ejercen los cargos de elección interna y nacional, como en la posibilidad de practicar verdadera capacidad decisoria, dentro del FSLN. Y, por supuesto, en la relación política diaria, cotidiana, donde falta mucho para que se nos respete, considere, reconozca, estimule y proyecte, como merecemos.

    Creo que sobre esto también hace falta reflexionar muchísimo... Y comprometernos a cambiar, individual y colectivamente. Por ello, expresiones machistas de poderío, es decir, un sentido impropio del poder personal y político, no abona a que en nuestras propias filas y actividades, se busquen y desarrollen formas más respetuosas, armoniosas, apreciativas y estimulantes, de comunicación, relación y trabajo.

    Como ser humano, como mujer y madre, como escritora, pensante, aportativa, me ofende, debo decirlo, la lectura que obligadamente   –porque no soy ciega, ni sorda–   hago de declaraciones como las tuyas, como las de Tomás y otros líderes, en semanas y días anteriores, incluso ayer.

    Me ofende y debo decirlo. Estoy segura de que muchas compañeras y compañeros comparten este sentimiento. Y no contribuimos, con nosotros mismos o con el país, en presente y futuro, en cultura y humanidad, si no lo decimos, y si no nos exigimos respeto y cambio.

El futuro es hoy.

Seamos ese poder invencible

que persuade

convence

cala a lo profundo

porque en primer lugar, tiene razón y,

porque, también en primer lugar, sabe argumentar

y establecer esa razón.

      Soy sandinista porque quiero (y creo en) una cultura que siembre, abone, cultive y haga florecer el alma.

     Con mi amor, como siempre, y por esa vida y esos sueños que compartimos, salvaguardando, entre todos los fuegos, el fuego...

 

Rosario Murillo

Febrero 26, 2004