Análisis de la Actualidad

Estudios de la Coyuntura

– Diciembre de 2003–

 

Articular lo diverso para cambiar la realidad

Entrevista con la Comandante Guerrillera Mónica Baltodano

(17-12-2003)

    En los últimos meses, en Nicaragua se ha desencadenado una crisis política, en donde sobresale la última embestida imperialista no sólo contra el país en lo general –con su pretensión de desarmar al Ejército– sino también contra el sandinismo como fuerza política y movimiento social. La reacción del Frente Sandinista, como aparato partidario, ha sido controversial y muy cuestionada desde el propio sandinismo por sus implicaciones políticas e ideológicas. Para muchos revolucionarios que han sido marginados deliberadamente de su organización por el grupo que ahora copa los principales instrumentos directivos del FSLN, lo que hoy ocurre es consecuencia natural de una descomposición ética, ideológica y política de sus dirigentes, encabezados por el secretario general, comandante Daniel Ortega Saavedra.

    En el programa Sin Fronteras, que se trasmite en Radio La Primerísima, el periodista William Grigsby ha entrevistado a varios de esos cuadros sandinistas, quienes han ofrecido una perspectiva histórica de la situación actual y propuesto nuevos derroteros no sólo para salir de la crisis nacional, sino también para rescatar al sandinismo como proyecto político revolucionario vigente.

    Uno de esos cuadros es Mónica Baltodano, licenciada en Historia y una de las tres mujeres que alcanzó el grado de Comandante Guerrillera durante la Insurrección Popular Sandinista, como parte del medio centenar de dirigentes históricos que fueron parte de la conducción política y militar del FSLN tanto para alcanzar el poder el 19 de julio de 1979, como durante la gestión del gobierno revolucionario en la década de los 80. Entre otros cargos, Baltodano fue Ministra de Asuntos Municipales y, desde de la derrota electoral de 1990, es Presidenta de la Fundación Popol Na, de carácter municipalista. También fue una de los cuatro concejales sandinistas en el gobierno municipal de Managua hasta 1996, año en que fue electa Diputada para la legislatura que concluyó en enero del 2002. Además, fue electa miembro de la Dirección Nacional del FSLN, entre 1994 y 1998. Sin cargos partidarios desde entonces, encabeza una corriente interna de izquierda revolucionaria que agrupa a un nutrido grupo de militantes de base.

     Esta es una síntesis de las respuestas a las preguntas formuladas por los oyentes y el conductor del programa.

En los últimos meses, en Nicaragua se ha desencadenado una crisis. ¿Cuál es tu percepción de las situaciones que estamos viviendo?
     El rasgo más importante de la situación que estamos viviendo creo que no está dado por los factores estrictamente internos del país. Es cierto que hemos sido conmovidos en las últimas semanas por una sucesiva ocurrencia de hechos sorprendentes, impensables hace algunos años, pero creo que lo más importante está más bien ocurriendo fuera de las fronteras nicaragüenses. Con frecuencia pienso que a veces nosotros nos quedamos como viéndonos el ombligo, sin alzar la mirada hacia lo que ocurre fuera de nuestro país. Los nicaragüenses, sumidos a veces en una cierta desinformación de lo que acontece en el mundo, le damos vuelta a los hechos sin contextualizarlos, sin ubicarlos en la realidad mundial, y eso es realmente preocupante. Debemos hacer un esfuerzo para que la gente se dé cuenta de lo que está pasando en términos del accionar de los Estados Unidos y su determinación de dominar todas las esferas de la vida de los ciudadanos del mundo. Y también lo que los pueblos de distintas naciones realizan en función de resistir, de buscar alternativas, de construir eso que algunos han llamado otro mundo, otro mundo que sí es posible construir. Porque si nos quedamos en la dinámica de los acontecimientos cotidianos, de alguna manera podemos caer en la trampa de la politiquería, o de la reducción de la política que se intenta en nuestros países, a los meros dimes y diretes de los políticos o a los estira y encoge de los pleitos por espacios de poder o de pugnas –yo diría mezquinas– y que nos confunden.

     En el caso de Nicaragua, en donde hubo una masiva incorporación del pueblo a procesos de transformación que no ha sido común en nuestros países latinoamericanos en las últimas décadas, se requiere de un nivel de reflexión que nos permita combatir la tendencia a la decepción, a los sentimientos de frustración, que al final –en amplios sectores de la población– terminan convertidos en un espíritu de desconfianza hacia todo y por ende en una desmovilización profunda, que sólo favorece a aquellos intereses.
En concreto, ¿cómo se refleja eso que ocurre en el mundo en Nicaragua?
     Por ejemplo, estamos a punto de ser parte de un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos que es absolutamente desconocido para la gente, que ni siquiera ha logrado percibir el impacto que tendrá en las vidas de los campesinos y de una gran parte de los nicaragüenses. Es decir, que va a profundizar el drama que ya se vive en la mayoría de las familias nicaragüenses, sin opciones de trabajo, sin opciones a una vida digna. Pero se expresa también en el injerencismo de los Estados Unidos, el cual también es un reflejo de su lógica mundial. Ahí es donde está mi preocupación, en que ocurren una serie de acontecimientos que nos pasan desapercibidos, porque a veces colocamos estos temas nacionales que no dejan de ser importantes, sin vincularlos a estas realidades mundiales, y sin esa perspectiva, no vemos el conjunto pues estamos en el detalle que nos desgasta.

      En nuestro país no se han logrado articular verdaderas expresiones autónomas de la ciudadanía y su movilización por estos temas, como ya está ocurriendo con muchísima más visibilidad en otros países centroamericanos. En cambio, en Guatemala, en Costa Rica y también en El Salvador se han estado dando grandes movilizaciones, al menos de denuncia. Aquí recientemente hemos hecho una que ha sido un buen esfuerzo pero ha habido muchas más dificultades acá en Nicaragua que en otros países centroamericanos.

       Recuerdo que el año pasado se hizo una jornada continental alrededor del 12 de octubre –que se utiliza como un día de expresión continental contra el neoliberalismo y contra los intentos de dominar el mundo a través de todos estos Tratados de Libre Comercio– y en El Salvador se paralizaron varias horas las fronteras, todas las salidas del país. En cambio acá –y es una valoración que no es mía, sino colectiva, de quienes han estado haciendo estos esfuerzos– es donde más dificultades se han enfrentado.

       Entonces, desde esa perspectiva, creo que hay que ver estos acontecimientos también vinculados a esa realidad mundial. Por ejemplo, las posiciones políticas que se tienen por parte de quienes enarbolan, o aparecen como representando banderas de izquierda, o banderas progresistas, todos estos temas son bastante duales y superficiales, y ya no digamos, sin mayor compromiso real para enfrentarlos.
Después de la visita de Colin Powell y la posterior visita de Dan Fisk, ambos funcionarios de primer nivel del gobierno norteamericano, ha quedado evidente la determinación norteamericana de tratar de cerrar todos los espacios al Frente Sandinista. ¿Te parece que la reacción que tuvo el FSLN ha sido correcta, es decir, tratar de evitar ese aplastamiento mediante la alianza con el PLC?
       No, yo de inmediato expresé mi desacuerdo con ese enfoque o con esa lógica, porque nunca el PLC, ni menos Arnoldo Alemán, ha sido que yo sepa un antiimperialista o un líder que tenga una posición independiente o autónoma respecto a las políticas norteamericanas. No fue así durante su gobierno, que fue también sumamente dócil a las políticas de los organismos financieros internacionales y de los propios Estados Unidos. En todo caso, los liberales del PLC podrían estar interesados en enfrentar las políticas de los Estados Unidos, pero estrictamente vinculado a la protección de su caudillo, de Arnoldo Alemán. Entonces, me parece bastante absurdo enfrentar el injerencismo a partir de un repacto con Arnoldo Alemán. Creo que el gran problema es, precisamente, que en este caso el Frente Sandinista –y más propiamente Daniel Ortega y su grupo, su cúpula– aparecen actuando en una lógica absolutamente coyunturalista, o sea, repetidamente aparecen actuando como ripostando o un ping-pong de corta duración. Y sin un verdadero proyecto y sin una verdadera propuesta de transformación.

       Constantemente también se ven actuando a tenor de intereses muy particulares, muy de grupo, y no realmente de lo que históricamente ha sido, o fue, la base de sustentación del Frente Sandinista que es la defensa de los intereses populares. Entonces, para enfrentar a los Estados Unidos, o para ser parte de esa gran corriente mundial que está ya moviéndose y expresando su preocupación por las políticas agresivas de los Estados Unidos y por su pretensión de convertirse en un poder absoluto a nivel mundial, creo que lo más importante, de parte del Frente Sandinista, sería recomponer o reconstruir sus relaciones con las propias fuerzas nicaragüenses. Para comenzar, con el propio sandinismo amplio, con quien comparte una visión antiimperialista realmente y que hemos sido más bien críticos de determinadas ambigüedades. Por ejemplo, hace algunos años, cuando el Frente Sandinista votó para que las tropas norteamericanas permanecieran en el país, supuestamente en misiones humanitarias, sin tener ni siquiera un discurso crítico a las pretensiones de esas fuerzas. Pero en estos últimos años no ha sido la tónica de la cúpula, de tener una posición práctica. En los discursos a veces muy altisonantes, pero no comparto la pretensión de que para enfrentar a los Estados Unidos, para enfrentar ese injerencismo había que repactar con Alemán.
Hasta la visita del secretario de estado Colin Powell el pasado 1 y 2 de noviembre, había habido un acercamiento entre el Frente Sandinista y el gobierno de Bolaños, una alianza táctica en la práctica, que les había llevado a tener control de la Asamblea Nacional. ¿Esa alianza es la que puede posibilitar una mayor resistencia frente a la embestida yanqui?
     ¡No! En absoluto, porque en los últimos tres años el gobierno de Bolaños, se ha caracterizado en ser el más dócil de los dóciles. El más subordinado, no aparece en absoluto con una propuesta propia y es de un servilismo apabullante. Realmente el gobierno de Bolaños frente a los Estados Unidos es de los pocos gobiernos en el mundo que aparecen votando con los Estados Unidos en temas como el de Cuba o el de Israel.

     Pienso que en el caso del Frente Sandinista la política desde hace varios años ha sido la de aliarse sin un norte, sino para adquirir cuotas de poder, sin un proyecto de carácter estratégico en función de los intereses populares. Aliarse hoy con Arnoldo Alemán, mañana con Enrique Bolaños. Lo que ellos confesaron en este caso fue un permanente juego de tres bandas, es decir, realmente el Frente Sandinista desde que triunfó Bolaños no ha estado en una alianza con Bolaños, ha estado jugando un juego de ambigüedades en muchos aspectos. Para empezar, toda la primera parte de la lucha contra la corrupción, que empezó Bolaños probablemente por intereses de poder muy propios. Siempre sostuve que si Arnoldo Alemán se hubiera ido a su casa y no hubiera pretendido desde el Parlamento seguir jugando a la política y seguir mandando, incluso pretender mandar más que el presidente Bolaños, no hubiese pasado nada con el tema de la corrupción. La bandera de la corrupción se levanta frente a las ambiciones de poder que chocan con las pretensiones de Bolaños de su propio poder en el país. Pero en toda esa primera parte de este gobierno, las políticas oficiales del Frente fueron siempre de una gran ambigüedad sobre el tema de Arnoldo Alemán. El Frente cambia porque precisamente a partir de la pelea hecha por pequeños grupos desde la sociedad civil, se dieron cuenta de que hay un respaldo absolutamente inequívoco de la ciudadanía a la lucha contra la corrupción, y las encuestas venían reflejando que esa lucha que estaba llevando Bolaños era de gran simpatía para la ciudadanía y se percataron de que era un gravísimo error político seguirse manteniendo en una lógica dual sobre el tema. Y así fue que pudimos arribar a la lucha por conseguir realmente una desaforación de Arnoldo, en la cual fue determinante el voto sandinista, obviamente.
Hay un elemento que ha estado gravitando en las últimas cuatro o cinco semanas y es la eventual suspensión de las elecciones municipales el próximo año y su postergación para fusionarlas con las elecciones generales en el 2006. Desde tu vasta experiencia municipalista, ¿cuál es tu punto de vista?
     Considero que sería un retroceso posponer las elecciones y juntarlas con las nacionales, porque ya había sido un logro separarlas, lucha de por medio, precisamente para crear espacios para el desarrollo de las agendas municipales, el desarrollo de los liderazgos locales y la oportunidad de que la ciudadanía valorara las posibilidades de lo que es tener un poder local que atienda, se dedique y se preocupe por los problemas inmediatos de su vida comunitaria, de los problemas de la vecindad, de la vida local. Y por otro lado considero que, esencialmente, la propuesta de posponerlas y fusionarlas como se ha estado planteando, por la sola determinación de dos caudillos y por la conveniencia de dos caudillos, es absolutamente rechazable de plano.

     Es decir, no sólo es el hecho del debilitamiento de los procesos de fortalecimiento del poder local, sino también que han pretendido endosarle dos años más –el 50 por ciento de su período– a autoridades que fueron electas para cuatro, sin ningún proceso de consulta con la ciudadanía. Eso me resulta bastante chocante, porque es un avasallamiento a la base sobre la cual se erige esta democracia liberal, la que conocemos y a la cual yo le tengo muchísimas críticas. Es más, no creo que sea la mejor de las democracias, pero es la que se ha intentado vender, o la que se ha colocado como la mejor. La base de esa democracia, la esencia de esa democracia, radica en el voto, en la soberanía de la voluntad popular expresada en el voto. Y entonces, que se reúnan dos personas –una de ellas sacada recientemente de la cárcel y ahora condenado a 20 años de presidio– de dos fuerzas políticas, dos partidos que se han distinguido por el caudillismo y esas dos personas decidan por sí y ante sí, me resulta absolutamente inaceptable.

     Una de esas fuerzas desgraciadamente es mi partido, que no viene del caudillismo. El Frente Sandinista no tiene una raíz caudillista, todo lo contrario, ha tenido una raíz de dirección colectiva, pero en los últimos años ha venido alcanzando un caudillismo verdaderamente trasnochado. Es vergonzoso para los revolucionarios terminar en una lógica de que sólo uno piensa, sólo uno decide, sólo uno sabe lo que le conviene al país, sólo uno puede ser candidato presidencial. Eso me resulta a mí como revolucionaria, bastante chocante y vergonzoso.

      Por estas realidades concretas de Nicaragua, conviene, y es parte fundamental de la democracia, el desarrollo de procesos autónomos, independientes de esos liderazgos caudillistas. Aquí, durante los procesos electorales locales, cuando los líderes locales se movilizan en la búsqueda del respaldo popular a través del voto y lo hacen sin la sombrilla o sin la mampara de ese caudillo, a la larga eso va fortaleciendo también los procesos de democracia interna, en los propios procesos partidarios. Por eso pienso que no conviene. Y como municipalista, nos interesa destacar agendas propias. Cuando vas a una contienda donde va a votar la gente por diputados, por concejales, por alcaldes y por presidente, todo se centra alrededor del debate sobre la presidencia, porque seguimos pensando en una lógica centralista, en una lógica de caudillos. Eso debilita, invisibiliza, difumina las propuestas locales, termina favoreciendo la polarización y pienso que no es conveniente para el país.

     El municipio es un espacio donde la ciudadanía elige autoridades que están llamadas a cumplir una serie de funciones que están íntimamente ligadas a problemas concretos que todos los días vive la ciudadanía (las condiciones de sus calles, de la sanidad, las cosas muy cotidianas), además de las posibilidades de construir algunas alternativas de desarrollo endógeno, a partir de las realidades locales. En nuestro caso esto es de reciente construcción, y siendo Nicaragua un país de tradición centralista, de tradición autoritaria, donde hemos vivido al vaivén de dictaduras y de gobiernos autoritarios, entonces el desarrollo del poder local también acompaña el fortalecimiento de la democracia en el país. Pero es apenas una criatura que está en desarrollo, necesita de algunos mecanismos, de algunos instrumentos que le permitan a la ciudadanía identificar o entender su importancia.
Un vocero del FSLN acaba de advertir que la reforma constitucional para fusionar las elecciones municipales aún no se ha descartado, sobre todo porque en privado tanto los liberales como el gobierno han expresado su respaldo a esa idea. La lógica de esa propuesta es que si no hay recursos suficientes, se dedique lo que está previsto para las elecciones municipales de 2004, para satisfacer las necesidades de las universidades estatales, de los maestros, de la seguridad ciudadana. Y por otra parte, los sandinistas argumentan que es necesario reformar la ley electoral y el Consejo Supremo Electoral (CSE), cuestionados casi unánimemente por todas las fuerzas políticas y sociales del país. Esos dos argumentos, ¿son válidos, son suficientes?
      Creo que esos no son argumentos. Siempre que se quieren tomar este tipo de decisiones se inventan un montón de argumentos, porque ese Consejo ya sabemos que es hijo de ellos mismos, del PLC y del FSLN. Su composición, su ley, todo el tema electoral es resultado de la lógica con la que se han hecho aquí las cosas. Y si se sigue esa misma lógica no va a resultar un mejor Consejo o una mejor ley electoral. O sea, cada vez y cuando, al vaivén de los intereses particulares de cada momento, se van queriendo hacer transformaciones electorales y nunca se termina de construir la nación nicaragüense.

     Los costos de las elecciones están absolutamente inflados, y es conocido que en Nicaragua tenemos el aparato electoral más caro. Por ejemplo, ¿cómo es posible que tengamos magistrados suplentes que ganan lo mismo que un diputado, según lo ha denunciado la diputada sandinista Alba Palacios? Si eso es así, nos podemos imaginar cuánto ganan los propietarios. Es obvio que en el CSE hay un derroche absoluto de recursos. Entonces, las elecciones son las más caras del mundo. Eso está demostrado y lo han denunciado distintos organismos expertos en el tema.

      En cuanto al tema de las demandas sociales, que es evidente que son absolutamente meritorias y justas, a mi juicio se las está utilizando porque hay otros mecanismos para satisfacerlas. Por ejemplo, el Frente Sandinista no ha sostenido una política consistente de búsqueda de disminuir en el presupuesto nacional los pagos por el servicio de la deuda interna, que es brutal. Es decir, que se negocie una reducción y que se establezca una posibilidad de conseguir financiamientos adicionales que podrían servir también de solución de problemas sociales.
La tesis de los diputados sandinistas parte de la base de lo posible y no de lo ideal, y de acuerdo a las órdenes del FMI hay un techo de gastos. Por lo tanto, dicen, se debe escoger entre elecciones y reivindicaciones sociales. También dicen que la renegociación de la deuda interna no sería posible porque el Frente Sandinista no es gobierno. ¿Es válida la lógica de lo posible?
     Para empezar, no creo en esa trampa de que la política es el arte de lo posible. Creo que esa es la lógica a la que se han reducido los partidos políticos en la mayor parte de los países del mundo y es urgente rescatar el sentido ético. Tiene que haber una preeminencia de un planteamiento ético que se coloque por encima de la posibilidad, porque si no, no tendría ningún sentido la lucha histórica de la humanidad por tratar de convertir las realidades donde prevalecen o dominan determinadas fuerzas de explotación basadas en la fuerza, en el poderío y no tendríamos más que hacer que resignarnos, porque supuestamente la política es el arte de lo posible. No estoy de acuerdo con eso, y esa es una bandera que se viene levantando a nivel mundial, en el sentido de que no es cierto que se pueda reducir la política a eso.

     Hay que encontrar en las propias realidades, los espacios y los intersticios para hacer lo imposible para cambiar la realidad. Y por eso no creo que tenemos que someternos o reducirnos a aceptar las políticas de los organismos internacionales y decir no, no hay más que hacer; que no hay más que aceptar que no se puede afectar la deuda interna y que entonces tomamos lo más fácil que es el dinero de las elecciones municipales. Eso es sólo un pretexto. Hay otros intereses que han estado escondidos detrás de la voluntad de cambiar estas elecciones.

    Al presidente Bolaños es obvio que sí le interesa gastar lo menos posible, o sea, un presupuesto lo más compacto posible, pero además a él le conviene porque él no tiene ninguna fuerza política. No ha logrado hacer arrancar el grupo Gran Unidad Liberal (GUL), la fuerza política que él intentó organizar, y por lo tanto no tiene ninguna posibilidad de ningún espacio a conquistar en estas elecciones municipales. El PLC es obvio que es una fuerza desarticulada, a partir de los juicios a que está sometido su caudillo –ahora condenado– lo cual le ha generado una serie de contradicciones internas y por supuesto lo ha debilitado. Aunque conserva una fuerza importante, ha sufrido serios reveses. Y en el caso del Frente Sandinista su posición ha sido determinada por una decisión específica de Daniel Ortega, que no fue consultada con las bases, ni siquiera fue consultada con los órganos del partido. Incluso, Daniel tuvo la oportunidad de hacerlo en el Congreso celebrado en noviembre en Estelí, por lo menos para llenar la formalidad, y sin embargo, no lo hizo y después salió buscando ese amarre. Creo que en su caso, lo que determina su posición de cancelar las elecciones municipales, es su absoluta obsesión por la candidatura presidencial. Él cree que unas elecciones separadas primero, desarrollan esos liderazgos locales, autónomos, que no se subordinan a su sombrilla, y después, una vez que estos alcaldes son electos, no tienen el mismo entusiasmo en las estructuras partidarias para promover una candidatura que cada vez tiene menos consenso en el Frente. Conozco un montón de danielistas que ahora te dicen con toda claridad que ellos respetan mucho a Daniel, que le tienen mucho cariño, pero que ellos no creen de ninguna manera que él deba volver a ser el candidato. Entonces, esto va adquiriendo fuerza y unas elecciones separadas fortalecen esta tendencia. Creo que esto es lo que ha provocado su interés de posponerlas.

     Es obvio que hay una disminución de los mecanismos de democracia interna en el FSLN. No sólo porque fallan estos procesos como la consulta popular para seleccionar candidatos, hoy convertida en elección primaria con una serie de restricciones hasta materiales –que de alguna manera pueden ser procesos formales–, sino porque en la realidad, aunque haya consulta, cada vez es más evidente que los resultados se manipulan y se tergiversan para favorecer sólo a determinadas personas. Y todo eso también mina, deteriora y debilita la credibilidad interna del FSLN.
¿Continúas en las estructuras del FSLN?
    No estoy en ninguno de los aparatos de la estructura del Frente Sandinista pero sigo trabajando con el Frente Sandinista en el ámbito específico del municipio, me sigo vinculando directamente no sólo a las autoridades electas, sino a las organizaciones populares ahí y a la misma estructura municipal del partido, y por ello es que conozco muy bien cuál es el nivel de preocupaciones y las cosas que se están moviendo en la base y sus inquietudes. Y sigo desde la Fundación Popol-Na, que trabaja específicamente con todos estos temas, pero además que está siempre buscando soluciones a problemas concretos de la gente, en términos de salud, en términos productivos, pero ahora con mucha más fuerza también en el tema de creación de conciencia ciudadana, de conciencia de los problemas reales, una conciencia crítica.
Una última pregunta: ¿es posible la reunificación del sandinismo?

     Creo en la unidad, y no sólo, creo en la unidad de las fuerzas progresistas. Sin querer ser sectaria, sigo sosteniendo que donde vas a encontrar más reservas de transformación, es en aquella gente que alguna vez se decidió a arriesgar algo y a hacer algo por construir una Nicaragua distinta. Por eso creo que la base histórica de eso que llamamos sandinismo, que no es sólo los que están en el Frente como partido, ni siquiera quienes se reivindican como sandinista –son muchos que ya ni siquiera se reivindican como tales–, esa base histórica del sandinismo es el potencial, es la masa sobre la que tiene que trabajar el panadero, para decirlo en sentido figurado.

     Cuando hablamos ahora de unidad no la debemos de concebir con la lógica que quisimos hacer siempre las cosas. Debemos desconstruir esa lógica. Siempre pensamos que unidad era casi como unanimidad, o girar alrededor de un solo planteamiento, o girar alrededor de una sola estructura, o girar alrededor de una sola tarea. Como cuando te decían: esta es la tarea y todos vamos a esa tarea. Creo que en los tiempos actuales hay que reivindicar la unidad como articulación de lo diverso, de los distintos esfuerzos que se realizan con distintos énfasis.

      Debemos de salirnos de la dinámica que nos ponen estos partidos y estos políticos, que nos quieren hacer girar alrededor de ellos. Y nosotros, los sandinistas, ya nos deberíamos como olvidar de continuar de estar discutiendo que si Daniel Ortega, que si esto o lo otro de los dirigentes. Lo que tenemos que hacer es construir nosotros, y no estoy hablando de hacer partidos políticos o fuerzas que vayan a disputar ese poder que después para nada sirve –como estar ahí en el Parlamento para sólo bendecir lo que te viene de los organismos financieros internacionales– sino más bien de construir desde abajo una dinámica de articulación, de resistencia popular frente a los planteamientos neoliberales; no sólo denunciar, sino actuar y de resistir. Creo que eso es lo que a nosotros nos toca hacer ahora.

     En eso tenemos muchas cosas que aprender. Así como Latinoamérica y el mundo, en los años 80 tenían a Nicaragua como el centro que les iluminaba y les indicaba muchas cosas, nosotros ahora tenemos que tener la humildad de ver que hay otros pueblos que están dando en el blanco y que están construyendo cosas que nos pueden ahora indicar a nosotros qué es lo que nos toca hacer. Y eso que nos toca hacer, empieza por cómo romper aquellos lazos de encantamiento, como de brujería, que nos mantienen atados a los partidos, pensando que si no es por el partido, o si no es andar pegando gritos en los procesos electorales, no hay otras cosa que hacer. Creo que hay muchas cosas que hacer entre nosotros.

     Por ejemplo, en cuanto a medios de comunicación, ahora que estuve en Brasil pude constatar la eficacia de los medios radiales. El medio radial es el medio de la transformación porque es mucho más accesible a los movimientos populares. Podés hacer radios locales comunitarias, por ejemplo, que incluso se pueden encadenar. Y ese tipo de medios ha demostrado su eficacia no sólo en Brasil, sino en Bolivia, en Perú, en Ecuador, en Guatemala. Ideas como ésta –formar radios comunitarias–, aunque parezcan utópicas, pueden ser construidas por colectivos y le darían mucha mayor fuerza y articulación para hacer cosas transformadoras y ser parte de esa corriente de transformación que se viene levantando a nivel mundial.

      Otro ejemplo: en Argentina existe la Universidad Madres Plaza de Mayo, que tiene una cátedra de Ernesto Che Guevara, y en esa cátedra, que es una cátedra popular, los materiales son mimeografiados, supersencillos, a como los hacíamos en los años 70. O sea, hay un rescate de que lo popular también no tiene que ser hecho en los mejores materiales, o en los formatos más caros, y de esa forma, difunden el pensamiento revolucionario entre la gente.

      En el caso de Bolivia, uno de los signos distintivos de esta jornada que echó por la borda al gobierno que pretendía privatizar el gas sin ningún tipo de consulta ciudadana, estuvo dado por la vasta participación ciudadana. Paradójicamente, el expresidente Gonzalo Sánchez de Losada, en su primer período de gobierno (1992-1997), fue quien hizo la ley de participación ciudadana, y él después desconoció completamente lo que había hecho 10 años atrás. Entonces, ¿qué distinguió este movimiento de los bolivianos? Te lo dicen ellos con toda claridad: habían tres o cuatro organizaciones de indígenas fortísimas que se articularon. O sea, siempre han trabajado con distintos énfasis, con distintas opciones políticas, pero decidieron juntarse y hacer este inmenso movimiento de oposición a la privatización del gas, este recurso importante para Bolivia, y lograron evitarlo, por lo menos lo han logrado hasta hoy.

      A mí me ha encantado ver los últimos meses, la retoma de parte del movimiento feminista de una acción más política, porque se había reducido mucho al proyecto, a las acciones muy vinculadas al tema específicamente proyectista, le decíamos nosotros, y es una parte de la reflexión del mismo movimiento feminista. Y ahora lo veo ese movimiento más tirado a las calles y a la demanda política. Entonces, tenés a mujeres, tenés los movimientos de ecologistas, tenés los esfuerzos que se hacen alrededor de los jóvenes, alrededor de la niñez, el enfrentamiento de la violencia intrafamiliar, el tema de cómo se va a actuar socialmente para incidir en la violencia juvenil. O muchos de nosotros metidos en la democracia local, en la participación ciudadana. Entonces, vos ves ahora un montón de gente actuando, buscando, cómo dar respuesta.

      ¿Cómo articular eso? Creo que es el compromiso de construir. Hay que dibujar la Nicaragua que queremos, hay que dibujarla entre todos y hay que comprometernos desde distintos ángulos en esa construcción y eso no significa uniformar a todos en el mismo tipo de conducta, en la misma actuación y ni siquiera en los mismos énfasis. Por ejemplo, hay gente que no quiere saber nada de partidos políticos ni de procesos electorales, pero otros sí están interesados en hacer esfuerzos a partir de los partidos políticos. Creo que la única manera de construir alternativas es con una recuperación del respeto por los énfasis que estos distintos instrumentos de acción ciudadana hacen y buscar cómo ir tejiendo eso.

     Hace poco leí un artículo de una investigadora que demuestra que el nivel de dominio del pensamiento neoliberal y del pensamiento que domina ahora el mundo, ha sido construido desde hace 50 años. Que hace 50 años en algunos círculos de poder mundial, tomaron la determinación de construir un pensamiento de este tipo, como el que está dominando en el mundo. Una lógica que hace que mucha gente crea que no hay posibilidades de hacer las cosas de otra manera. Es una gran cantidad de ciudadanos totalmente dominados por esta lógica, domesticados, metidos en una dinámica individualista o que creen que a través de la búsqueda personal o individual de soluciones van a resolver los problemas. Y que no han terminado de comprender que solamente con el esfuerzo de articulación de los intereses, a través de mecanismos organizativos y de formas de articulación nuevas, tal vez no como las que conocimos hace 10,15 ó 20 años, sino nuevas que están naciendo en el mundo.

      Esta escritora decía que contrario a la construcción de este pensamiento que se hace a través de la educación formal y también a través de los medios de comunicación, de las telenovelas, del florecimiento de un tipo de religiosidad, todo ese pensamiento no puede ser desconstruido por generación espontánea, sino con acción generadora de conciencia, que es la que se supone deberían hacer las organizaciones revolucionarias.

      Sí, creo que en el mundo hay esperanza, y que en Nicaragua hay esperanza. Lo creo profundamente. En nuestro caso, creo que esta esperanza tiene muchísimo más fundamento porque aquí hay una base popular, amplia, que tuvo oportunidades de tener acceso al pensamiento progresista, al pensamiento transformador. Vivió lo que es una lucha transformadora y eso es un potencial que está ahí, ahora quizás aplastado por una cierta lógica y yo diría que aplastado por ciertos liderazgos o por cierta subordinación, pero que yo creo que es posible iniciar un nuevo camino con un trabajo sostenido sobre la conciencia, con la creación de conciencia crítica, que tiene que ver con estudio, formación, con la generación de nuevos mecanismos de debate, de discusión en la base, y a la vez, está vinculado con la práctica, con actividades de movilización, por ejemplo, que son resultado de esfuerzos autónomos. En marchas como la que hicimos a principios de diciembre en contra del TLC de Centro América con Estados Unidos, no había estructuras partidarias ni nada, sino sindicatos, muchos de ellos muy cercanos al Frente Sandinista, pero que en este caso actúan con cierta autonomía. También está surgiendo un movimiento social, aún pequeñito, trabajando como hormiguitas, tejiendo, reivindicando las banderas históricas y la histórica defensa de los intereses populares.

      Entonces, creo que ese tipo de cosas es la que hay que hacer. Ir trabajando con agenda, aunque algunos creemos que también debe haber una profunda reflexión y recuperación de la ideología, del estudio de la filosofía, del estudio de la historia, del estudio de las experiencias de otros movimientos populares y de experiencias populares en América Latina. Es decir, hay que recuperar también el estudio, un poco la disciplina, el espíritu militante, pero no militante de partido o que van a trabajar por un caudillo, sino el espíritu de ser militante de la causa de la transformación de Nicaragua y el mundo.